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La histeria del derribo del cubo

LA Junta de Extremadura sometió a la consideración de la Universidad de Extremadura y del Ayuntamiento de Badajoz la posibilidad de construir la Facultad de Biblioteconomía y Documentación y la Biblioteca General de Extremadura en el antiguo Hospital Militar situado en la Alcazaba de Badajoz. Ambas instituciones se mostraron favorables a esta iniciativa de la Junta de Extremadura y expresaron su apoyo. Esta iniciativa pretende contribuir a la recuperación de una zona de la ciudad de Badajoz que, con un profundo valor histórico, ha venido, sin embargo, degradándose con el paso del tiempo. Y pretende, además, recuperar para los ciudadanos un recinto emblemático: el antiguo Hospital Militar.». Así empieza la Orden de 7 de marzo de 1997, por la que se convoca un concurso de Arquitectura, a fin de dar cobertura a la iniciativa anterior.

Casi 20 años después de de este maravilloso acuerdo los impulsores pueden presumir de ver cumplido ampliamente su objetivo de recuperar el recinto emblemático que representa La Alcazaba y gran parte de su entorno. Como, también, pueden presumir los impulsores y gestores de la recuperación actual de restos históricos de diferentes épocas que darán mayor esplendor al interior del recinto amurallado. Esperemos que no se pare aquí.

El proyecto contó con la aprobación de todas las instituciones y asociaciones de la época, incluido los que posteriormente lo denunciaron. Recuerdo con agrado su presentación pública donde se vislumbraba satisfacción por el consenso de las instituciones, partidos políticos y asociaciones sociales y culturales. El optimismo era evidente. Y el tiempo mostró lo acertado de la idea como propuesta inicial que dio fuerza a la continuación de las excavaciones y a la recuperación del Casco Antiguo en Badajoz.

Resulta que una vez iniciada la obra se produce una denuncia porque ya no les gustaban algunos aspectos del proyecto, dando comienzo la historia/histeria del cubo. Leí la primera sentencia, (HOY, 10/IV/2010) que marcaba los puntos fundamentales del problema. Su contenido mostraba claramente dos ideas que aunque conocidas conviene recordar. La primera es que una vez se proceda a la demolición de la obra realizada (incluido el cubo), puede aprobarse un proyecto similar y reconstruir la obra actual sin ningún problema ni contradecir ninguna disposición legal. Es decir, el Ayuntamiento podría gastarse los 370.000 euros presupuestados para el derribo y luego reconstruir el cubo tal y como está actualmente. Todo esto muestra lo absurdo del derribo actual y del gasto, cuyo dinero podría emplearse en obras sociales o para seguir recuperando la Alcazaba.

En segundo lugar, insistimos que el problema planteado no puede definirse como un ataque al patrimonio, y quienes sostienen este argumento para el derribo del cubo mienten. Y por muchas veces que se repita una mentira no se convertirá en verdad, pero a esta altura de la película es muy difícil dar marcha atrás. El problema real tiene que ver con los plazos para la modificación y desarrollo del Plan General Municipal y Plan Especial de Protección del Casco Antiguo, y la concesión de la licencia de obra. Pero en absoluto lo es porque la obra realizada vaya en contra del Patrimonio Histórico ni nada semejante. Es decir, el problema es en relación a los permisos concedidos y no al contenido de la obra realizada.

No es la única vez que hemos vivido en Badajoz situaciones como la del cubo, aunque esta haya tenido más transcendencia. Recuerdo la polémica y gasto para mantener una supuesta ermita en la ronda norte, el sobrecoste del Palacio Arzobispal (Casa del Cordón) y el consiguiente retraso en las obras de reparación de las Adoratrices o el problema con el proyecto del Museo de Bellas Artes de Badajoz dependiente de la Diputación Provincial. Y la amenaza actual a la obra del Hospital Provincial, a pesar de estar todavía en fase de debate y que tanta ilusión ha generado en la mayoría de los pacenses. En mi opinión, todo un continuo despropósito.

En todo este proceso creo, además, que ha faltado mucho sentido común. Las leyes no son algoritmos exactos y precisan de su interpretación y posterior decisión por parte de los jueces. La primera sentencia señalaba que había que volver «a la situación existente con anterioridad a las obras autorizadas con la licencia impugnada» (pág. 2) y en consecuencia se admitía que en ocasiones «el cumplimiento de las sentencia no puede llevarse a efecto en sus propios términos» (pág. 7). Es decir: sí, pero no y/o no, pero sí. Toda la histeria posterior ha sido una lucha por no dar el brazo a torcer ya que ello supondría reconocer que el cubo no atentaba contra ninguna disposición de patrimonio y era más bien un problema administrativo.

Durante estos días se acumulan informaciones y referencias en las redes sociales sobre el inicio de las obras para el derribo del cubo. Es fácil encontrar videos y fotografías, históricas y actuales, que servirán para el recuerdo de esta irracionalidad.