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María José Moreno, taxista en Badajoz. :: Casimiro
María José Moreno, taxista en Badajoz. :: Casimiro

Taxistas de Badajoz

  • Donde me monto en el coche de José y me cruzo con el gitano Antonio

La otra tarde fui en el taxi de José... De José Sánchez, taxista de Badajoz, que nació en Higuera de la Serena, pero cuando tenía un año se vino a la capital y ahí sigue. José es un taxista prudente y discreto: solo habla si le das conversación. En Extremadura, en general, no te encuentras taxistas politizados, de esos que aparecen mucho en las conversaciones de los tertulianos y en los artículos de los escritores de Madrid, taxistas que ponen a parir a Cataluña, a Podemos y a Belén Esteban por este orden.

Es muy común leer a los columnistas de la prensa madrileña iniciar sus artículos políticos con el recurso de la conversación con un taxista. Si quisiera hacer eso en Extremadura, sería complicado porque aquí raramente hablan de política. Si lo hacen es porque sacas tú el tema y suelen exponer sus razonamientos sin ser tajantes ni radicales.

A quien también le gusta recurrir a los taxistas, a los clientes de los bares y a los ciudadanos de a pie en general es a Fernández Vara, que hasta en el Comité Federal del sábado refirió su conversación de desayuno en un bar con un desconocido que lo animó a pelear por sacar adelante el PSOE. Pero si quiero utilizar un taxista extremeño como pretexto para escribir, he de iniciar yo la conversación porque ellos suelen callar, conducir y estar a la expectativa.

Me gustó José el taxista, me pareció un hombre cabal por un par de respuestas que me dio y acabamos hablando de cómo empezó a trabajar con un negocio de cosechadoras y cultivando tierras hasta que, hace más de 20 años, decidió centrarse en el taxi. Y como su hijo también parecía tirar hacia el mundo del coche público, amplió la empresa y ahora lleva un taxi cada uno.

José Sánchez me recogió en la estación de ferrocarril de Badajoz tras dos intentos fallidos de montarme en otros dos taxis anteriores, ya ocupados y conducidos ambos por mujeres. «Muchas señoras taxistas en Badajoz, por lo que veo», le dije a José y él lo corroboró: «Unas diez mujeres taxista habrá y, desde luego, la que entra no lo deja ya».

A los taxistas de Badajoz les tengo cariño desde que me salvaron de la bancarrota siendo yo muy joven. La anécdota sucedió justo la última vez que he hecho autostop en mi vida. Venía desde Salamanca, donde estudiaba, a ver a mi novia, hoy mi mujer, que hacía su carrera en Badajoz. Teníamos tan poco dinero que los finales de mes los resistíamos pidiéndole dinero al portero de nuestro edificio, situado en la esquina de María Auxiliadora con la carretera de Olivenza. El hombre nos hacía préstamos a fondo perdido y nosotros íbamos a la tienda de enfrente a comprar dos huevos, un bote de tomate y un paquete de macarrones. ¡Cuánta felicidad!

Yo no tenía dinero para aquel viaje y vine en autostop hasta Cáceres, donde tuve que coger el último tren a Badajoz. Al llegar, pillé un taxi porque iba muy cargado, pero coincidió con la salida de un partido de fútbol nocturno y enseguida me di cuenta de que todo lo ahorrado haciendo dedo se lo iba a llevar el taxímetro. No sé qué cara pondría, pero debió de ser patética porque el taxista se apiadó de mí, detuvo el vehículo y el taxímetro y me tranquilizó: «No te preocupes. Vamos a esperar a que acabe el atasco del fútbol y luego seguimos».

En aquel tiempo, ya debía de estar Joaquina al volante de su taxi. Joaquina es la decana de las taxistas de Badajoz. Tiene la licencia 33 y, calcula José, debe de llevar más de 30 años. «Yo creo que pronto se jubila», aventura al tiempo que me deja frente a la Catedral y me muestra más mujeres taxistas. «Mire, la licencia 6, mujer, y la 44, otra mujer».

Me bajo del taxi, me cruzo por San Juan con un señor muy simpático y muy propio que me saluda y me llama Antonio, le devuelvo el saludo y voy a aclararle que no me llamo así, pero alguien me detiene y me explica la situación: «Ese es el gitano Antonio, que llama Antonio a todo el mundo. Pero sin maldad. Es buena gente». Pues eso, buena gente.