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El arriado de bandera, más que una tradición

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La gente se congrega en la plaza López de Ayala para ver el desfile castrense. :: Pakopí

  • Este acto se celebra desde hace cinco años de manera pública el último jueves de cada mes

Los militares llegan poco antes de que caiga el sol a las inmediaciones del baluarte de Menacho. Desde allí marchan a lo largo de la calle comercial que lleva este nombre con paso firme y vigilados por la multitud que se arremolina en su entorno. Su destino es siempre el mismo: la plaza López de Ayala, donde la ceremonia del arriado de bandera y el homenaje a los caídos está a punto de comenzar.

Los integrantes de la unidad elegida ese día para llevar a cabo el acto mantienen la formación frente al Palacio de Capitanía (antiguo Gobierno Militar de Badajoz). Como cualquier evento castrense, la puntualidad y la solemnidad acompañan a cada movimiento que forma parte de este ritual que ya se ha convertido en una tradición en Badajoz. Desde hace cinco años el centro de la ciudad acoge el último jueves de cada mes la misma escena con la que la Brigada Mecanizada 'Extremadura XI' rinde honores a la bandera y a los que han dado su vida por España.

El acto, que coincide siempre con la puesta de sol, se desarrolla ante cientos de ojos que examinan con curiosidad y asombro a quienes participan en el desfile. Pese a que la cita ya forma parte de la actividad castrense de la ciudad, hay a quienes todavía les coge de sorpresa. Pacenses que salen de compras o que quedan para tomar un café, se convierten en testigos casuales de este particular homenaje.

También están los fieles a la cita que no se pierden un solo desfile militar. «Hay gente que llama por teléfono para saber la hora a la que empieza la celebración. Suele haber mucho público, porque transcurre en un céntrico enclave de Badajoz por el que pasan muchas personas», reconocen desde a la Base General Menacho.

Fue a mediados de 2011 cuando la ciudad recuperó el tradicional arriado de bandera y el homenaje a los caídos en la plaza López de Ayala. El objetivo era retomar esta antigua costumbre y escenificarla de manera pública para hacer partícipes a los ciudadanos.

La unidad que se encarga de llevar a cabo el ritual cambia cada mes, ya que se van turnando las distintas secciones que conforman la Brigada Mecanizada 'Extremadura XI'. Suelen participar unos 35 militares en cada acto.

La mecánica es siempre la misma. La comitiva llega acompañada por la banda de cornetas y tambores de la brigada y se sitúa frente al Palacio de Capitanía, desde donde los militares escuchan el himno nacional mientras se arría la bandera. La mirada de los miembros de la unidad se mantiene fija hacia el histórico inmueble, donde se encuentra el pendón. A este gesto le sigue el toque de oración, con el que homenajean a todos los soldados caídos. En este caso, la formación se gira y dirigen la vista hacia el lado contrario, a poniente, por donde se esconde el sol. En apenas diez minutos la conmemoración ha finalizado y la unidad se retira.

Precisamente la música y el uniforme militar suele llamar la atención de los viandantes que transitan por la zona, sonidos y colores que ya han pasado a formar parte del ritmo de esta céntrica plaza el último jueves de cada mes.

Esa suele ser la jornada elegida para realizar el acto, aunque a veces se puede modificar debido a la agenda de la propia brigada o si coincide con alguna fiesta local. El próximo mes de julio, por ejemplo, la celebración se adelanta al jueves día 21. «La hora también se va adaptando a lo largo del año para que el arriado de bandera y el toque de oración coincida con el ocaso», sostienen desde la base militar.

Tal y como recuerda el historiador militar, Álvaro Meléndez, la vida militar está regida por el toque de diana y el izado de bandera por la mañana y el arriado de bandera al anochecer. A este último acto se le suma el toque de oración, que según la tradición surgió en 1503 tras la batalla de Ceriñola, que enfrentó a tropas francesas y españolas. «El capitán, al ver el campo lleno de soldados fallecidos, ordenó homenajear a las víctimas», rememora Meléndez.

Los cuarteles conservan estos eventos. Sin embargo, el tiempo y la historia han apartado estas costumbres del centro de la capital pacense. Meléndez apunta que a partir de los años 90, cuando las dependencias militares se trasladaron a las afueras de Badajoz, estas citas tradicionales se alejaron de los vecinos de la ciudad. «El izado, arriado y toque de oración se sigue realizando, pero en la base militar», destaca Meléndez.

Por esta razón, hace cinco años la Brigada retomó la actividad a nivel público y decidió llevarla a la plaza López de Ayala.

«Es un acto sencillo, íntimo y entrañable que sale de la base militar para poder compartirlo con los pacenses. No hay que olvidar que Badajoz es una ciudad con una fuerte tradición militar. Hasta hace poco tiempo en la ciudad había muchas instituciones militares: el cuartel de la Bomba, el cuartel de Menacho, el antiguo Gobierno Militar o el Hospital Militar, entre otras. El toque de corneta era consustancial a las plazas y se ha recuperado como algo cultural. Son aspectos que enriquecen el patrimonio inmaterial de una ciudad», añade.