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El colegio especial Los Ángeles se deteriora y sigue sin fecha de traslado

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Colegio de Educación Especial Los Ángeles, en la carretera de Cáceres, en el que estudian 70 alumnos. C. M.

  • La Junta contempla un millón de euros para el cambio antes del 2020, pero sin concretar la nueva ubicación

Si no fuera por las banderas oficiales, nadie diría que en el viejo edificio desconchado, horadado por las termitas y rodeado de matorrales estudian 70 alumnos discapacitados. Para diez chicos de pueblos cercanos Los Ángeles es también su casa de lunes a viernes. Más complicado imaginarlo aún.

Al despropósito contra la educación inclusiva de tener a ocho kilómetros de la ciudad, en mitad de un campo, un centro de educación especial se une el deterioro de un recinto construido en los años 70, por mucho que en su día un representante de la consejería de Educación dijera «que los niños estaban allí muy bien al solito».

Ya se sabe que este centro públcoi se trasladará a la ciudad. La Junta de Extremadura reserva un millón y medio de euros dentro de su plan de infraestructuras educativas para esta legislatura, pero no hay ningún dato más concreto que haga pensar un cambio antes de 2020, fecha tope según el documento de Educación.

Para Sonia Valenzuela, la directora, la inclusión en este programa de obras supone una buena noticia, aunque a medias. Por un lado, explica, al menos la administración asume que hay una necesidad con Los Ángeles, pero sin concretar el dónde y el cuándo del traslado. «Si se decide cambiar, también habrá que decir dónde nos vamos y si este curso o el que viene va ser el último aquí. De momento no nos han dicho nada». Temen que ocurra con Los Ángeles como con el PROA de Cáceres, anunciado varias veces y otras tanta pospuesto en su día.

Por lo que cuenta la directora, la ubicación y el estado actual del recinto en el que estudian 70 alumnos de entre 4 y 21 años va en contra de todos los principios pedagógicos.

Los profesores y educadores trabajan, sobre todo, la independencia de los chicos. Enseñarles a cruzar un paso de peatones, sacar dinero de un cajero o moverse por la ciudad son objetivos en los que se incide continuamente. Difícilmente se puede trabajar estos conceptos en una finca alejada en la carretera de Cáceres, a ocho kilómetros de Badajoz, sin contacto con la sociedad. «Los niños tienen que aprender a desenvolverse en la sociedad en la que viven y tenerlos aquí fomenta lo contrario». La directora pone un ejemplo muy claro. Para enseñarles cómo funciona un semáforo, lo normal es llevarlos a la calle y pasar veinte veces por el mismo sitio, pero al estar tan lejos, se tienen que conformar con ponerles fichas y diapositivas.

La otra opción es montarlos en un autobús y organizar excursiones por Badajoz, pero el único vehículo disponible es un furgón de más de treinta años y no es el más apropiado para tenerlo todo el día en carretera. La ubicación no es solo un contrasentido pedagógico o un quebradero de cabeza para organizar las actividades extraescolares de los chicos, también un riesgo para un alumnado con patologías severas que ante cualquier complicación necesita atención médica urgente.

Manuel Campos es el presidente de la Ampa y uno de los que más ha luchado en los últimos años por un cambio. En su día se concentraron en San Francisco y achaca el abandono a los recortes de los últimos años. Cuenta que el problema se ha agravado en los últimos años porque el deterioro del recinto resulta ya insostenible. El colegio no tiene toma de tierra, por lo que cualquier aparato enchufado a la red genera pequeñas descargas a los usuarios, las puertas y ventanas de madera están roídas por las termitas, las humedades se cuelan por las paredes maestras de los dos edificios principales y la falta de mantenimiento de la parcela de 48.000 metros cuadrados contigua convierte el entorno en un nido de insectos y ratas. Nadie se hace cargo del entorno, como ocurre con el edificio abandonado en este mismo solar. «Para nosotros es importante que se hayan comprometido al traslado, pero cualquiera que vea cómo estamos entiende que este cambio se debería haber aprobado hace muchos años. No está en condiciones de aguantar mucho más». En el centro trabajan 75 personas.