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«Los partidos políticos están dando un recital de incompetencia»

Carlos Santos trabaja en RNE desde hace 18 años y es tertuliano político en La Sexta. :: HOY
Carlos Santos trabaja en RNE desde hace 18 años y es tertuliano político en La Sexta. :: HOY
  • El periodista y escritor Carlos Santos Gurriarán, autor de '333 historias de la Transición', que ya va por su cuarta edición, hablará en Aula HOY sobre la situación política de antes y la actual

Rescató las notas que tomaba como periodista desde finales de los setenta y las puso en orden para publicar, a finales del año pasado, '333 historias de la Transición' (Esfera de los libros). El subdirector del programa de RNE 'No es un día cualquiera' y analista político en La Sexta, entre otras facetas, nació en Zamora en 1954 pero le une a Extremadura que su mujer es de Miajadas. Su libro, de 460 páginas y ya por la cuarta edición, lo considera «una enciclopedia camuflada». En Aula HOY hablará de actualidad política usando como referencia el albor de la democracia española que tan bien conoce.

¿Por qué pensó que despertaría curiosidad un libro más sobre la Transición a estas alturas?

Cuando lo escribí no sabía que iba a interesar tanto , pero últimamente ha habido gente tan diferente como Pablo Iglesias, Luis María Ansón, el juez Elpidio Silva o Dolores de Cospedal que hablan de lo que estamos viviendo como una segunda transición, creo que con frivolidad. El libro es para recordar qué ocurrió sin querer convencer a nadie de nada. Pero el proceso histórico de España en el tránsito de la dictadura a la democracia no admite comparación con lo que son cambios naturales dentro de una democracia consolidada: un cambio de gobierno, la desaparición de grandes partidos o la aparición de otros. Por contra, pasar de la dictadura a la democracia fue algo único, un episodio colectivo con muchos actores remando ya desde antes de morir Franco.

Podemos habla de superar el Régimen del 78, ¿qué opina?

Lo que se consigue en 1978 es exactamente la democracia, una de las quince o veinte más avanzadas del mundo. Expresiones como las de Podemos, y también de otra gente, obedecen a la falta de memoria porque los hechos probados solo admiten una interpretación y es que tuvimos mucha suerte porque hubo unos líderes a la medida de las exigencias de la población. La Transición se hizo desde las calles, las iglesias, los talleres, las cárceles, las minas, las universidades..., y luego todo esto pasó por las urnas.

Usted no ha usado fuentes políticas para su libro sino de ciudadanos, ¿qué novedades trae esta forma de ahondar en aquella época?

Quería era rescatar la dimensión colectiva de aquel proceso. Yo conocí a protagonistas como Fraga, Carrillo, Suárez o Tarradellas. Ese material lo he aprovechado, pero quería recordar que lo ocurrido no solo pasó en los despachos. La Transición no se entiende sin saber qué catedráticos encabezaban manifestaciones, que una parte de la Iglesia quiso una sociedad más justa, la labor del Partido Comunista o las familias que ganaron la Guerra Civil y que pensaban que no podía haber franquismo tras Franco. Todos remaron en la misma dirección, no fueron solo cuatro políticos.

¿Echa de menos aquella altura de miras de los políticos?

Con la crisis hemos visto que esas familias que lo pasan mal miran hacia arriba y no encuentran respuesta por parte de sus líderes. Aquí hay una crisis de liderazgo evidente y de hecho todos los partidos han cambiado de líderes con la excepción del PP, aunque sí ha habido relevos en Galicia, Madrid o Extremadura.

¿Da por cicatrizada las heridas de la Guerra Civil?

Sí porque quienes la vivieron son ya muy mayores o no viven. Las hubo en los setenta y ahora lo que queda es el derecho que reclaman los nietos de los vencidos para reivindicar la memoria de sus abuelos, que es lógico que quieran saber dónde están. Esto se ha hecho de manera natural en los últimos veinte años.

Pero verá que nombres de calles y de pueblos que recuerdan al franquismo quieren erradicarse y aún no hay consenso en esto.

Es que el proceso de la Transición tampoco fue perfecto. En el libro uno de los apartados es sobre estos cabos sueltos. El afán de llegar a un acuerdo y construir cuanto antes una democracia hizo que nadie pidiera cuentas a nadie. Nadie reclamó que se juzgaran crímenes de la dictadura y si los había eran marginales porque la demanda social era de libertad y concordia. La gente estaba encantada con que la izquierda, los perdedores de la guerra, llegara a los ayuntamientos en el 79 y al gobierno en el 82. Los sueños revolucionarios se convirtieron en sueños democráticos y los franquistas más radicales se sintieron cómodos con la democracia.

¿Los jóvenes que van hoy al instituto conocen la Transición?

Uno de los errores de la enseñanza es poner el acento en cuatro o cinco personajes políticos reconocidos y no en la dimensión colectiva del proceso. El otro día, cuando reventaron el acto de Felipe González en la universidad, hubo un joven que habló poco, pero en lo que dijo había cuatro o cinco errores de hechos. Estaba muy mal informado.

¿Cómo ve la situación política actual?

Esto ya va a ser para siempre. Me refiero a que hubo una etapa de más de treinta años de estabilidad y ahora nos puede esperar una etapa de inestabilidad como la que han vivido los italianos desde que existe allí la democracia, o de difíciles equilibrios como en Bélgica, o incertidumbre como la de los británicos, o la de los americanos con un candidato como Trump. Si la sociedad civil se hace notar no hay que tener miedo a nada. Un ejemplo, en 1982 ganó González y una parte de la noticia era que ganó la izquierda. Pero la otra parte es que los votantes destruyeron a la UCD y el PC, los dos partidos que fueron más relevantes en el pacto por la constitución de la democracia. Borraron del mapa a Suárez y Carrillo y no pasó nada, y eso que eran momentos más complicados, con ETA matando y un 24% de paro. Si ahora en vez de dos partidos hay cuatro pues muy bien, ya se pondrán de acuerdo, aunque hasta ahora lo que han dado sea un recital de incompetencia. Supongo que ya irán aprendiendo. Estamos asistiendo a un cambio importante, pero dentro del juego democrático, nada comparable a la Transición.