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«Le dije a Jesús que fuera prudente, pero se tiró al agua y yo fui tras él»

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El policía local Jesús González y el policía nacional José Ángel Castaño, en el Puente de Palmas. :: j. v. a.

  • José Ángel Castaño y Jesús González se arrojaron al Guadiana el lunes para rescatar a un hombre que cayó desde el Puente de Palmas

José Ángel Castaño tiene 36 años y el martes por la tarde estaba patrullando en el polígono El Nevero cuando la centralita del 091 le comunicó que un hombre se había precipitado desde el Puente de Palmas. «Al escuchar la palabra precipitado pensamos que nos encontraríamos a una persona fallecida».

A esa misma hora, Jesús González Galán, de 31 años, también estaba de servicio. «Llegamos al mismo tiempo el coche de José Ángel y el nuestro. Avanzamos cuanto pudimos pero hubo un momento en el que no teníamos otra opción que lanzarnos al agua».

En esos instantes iniciales tan sólo veían que a unos 150 metros de distancia había un hombre en apuros. «Lo había arrastrado la corriente hasta una zona con mucho camalote, pero realmente no sabíamos cómo se encontraba».

José Ángel y Jesús se conocían desde hacía años. Ambos habían entrenado juntos en el polideportivo de La Granadilla cuando preparaban las oposiciones para ser policía y aunque terminaron en cuerpos distintos -José Ángel en la Policía Nacional y Jesús en la Local- la actividad diaria les había hecho coincidir en decenas de actuaciones. «Al ver que teníamos que cruzar el río a nado, yo le dije a Jesús: sé prudente, que nos ahogamos. Porque hay veces que vas a salvar una vida y lo que ocurre es que se pierden tres».

Pero Jesús no se lo pensó dos veces y después de despojarse del arma decidió lanzarse al agua. «Cuando vi que se tiró pensé que no podía dejarlo solo y comencé a nadar tras él».

Si el rescate se hubiese hecho en una masa de agua uniforme, no habría conllevado demasiado peligro. Pero los 150 metros que tuvieron que atravesar a nado son irregulares y están llenos de camalote, de fosas, de piedras y de obstáculos de todo tipo. «La dificultad que teníamos era el peso de las botas. Se pasa muy mal hasta que llegas, porque se te empiezan a enredar las plantas por todo el cuerpo», confiesa José Ángel.

Jesús recuerda que mientras avanzaban vio que su compañero se alejaba. «Yo me pegué más a los pilares, porque sé algo de contracorrientes, pero cuando vi que a mi compañero le iba arrastrando el agua le dije que se acercara al pilar».

«Yo le pedí ayuda a Jesús porque veía que me ahogaba y él me echó una mano hasta llegar al pilar. Ahí descansamos un momento y luego decidimos hacer una cadena con los cinturones de velcro interiores para tratar de llegar al hombre que había caído. Pero los cinturones se soltaron y Jesús decidió lanzarse al agua. Luego yo me solté del pilar para tirar de los dos».

Los instantes finales del rescate quedan recogidos en un vídeo que ha sido publicado en HOY.es. «En esa zona había lugares en los que se hacía pie y otros en los que te hundías en el camalote. Uno no sabe realmente lo que le puede ocurrir», relata Jesús.

Una vez completado el rescate, los agentes decidieron permanecer en el pilar hasta que llegó la embarcación de los bomberos. Entretanto, se vieron obligados a inmovilizar al hombre al que habían rescatado para evitar que pudiera sufrir algún tipo de lesión, pues se encontraba muy nervioso. «Tuvimos que atarlo con los cinturones de velcro y yo aproveché para hacerle la maniobra de heimlich para que expulsara toda el agua que había tragado», añade Jesús.

La actuación de estos dos agentes fue presenciada por decenas de personas. «Cuando uno está en el agua sabe que está solo. Pero en esta ocasión sólo pensamos que había una persona en peligro que teníamos que salvar. Para eso estamos los policías, para ayudar a los ciudadanos en todo lo que necesiten».

Ahora, los dos protagonistas del rescate se recuperan de las secuelas. Jesús tiene varias contusiones y una luxación en el brazo, mientras que a José Ángel le han recetado un tratamiento antibiótico de diez días para curarle una infección en los pulmones. «Lanzarse al río es un riesgo, en el Guadiana ha muerto mucha gente y en ocasiones las víctimas han sido personas que conocían el río. Cuando uno se lanza no sabe qué le puede suceder», remacha José.

De su cabeza no se aparta la imagen de tres policías que perdieron la vida en una playa de La Coruña cuando trataban de rescatar a dos jóvenes arrastrados por las olas. «Nosotros sabemos que esas cosas suceden y cuando te metes en el agua no puedes quitártelo de la cabeza».