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Juan y punto, un 'showman' en Madrid

Juan y Punto, en San Francisco, cuenta a HOY el espectáculo de humor que presenta cada sábado del verano en Madrid. :: c. moreno
Juan y Punto, en San Francisco, cuenta a HOY el espectáculo de humor que presenta cada sábado del verano en Madrid. :: c. moreno
  • El cómico pacense lleva sus monólogos cada sábado del verano al Teatro Reina Victoria de la capital

Lleva 16 años quieto, contando sus monólogos sin moverse más allá de un metro cuadrado y permitiéndose solo la licencia de gesticular. En sus comienzos, Juan Herrera, el humorista español que inventó 'Humor amarillo', le dio un consejo que ha seguido a pies juntillas: «Para hacer humor hay que estar quieto, solo la palabra es la que tiene que hacer reír». Seguramente por eso, Juan y Punto es hoy uno de los cómicos españoles que mejor domina el humor facial, ese que te saca carcajadas con un repertorio de muecas y con sus gafas de pasta negra, que más que de ver son de hacer reír.

Pero el mismo que le dijo que se quedase quieto, le ha aconsejado ahora que se mueva. Y eso es lo que está haciendo. Juan Seller en su DNI, Juan y Punto en la vida, le ha cogido la medida a las tablas y se ha lanzado a teatralizar sus monólogos. Esta es la propuesta que está presentando el cómico pacense con su espectáculo 'Ocho sábados y punto con Juan y Punto', con el que sube cada semana al escenario de uno de los teatros más señeros de Madrid, el Reina Victoria.

Llevar el monólogo al teatro es un salto, donde además de contar una historia plagada de chistes, hay que utilizar el espacio, moverse en él y tirar de música y de materiales de apoyo. Como el propio cómico reconoce: «Supone un cambio muy grande, de hacer un monólogo en una sala donde la gente está tomando copas y está divertida, a un teatro donde la gente va a ver lo que ofreces». Al final, «el monologuista se convierte en un showman», confiesa.

Está cómodo con esta nueva faceta y el público le está respondiendo, pero dice que no renuncia a una de las cosas que más le gusta de contar sus monólogos al estilo clásico: interactuar con el público. Si quieren ver cómo se desenvuelve en el escenario, los sábados de septiembre a partir de las 23 horas estará en el teatro de la Carrera de San Jerónimo de la capital.

Ya hay pacenses que han ido a verlo a Madrid y eso le sorprende tanto como le gusta. «Yo soy muy de Badajoz y en mis monólogos siempre hablo de mi tierra, por eso cuando hay público de aquí, se identifica con lo que cuento». Esta precisamente es una de las claves de que su humor haya sobrevivido al boom de los monólogos, que ha dejado a muchos cómicos en el camino, y a una crisis que se ha cebado espacialmente con la cultura y el ocio.

El humor de lo cotidiano

«Lo que hace gracia a la gente es lo cotidiano, lo que le pasa a todo el mundo y con lo que se identifica», dice. Después de 16 años ganándose la vida con el humor le tiene cogida la medida al público. «El tema del sexo le entra mejor a la gente de entre 30 y 60 años, la política, de la que yo hablo poco, es para el público de a partir de los 40; y entre 20 a 30 años, funciona todo lo que tiene que ver con las redes sociales», desvela.

Tiene a su mejor crítica en casa, su mujer, que es a la primera a la que le cuenta los chistes que le desvelan de madrugada, porque su musa llega después de la medianoche. «Ella se ríe mucho conmigo pero es muy dura porque me conoce», cuenta.

Esto mismo le pasa con Badajoz, donde dice que se enfrenta «al público más difícil del mundo para mí, porque quienes vienen a verme me conocen personalmente y saben cómo soy». Por eso, echa de menos ver caras nuevas cuando actúa en su ciudad. «Nadie es profeta en su tierra, pero me gustaría que vinieran a verme aquí quienes no me conocen para que vieran lo que hago y con lo que disfruto. A veces me pasa que estoy actuando en Bilbao o en Canarias y me encuentro con gente de Badajoz que no me conoce».

Puede que esto lo remedie ahora que ha descubierto el tirón que están teniendo sus vídeos en Facebook. Para promocionar sus actuaciones en el teatro, este verano empezó a subir a la red social vídeos muy cortos de humor improvisado que están siendo un éxito. Por eso, ahora ya está pensando en que, con la ayuda de Jesús Quesada, va a hacer una mini serie semanal que colgará en las redes sociales.

Este no es el único proyecto que tiene entre manos. Ya tiene escrito un musical que aspira llevar a escena cuando tenga dinero. Ahora está escribiendo una obra de teatro y mano a mano con su televisivo amigo Carlos Sobera está preparando formatos para televisión.

A la vista de su trayectoria, está claro que no se equivocó en dejar de lado sus estudios de Ingeniería Industrial para dedicarse al mundo del humor. Ha llovido mucho desde que con 20 años, el profesor de la asignatura 'Psicología del trabajo' le pidiese a cada alumno contar una historia. Ahí nació el monologuista, un Juan, que todavía no era Juan y Punto, apareció con dos bolsas en la mano en clase para hablar del botellón. De ahí, pasó a contar monólogos, chistes e incluso a cantar en el Mercantil. Allí descubrió que quería vivir de hacer reír. Ser finalista en el primer certamen de cómicos de El Club de la Comedia le dio el empujón definitivo. Hoy vive en Badajoz, está casado, tiene dos niñas y a Juan y Punto le siguen quedando muchos chistes que contar.

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