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Las pinturas tejidas del MUBA

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Esta alfombra, diseño de la japonesa Keiko Mataki, ha requerido de cinco personas para colocarla. / ARNELAS

  • La Real Fábrica de Tapices llega a Extremadura por primera vez para mostrar en el Museo de Bellas Artes un oficio del siglo XVIII para tapices y alfombras de hoy

Seguramente si piensa en un tapiz se le vendrán a la cabeza los enormes tejidos que decoran los palacios reales europeos con dioses griegos, batallas legendarias y vegetación. O puede que el tapiz le evoque a su gran nombre propio en España, Goya, el pintor de los cartones para tapices más importante que ha dado nuestro arte.

Es posible también que la primera imagen que asalte su memoria sea el tapiz del salón de audiencias del Palacio de la Zarzuela, sin duda el más fotogénico del último año, porque ha servido de telón de fondo de las rondas de contactos del Rey con los partidos políticos y de la jura de los cargos de los nuevos ministros. Y, muy probablemente, si es de Badajoz conocerá la colección de tapices de 'verdura' de la catedral.

El caso es que el tapiz suele asociarse a los siglos de la vieja Europa real y aristocrática, al barroco, como si hubiese quedado suspendido en el tiempo, ajeno al carro de la modernidad al que se han subido el resto de artes. Pero no es así.

«El asentamiento de los modelos tradicionales ha sido muy fuerte. Avanzar en nuevos modelos le está costando mucho a la tapicería española, pero se han hecho intentos modernos y esta es la prueba», comenta la directora del MUBA, María Teresa Rodríguez.

El tapiz, aunque más lentamente, ha logrado incorporar diseños contemporáneos a unos hilos que se tejen como hace tres siglos. Esta faceta viva de los tapices y de las alfombras y su vinculación con la creación contemporánea es lo que se muestra en 'Hilos de modernidad'.

Este es el título de la exposición temporal que enseña por primera vez en Extremadura el trabajo de la Real Fábrica de Tapices, una institución creada en 1721 por Felipe V, centrándose en su producción artística en el último siglo. Y, lo hace de la mano de la Diputación de Badajoz, que la expone en la sala de exposiciones temporales del Museo de Bellas Artes (MUBA) hasta el próximo 15 de enero.

La muestra es casi experiencial. Entra por el olfato, ya que las salas desprenden el olor de los hilos de las lanas y las sedas que dan cuerpo a los tapices y que se anudan en las alfombras. Se disfruta también con el tacto, que permite comprobar cómo es el oficio del licero en el telar de madera que actualmente sigue utilizando la Real Fábrica de Santa Bárbara para hacer los tapices en alto lizo -cuando los hilos están colocados en vertical- y que atestigua, si se palpa el revés de las alfombras, que están hechas nudo a nudo. Y, por supuesto, entra por los ojos gracias a unos diseños que sorprenden porque reinventan los tapices y las alfombras para que hablen del mundo actual.

Por todo ello, valora la directora del MUBA, «la consideración del tapiz como arte menor es injusta». De hecho, aunque haya estado siempre a la sombra de la pintura y ésta sea el modelo que permite pasar de los pinceles al hilo, el licero no solo es diestro con el telar, es también el que tiene que interpretar artísticamente los cartones o bocetos a la hora de combinar colores.

Se reivindica así un oficio al que la exposición del MUBA dedica además dos series de fotografías. Las de la planta baja, de principios del siglo XX, y las actuales y en color, donde cambian las personas y los diseños pero la tradición tapicera del siglo XVIII se mantiene intacta. Artesanía pura.

No en vano, para tejer un trozo de tapiz del tamaño aproximado de un smartphone el licero emplea entre seis y ocho meses. El trabajo de las alfombras no es más sencillo, cada una está hecha nudo a nudo, adaptándose al dibujo del boceto previo.

Esto hace que los tapices y las alfombras sigan siendo objetos de lujo: 15.000 euros el metro cuadrado. De hecho, el telar que recibe a los visitantes en la exposición del MUBA, propiedad de la Real Fábrica y con el que siguen trabajando hoy día, da una idea del esmero y el tiempo que requieren los tapices. Por eso, su principal cliente es Patrimonio Nacional, encargándose de la restauración y limpieza del patrimonio tapicero y de alfombras. Ahora, además, tienen varios encargos de países árabes.

Nombres y piezas

La exposición del MUBA comienza con dos tapices hechos por la Real Fábrica sobre los bocetos del pintor muralista José María Sert rescatados de un palacio catalán. Forman parte de la serie 'El último abencerraje' y son propiedad del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Le siguen dos tapices de exquisita belleza, cuya pintura original es de Guillermo Pérez Villalta, del que -dice la directora del MUBA- «es el artista del siglo XX que más modelos de tapices ha dado a la Real Fábrica, después de la familia Bayeu y de Goya en siglos anteriores». El tapiz 'Emblemas del amor', cuya imagen es la que promociona la exposición, está plagado de símbolos que se relacionan con este sentimiento: el galgo y la golondrina son símbolos de fidelidad, el conejo de las pasiones, la garza del amor filial, la tortuga para los griegos era símbolo de fertilidad y para los cristianos de la lujuria, la serpiente es el símbolo del pecado capital y la azucena es la flor de la Virgen María. Cuatro años tardó la Real Fábrica de Tapices en realizarlo. Del mismo autor es el tapiz 'Combate y destino', que representa la lucha entre el bien y el mal.

El MUBA también expone los bocetos y los tapices ganadores del concurso de modelos para tapices convocado en 1980 por el Ministerio de Cultura y que ya no volvió a celebrarse porque en su segunda edición quedó desierto. Son 'Encuentro' de Joaquín Vaquero Turcios y 'Pájaro de la noche' de Agustín de Celis. Comparten sala con el original tapiz 'Pavo real de fuego' hecho sobre una xilografía de Joseph Domjan.

La muestra de alfombras trae nombres propios como los de Alberto Corazón, Faustino Álvarez, Alfonso Albacete y Keiko Mataki. De la japonesa es la pieza más impresionante de la colección, la alfombra 'Agualuna', que requirió de cinco personas para colocarla en la sala.