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AULA HOY, Ciclo de conferencias

«Todos venimos de lo que hemos leído, nada se improvisa»

Rafael Rufino Félix Morillón, en el escritorio de su casa de Mérida. :: HOY
Rafael Rufino Félix Morillón, en el escritorio de su casa de Mérida. :: HOY
  • La Universidad de Oxford incluye el poemario con el que ganó el Ciudad de Badajoz en su tratado para estudiar lengua y literatura en castellano

  • Rafael Rufino Félix Morillón Poeta

Rafael Rufino Félix Morillón (Mérida, 1929) participó muy de cerca en la generación poética de la posguerra. Estudiante en Madrid en los cincuenta y asiduo a las tertulias de los recitales del Varela, estuvo junto a los grandes talentos de aquel tiempo. Siempre le tocaba recitar después de Camilo José Cela (el turno se establecía por orden alfabético), aunque no niega su inspiración en Machado, gracias en parte a 'Galerías, soledades y otros poemas', una edición de 1907 que se compró de segunda mano en el Rastro de Madrid por cinco pesetas. Tiene 16 poemarios, entre los que destaca 'Las puertas de la sangre', ganador del Ciudad de Badajoz en 2005 y uno de los que incluye la Universidad de Oxford para sus estudiantes de literatura española. Mañana recitará algunos de sus versos en el Aula Hoy (Colegio Oficial de Farmacéuticos, calle Ramón Albarrán, 13, a las ocho y cuarto de la tarde).

Hay quien le define a usted como un poeta hondo e intenso. ¿Se identifica?

La poesía es el grado más elevado de la literatura. Mi deseo es dejar un puñado de poemas que me sobrevivan, con versos que conmuevan, que nos hagan más humanos y nos ayuden a vivir con decoro. La poesía, en ciertos aspectos, nos puede compensar del dolor y la miseria del mundo.

Hay mucho de Machado.

De joven, en Madrid leí 'Galerías, soledades y otros poemas', para mí fue un deslumbre. Más tarde siguieron otros nombres con los que puedo estar en deuda, hasta llegar a la Generación del 27. Después, mi camino lo he ido trazando recorriendo, con una pretendida independencia de otros modelos, buscando mi propia voz. Hay que tener en cuenta que todos venimos de lo que hemos leído, nada se improvisa.

Se siente muy lejano de la poesía actual.

Yo la considero poco emocional. Abunda el prosaísmo, las metáforas ininteligibles, lo que lleva a lecturas poliédricas, sin claridad. Ya se ha abandonado por completo el rigor de la métrica. Hacemos uso del verso libre y el poeta debe buscar la estructura musical. La poesía es un bien escaso que conviene mantener. Está por encima del tiempo y sus mezquindades, por eso hay que procurar no tratarla de forma chabacana.

Los temas preferentes, aparte del amor, son el tiempo y el mar.

El paso de los días se lleva personas, paisajes... Y con nosotros quedan ecos, su recuerdo, que tienden a oscurecerse. Una forma de recobrar todo cuando el poder destructor del tiempo ha alejado de nuestra presencia es hacerlo revivir gracias al milagro de la palabra poética. Nos permite perpetuar el ayer. En cuanto al mar, es para mí un elemento fascinante de la naturaleza. Aquí están los versos de Jorge Manrique: «Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar». Parece que nos aguarda para acogernos definitivamente y yo canto la finitud de nuestro tiempo frente a la perennidad del mar.

¿Por qué la poesía de la experiencia tiene tan poco seguimiento?

Aparte de utilizar el lenguaje más urbano y directo, yo no sé bien qué diferencias se encuentran en ella. Todo nace de la experiencia vivida o soñada. Ya lo dijo Machado: «De toda la memoria solo vale / el don preclaro de evocar sueños».

¿Por qué tiene tanta importancia el primer verso?

Según Paul Valéry lo envían los dioses, el poeta lo recibe como un destello que ilumina un territorio que desconoce y es entonces cuando empieza a escribir por una fuerza interior. Es una tarea apasionante y cuando se logra, se obtiene con musicalidad. En este interior reside la verdadera poesía. Una obra de orfebrería con palabras.

¿Podemos hablar de una poesía extremeña?

No creo que haya esa identidad. Se escribe hoy en Extremadura una poesía que no desmerece de la que se escribe en el resto de España. Indudablemente, la tierra, las costumbres de tus coetáneos, sus sentimientos influyen, pero pienso que no llegan a establecer diferencias sustanciales en la escritura. Cada autor aporta a su obra sus sensaciones y deseos, su concepto vital.

¿Hasta qué punto un poeta debe empeñarse en publicar?

Ahora se da mucho lo de que una editorial solo acepte si el mismo autor le compra 300 o 400 libros. En cierto modo, es casi una ofensa. El mundo de la poesía es muy endogámico. Estamos muy pocos y nos compramos los libros entre nosotros. Lo deseable es que existan editoriales que acojan y promocionen la poesía. También la administración puede ayudar. En mi caso, al menos, siempre he contado con el inapreciable favor de editoriales que han publicado mis libros.

¿Qué recuerda de su paso por Reloj de Arena, el suplemento del HOY?

Fue entre 1989 y 1991. Me gustaba evocar la Mérida de los años 40, la de mis primeros recuerdos, una reconciliación con mi paisaje espiritual.

¿Qué le han aportado los premios?

Nunca he sido muy de presentarme a premios literarios. El de Badajoz, según me dijeron después, se incluyó en el tratado de lengua y literatura de Oxford. ¿Qué voy a decir? Todo un honor que te pongan junto a libros de Delibes, por ejemplo. También gané el Ciudad de Salamanca el año 2002. Fue especial porque ese año Salamanca era Capital Cultural Europea.