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Una madre de Badajoz da a luz en su cocina

Sergio y Bianca, en la cocina donde nació Tiago.
Sergio y Bianca, en la cocina donde nació Tiago. / C.M
  • Una pareja de Jardines del Guadiana tuvo a su bebé en la cocina de casa tras esperar casi media hora a la ambulancia

Los padres de Tiago Álvarez le contarán decenas de veces cómo vino al mundo. Le dirán que nació en la cocina de casa, que su propia madre le sacó al exterior y que su padre ejerció como matrón.

«Las contracciones fueron muy seguidas. No nos dio tiempo a nada», recuerda Sergio Álvarez. Días después del nacimiento, que se produjo a la 01.30 de la madrugada del 1 de septiembre, el padre echa la vista atrás con ternura, pero también con el alivio de haber superado una situación complicada. «Gracias a Dios lo contamos como una anécdota porque todo ha ido bien», señala.

Su mujer, Bianca Menezes, salía de cuentas el pasado 3 de septiembre. Sergio afirma que a finales de agosto habían a acudido a urgencias porque su mujer ya tenía contracciones irregulares. «Cuando le estuvieron reconociendo le ofrecieron quedarse ingresada o irse a casa y esperar. Decidimos que mi mujer se fuera a casa por descanso», asegura. Las contracciones se mantuvieron hasta el día antes del parto, el 31 de agosto, cuando Bianca tenía una cita médica.

Tras ser monitorizada, pasó consulta con el tocólogo. Le hicieron una ecografía y vieron que el pequeño Tiago se encontraba perfectamente, pero Sergio se queja de que el médico no explorara a su mujer. «El tocólogo me dijo que cuando tuviera que venir el niño, lo sabríamos. Yo le pedí que la reconociera, y si lo hubiera hecho mi mujer se habría quedado allí, porque en ese momento tenía unos seis centímetros de dilatación. Pero el tocólogo no la reconoció y ella se marchó a casa», lamenta el padre, que seguidamente apunta que les dieron cita para el 12 de septiembre, nueve días después de la fecha en la que su mujer hubiera salido de cuentas.

Volvieron a su domicilio de Jardines del Guadiana a mediodía del miércoles 31. Menos de doce horas después, a Tiago le entraron ganas de ver el mundo. «Las contracciones empezaron a las 12.30 de la madrugada. El parto fue de media hora o 40 minutos. Sabíamos que cuando se pusiese iba a ser cuestión de minutos porque llevaba mucho dilatando», explica.

Mientras Sergio medía el ritmo de las contracciones con su teléfono móvil, su mujer intentaba relajarse. «Ella iba pasillo para arriba y para abajo –afirma el padre–, y al final rompió aguas en la cocina. En ese momento me agaché y ya le vi la cabeza al niño», explica Sergio, que inmediatamente llamó a la ambulancia para que los trasladasen al Materno Infantil y allí se produjera el alumbramiento.

Sin embargo, la ambulancia tardó demasiado en llegar, 28 minutos, según las cuentas del padre. «Después de llamar al 112 contacté con mi familia. Tardaron menos mis padres y mi hermana que la ambulancia», denuncia. Desde el Servicio Extremeño de Salud (SES) prefieren no hacer declaraciones ante las reclamaciones de la familia.

Mientras esperaban a las asistencias, Tiago nació en la cocina de su casa, en la que solo estaban los padres y otra de sus hijas, de ocho años. «Mi mujer estaba en cuclillas y ella sacó al niño con mucho cuidado y mucha templanza. La verdad es que fue de hierro», afirma Sergio, que tras el nacimiento volvió a llamar al 112. «Una médico me fue diciendo los pasos de lo que tenía que hacer. Me dijo que con un cordón de zapatilla le tenía que hacer dos nudos en el cordón umbilical y tomarle las constantes al bebé, que mirase si respiraba, que le quitase el tapón de la boca... Enseguida llegó la ambulancia y dijeron ‘ya está el trabajo hecho’», explica.

Después vino el traslado al hospital, el ingreso y el alta. Tiago y su madre ya están en casa, listos para contar decenas de veces la historia del nacimiento del pequeño.