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El incendio de Caya arrasa 136 hectáreas de pastos y eucaliptos

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Las llamas, que se desencadenaron en Portugal, saltaron el río Caya y entraron en territorio español. :: Casimiro Moreno

  • La GNR portuguesa afirma que no ha encontrado indicios de que el fuego fuera intencionado

«El fuego entró por Portugal y cruzó el río Caya». El agente del medio natural señalaba desde una loma el punto en el que se originó el incendio tras bajarse de su todoterreno, en el que acababa de atravesar una finca abrasada. A sus pies se extendía una gran superficie calcinada por la que pasó un fuego que causó gran alarma en Badajoz durante la tarde y la noche del miércoles.

Las llamas se originaron en Portugal, a unos 400 metros de la frontera. El origen del fuego, apuntan fuentes de la Guardia Nacional Republicana (GNR) portuguesa, se situó en un área agrícola que se encuentra junto al aparcamiento de camiones de Caya. A esta instalación se llega por la carretera antigua, justo tras pasar el puente José Saramago, con el que se sortea el río, límite natural entre los dos países.

La GNR afirma que aún se están estudiando las causas que desencadenaron el incendio. Sin embargo, refieren que no hay ningún indicio que pueda llevar a los investigadores a pensar que el fuego pudo ser intencionado.

Desde el diario luso Linhas de Elvas señalan que fueron los propios 'guardinhas' lusos quienes realizaron la primera llamada de alerta, a las 18.11 horas españolas. A partir de entonces, se desencadenó la lucha contra las llamas.

Primero el combate fue en territorio portugués. Los bomberos evitaron que el fuego llegase hasta los edificios de Caya, donde hay áreas de servicio, establecimientos de hostelería y viviendas. Hasta el lugar se desplazaron 80 agentes, 24 vehículos y un helicóptero.

Los bomberos voluntarios de poblaciones cercanas, como Elvas, Arronches o Campomayor, se trasladaron hasta la frontera para luchar contra el fuego. También acudieron efectivos de otras localidades del Alentejo más distantes, como los de Sousel, a 55 kilómetros de Caya, o Alter do Chão, a 40 kilómetros de La Raya.

La lucha contra las llamas en el lado luso se alargó hasta las 20.30 horas españolas. Escasos minutos antes, las pavesas al rojo caían sobre los coches y los camiones que circulaban por la carretera antigua hacia Portugal, la que entonces era la única vía de entrada en el país vecino, ya que la A-5 fue cortada durante la noche en ambos sentidos. En total, al otro lado de la frontera el fuego calcinó 16 hectáreas. Pero el incendio cruzó el río y se introdujo en España.

Pasto, retama y eucaliptos

La peor parte la sufrió el territorio español. El fuego avanzó paralelo a la autopista y azuzado por el viento arrasó una zona de pastos, retamas y eucaliptos. Algunos de los árboles lograron librarse, pero en buena parte de ellos las llamas llegaron hasta las copas, lo que provocó grandes lenguas de fuego.

El incendio se fue desplazando hasta llegar a las proximidades del aparcamiento del centro comercial El Faro y del complejo Las Bóvedas. Para entonces, las llamas y la gran humareda ya habían alertado a toda la ciudad. El humo, asegura un agente del medio natural, podía verse desde Alburquerque.

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Los bomberos sofocan el incendio. / J.V.A

Según las estimaciones del Infoex, que en la mañana de ayer desactivó el nivel 1 de peligrosidad, la superficie calcinada en territorio español se acerca a las 120 hectáreas. Una parte pertenece a la finca La Gudiña, donde ayer el suelo era una mezcla de negrura y ceniza caliente. Algunas construcciones, como cobertizos, fueron cercadas por las llamas, pero no sufrieron daños estructurales.

En el espacio español, ayer por la mañana todavía trabajaban efectivos para evitar que el fuego se reavivase. Un retén de tierra y un camión se encontraban sobre el terreno mientras que un agente realizaba labores de vigilancia. Algunos tocones todavía echaban humo y el aire levantaba cenizas. En algunas zonas incendiadas podían verse restos de escombros y basuras que habían sobrevivido a las llamas.

En los límites del terreno quemado, además, estuvo trabajando un bulldozer. La máquina, parecida a una quitanieves, empujaba tierra hacia los lados para delimitar el perímetro de la zona incendiada, a la que solo la carretera separó del complejo Las Bóvedas.

Los 30 clientes del hotel de esta instalación tuvieron que ser evacuados a primera hora de la tarde por culpa del humo y la proximidad del fuego. Sin embargo, fuentes del complejo aseguraron que los clientes se tomaron la situación con tranquilidad. «Algunos se acercaron incluso para ver cómo estaba el incendio. Otros se fueron a cenar y volvieron más tarde», explicaron.

En la recepción, ayer sonaba el teléfono y un trabajador explicaba lo sucedido la noche anterior a su interlocutor con tono tranquilo. La totalidad de los clientes que hicieron noche el miércoles en Las Bóvedas, en su mayoría comerciales, se marcharon durante la mañana de ayer, casi sin tiempo de preocuparse por las consecuencias del incendio.

Tampoco estaban excesivamente preocupados ayer por la mañana los vecinos de la Urbanización Universitaria, cuyas viviendas fueron las más cercanas a las llamas, pero donde la situación estuvo controlada y vigilada por la policía en todo momento. «Lo viví con tranquilidad, aunque esto no es agradable para nadie. Yo estaba en la calle y cuando llegué ya estaba casi apagado, aunque sobre las 12.30 se levantó otro foco que sofocaron rápidamente», afirma Conchita Antelo, la propietaria de la vivienda más próxima al fuego.

En su casa, al igual que en muchas de la urbanización, ayer fue una jornada de limpieza, especialmente para retirar pavesas de piscinas, patios y jardines. «Nos avisaron de que cerráramos las ventanas por el humo y nos dijeron que nos tranquilizásemos. Teníamos que tener precaución porque las pavesas se podían meter en las casas. Hoy hemos tenido que barrerlas», afirmaba Pepi Vázquez.