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El artista de la religiosidad moderna

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Gamero Gil en pleno proceso de creación del mural del baptisterio de la parroquia Virgen de Guadalupe de Badajoz. :: j.v. arnelas

  • Gamero Gil trabaja en la pintura mural de la capilla del bautismo de la parroquia Virgen de Guadalupe

  • La propuesta del pacense combina su visión contemporánea del arte sacro con la iconografía bíblica

Se dio a conocer en Badajoz con una escultura de la Sagrada Familia que le valió la mención de la primera convocatoria del premio de escultura 'Ciudad de Badajoz' en el año 2007. Sin saberlo, el artista de Oliva de la Frontera José Manuel Gamero Gil se abrió las puertas del arte sacro, con el que va dejando su huella en la ciudad y consagrándose como uno de los artistas preferidos de la religiosidad.

Suyos son el monumento de San Vicente de Paúl de la plaza de Santo Domingo y el busto del obispo Marín de Rodezno de la Plaza Alta en Badajoz. En Villafranca de los Barros esculpió el Resucitado que sacan en la procesión de los Abrazos y en Atalaya diseñó la veintena de vidrieras que adornan su iglesia. Estos son sólo algunos de los ejemplos de la producción de arte religioso del artista pacense que, sin pretenderlo, se ha convertido en un referente.

Ahora está inmerso en su último proyecto, que está a punto de rematar, una pintura mural para decorar la capilla del bautismo de la parroquia Virgen de Guadalupe en Badajoz, ubicada en el barrio de Valdepasillas, junto al IES Bioclimático. Se trata de un mural tríptico que representa el sacramento del bautismo desde una visión moderna, que combina su estética contemporánea del arte sacro con la iconografía bíblica. «Es una aportación contemporánea en un entorno más clásico como es el de una iglesia», explica el artista.

Este trabajo se lo encargaron directamente los sacerdotes Paco Maya y Pepe Moreno Losada, quienes siguiendo la línea del altar mayor de la parroquia, que es una réplica en papel de un mural de Kiko Agüello, le pidieron que decorase el baptisterio. Sin embargo, Gil Gamero quería dejar su impronta dando rienda suelta a su creatividad: «No quería copiar el estilo de Kiko Argüello que es más de iconos clásicos y le he dado un estilo más personal y natural».

Con un propósito evangelizador, construyó su idea basándose en la simbología católica del bautismo como «el acto mediante el cual el hombre queda libre de pecado convirtiendo al hombre viejo en hombre nuevo», explica Gil Gamero. Para ello tenía tres paneles de dos metros de altura y una idea clara: «Darle continuidad al estilo en el que venía trabajando de representaciones clásicas con un toque de modernidad, utilizando modelos reales y dándoles una actitud de naturalidad».

De Adán al Resucitado

El resultado de este proceso creativo es una obra realizada con pintura acrílica con tres escenas que dan sentido a la composición mural. En la pared izquierda, Gamero Gil representa al hombre viejo a través de una figura de Adán, de cánones griegos, tapándose la cara porque -explica- «se avergüenza de haber caído en el pecado», representado por la serpiente enroscada en una pierna y la manzana en una mano y rodeado por el árbol prohibido.

En la pared central aparece la figura de Juan Bautista bautizando a Jesús con el agua que derrama una paloma, símbolo cristiano del espíritu santo. Y en el mural de la derecha, Gamero Gil ha dibujado a un Resucitado en actitud de camino.

Las figuras toman todo el protagonismo sobre un fondo de colores planos pero luminosos. El artista desvela que cada figura tiene nombre y apellidos: el Adán es su amigo Julio, Juan Bautista es Willy López y las figuras de Jesús y del Resucitado tienen la cara de su primo, que también se llama Jesús, y que curiosamente ha sido elegido para protagonizar la Pasión Viviente de Oliva de la Frontera la próxima Semana Santa.

«Quería que no fuese un mural más. Por eso he tratado de hacer un espacio cálido y especial», concluye Gil Gamero, quien ahora empezará con su próximo encargo religioso, en esta ocasión un buda para el monasterio budista de la Sierra de Gata.