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Badajoz, 1230, Alfonso IX, Rey de León

HA sido la ciudad de Badajoz y sus responsables municipales respetuosos con buena parte de su pasado histórico, destacando y homenajeando tanto a las personalidades que en ella nacieron o por ella pasaron y jugaron papel importante en su historia cuanto a aquellos hechos colectivos de notable significación. Se buscaba un refuerzo para esa necesidad de ser conservados en la memoria colectiva.

Badajoz erigió monumentos que ornan plazas, calles y encrucijadas. Se levantaron en recuerdo y en homenaje a pintores extremeños, como los dedicados a Luis de Morales, entre la Catedral y el Palacio Municipal; a Zurbarán, ubicado en la Plaza de San Andrés; a Adelardo Covarsí, cuyo busto descansa en la placidez del Parque de Castelar y al que también la ciudad que le vio nacer ofreció, en las inmediaciones del Puente de la Universidad, un conjunto escultórico, el Monumento a Los Monteros, trabajo de Juan de Ávalos basado en conocido cuadro del pintor.

Similar atención recibieron poetas extremeños. Diversos monumentos lo muestran, como por ejemplo, el ubicado en la rotonda del Puente de la Autonomía, tres cabezas, asentadas sobre tres pétreos libros, imágenes de los poetas Jesús Delgado Valhondo, Luis Álvarez Lencero y Manolo Pacheco. O el de Luis Chamizo, también en Castelar o el que fuera monumento a una de sus obras, 'La Nacencia', en el Parque de la Legión y ahora perdido. O el monumento a Carolina Coronado, quien desde su sensibilidad contempla las aguas y los patos del estanque de Castelar. Y sin olvidar el busto del Manuel Monterrey quien desde el Parque de la Legión parece repensar su obra.

También la gente de armas o pasados conflictos bélicos -obelisco conmemorativo de la Guerra de la Independencia, en homenaje a los caídos en los Sitios y el dedicado a las víctimas de la guerra civil- dispone de monumentos. Por otro lado, se homenajea a los extremeños que pasaron a América a Hernando de Soto, la única escultura ecuestre de la ciudad; a Francisco Pizarro y Pedro de Alvarado, quienes de forma individual, defienden la margen izquierda del río entre el Puente de la Universidad y el Real. Y el Monumento a la Memoria del General Menacho, muerto en 1811 en la defensa de la ciudad y enterrado en el claustro catedralicio. Y también otros civiles son recordados, sea el Padre López, Manolo Rojas o Porrina de Badajoz.

Otros monumentos destacan sobre el plano urbano: el decimonónico erigido a Moreno Nieto, o los más recientes a las víctimas de la riada de 1997 u otra obra de Juan de Ávalos, su Alegoría del Río y la Ciudad; el de Bienvenida a los portugueses o el que frente a la Iglesia de Santo Domingo honra a San Vicente de Paúl. O el Homenaje a los Extremeños Universales. Y también, haciendo similar justicia a su obra y a su significación para la ciudad, se erigieron los monumentos a dos más que ilustres personalidades. Los monumentos a Ibn Marwam y a Manuel Godoy, el Príncipe de la Paz.

Ibn Marwuan, el fundador de Badajoz, se encuentra recordado en la Alcazaba. Porque fue la persona que allá por el 875 transformó los transitorios, discontinuos y débiles asentamiento poblaciones en una ciudad a la que él y sus sucesores supieron transformar en enclave de un extenso reino con momentos de intensa proyección exterior y propiciaron tiempos de majestuoso esplendor y momentos de grandeza.

También Manuel Godoy, el ilustre hijo de la ciudad, primer ministro de Carlos IV, pudo recibir en 2008 el homenaje de sus vecinos, más de cien años después de que en 1807 se acordara honrarle con una estatua de mármol y bronce. Espléndidas realidades y muestras de la ciudad, sus gentes y sus responsables por el pasado que hemos de mantener vivo en nuestra memoria individual y colectiva. Y que adornan y embellecen nuestros espacios urbanos.

Pero creo que hemos olvidado a la persona que fue el directo gestor de otro hecho decisivo y trascendental para la historia de la ciudad y de sus espacios inmediatos. Se ha homenajeado al Fundador y al que posiblemente sea uno de los hijos más destacados de la ciudad, a Manuel Godoy.

Pero hemos olvidado la intervención de Alfonso IX, Rey de León, quien en 1230 ocupó la ciudad de Badajoz y la incorporó de forma definitiva a la órbita de los Reinos cristianos peninsulares y todo lo que ello representó. Y recordemos cómo a partir de 1219, después de firmar un tratado de paz con Portugal, Alfonso IX atacó tierras musulmanas hasta Sevilla capturando un buen botín. Y el territorio extremeño fue su inmediato objetivo.

En 1221 se ocupa Valencia de Alcántara, lo que impulsa el avance leonés. Se vuelve a intentar ocupar Cáceres, asediada en varios años, 1223, 1225 y 1226 -año en el que se intenta ocupar Badajoz-. Y en 1229 cae Cáceres, pieza esencial. La siguiente derrota de un ejército musulmán destinado a defender Mérida originó la incorporación al Reino leonés de ciudades extremeñas.

En 1230 se ocupa Mérida, Baldala (Talavera la Real), Badajoz, Y Montánchez pasa a poder por la Orden de Santiago y la abandonada Elvas es incorporada a Portugal. 1230 fue un momento crucial de la historia de Badajoz. Y pocos recuerdos han quedado del hombre que la propició, del Monarca leonés, muerto ese mismo año. Una figura bastante olvidada para la memoria de la ciudad. Los intentos que en algunos momentos se hicieron, no se plasmaron. Como por ejemplo, la petición que en la primavera de 2015 se efectuaba desde la Asociación Cívica Ciudad de Badajoz de reconocimiento para el Monarca leonés; la propuesta de los Cronistas de la Ciudad para la realización de unas Jornadas de Estudio sobre Alfonso IX y su propuesta de monumento o la recuperación del proyecto, ya estudiado por el Ayuntamiento y del que desde las páginas de este Diario HOY se daba información en octubre de 2011, de erigir una estatua ecuestre a Alfonso IX, que iría situada en vial destacado.

Sirvan estas líneas de apoyo a la idea de honrar a una destacada figura que tanto modificó el futuro del Badajoz musulmán.