Antonio Mulas, recuperado: «Tengo todavía mucha lata que dar»

Plenamente recuperado, dice que trabajará hasta los 67 años. :: g. c.

Tras meses de baja por un ictus, anuncia su regreso en breve, aunque quiere dejar parte de la actividad asociativa

GLORIA CASARES

«Estoy abrumado por las manifestaciones de apoyo y de cariño que he tenido por parte de muchísimas personas, excepto tres» (prefiere guardar silencio sobre ellos).

Antonio García Martín de las Mulas, más conocido como Antonio Mulas, no necesita mucha presentación en Almendralejo. Sería difícil encontrar hoy en la ciudad a alguien que no lo conociese. En un parque céntrico resulta complicado hacerle la entrevista, todos los que pasan se paran a saludarle y las interrupciones son continuas.

Casualidades de la vida. Nació en Venezuela porque sus padres, él de Nogales y ella de Almendralejo, se marcharon a ese país a buscar suerte en los años 50. Él y su hermano nacieron allí, pero esa casualidad hizo que en la España de finales de la dictadura de Franco fuera difícil buscarse la vida para un enfermero que tenía nacionalidad venezolana.

Por eso, por casi por casualidad, abrió su propia consulta en Almendralejo el de julio de 1976.

Lo que no fue por casualidad, sino por los muchos méritos propios, es que hoy se haya convertido en una de las personas más queridas por los ciudadanos, a muchos de los que cada día trata en sus domicilios y a sus familiares.

Otra casualidad, triste, pero con final feliz, hizo que el pasado 28 de enero Antonio Mulas sufriera un ictus «muy leve», pero lo peor, una depresión que lo mantiene de baja y alejado de sus pacientes desde entonces. «La depresión ha sido horrorosa», aunque ya se siente fuerte «estoy perfectamente bien». «Espero incorporarme a finales de octubre, noviembre, como mucho». Seguro que han sido los únicos meses en los que la sonrisa se ha borrado de su cara amable. Se sigue sorprendiendo cómo en las redes sociales se le dio por muerto, pero no guarda rencor (un bulo más).

Apoyo de la gente

«La baja laboral me está curando, se lo tengo que agradecer a los médicos», apunta Antonio, que busca ya olvidar ese episodio y sólo quiere quedarse con lo bueno. «Creo que ahora soy más consciente de ese apoyo verdadero de la gente», que él achaca a la pasión que siente por su profesión y a su modo de ejercerla. Tanto es así que ya apunta a que trabajará hasta los 67 años, a pesar de que son muchos los planes que tiene para después. «Todo han sido gratificaciones en mi trabajo. He salvado algunas vidas y, aunque me han metido algunos goles, pero...». Lo mejor de su profesión, dice, «conocer a tanta gente». Ahora recuerda con cariño a compañeros que le sirvieron de maestros «la vieja guardia», sobre todo a Miguel Ángel Matador o Francisco Tena.

Pero la popularidad de Antonio Mulas tampoco viene por casualidad. Desde hace décadas dedica mucho de su tiempo libre a los demás, al movimiento asociativo, a ayudar a su prójimo. Desde hace casi 25 años es el alma mater de los Donantes de Sangre en Almendralejo. Se ha volcado con esta causa y hoy la ciudad es una de las más altruistas de Extremadura. Pero antes también dedicó mucho tiempo a ayudar a la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados (Alrex), a la asociación de triatlón, al Rallye de la Vendimia o a lo que era Aprosuba II.

Nuevos frentes

Y ahora, a sus casi 62 años y con recomendaciones de dejar tantos desvelos, «quiero dejar muchas cosas», anda metido en nuevos frentes, el de Stop Sucesiones Extremadura y el de la plataforma ciudadana creada en Almendralejo en contra de las subidas de impuestos municipales. «No puedo quedarme con los brazos cruzados».

Cuando se le pregunta su opinión sobre la petición de algunas personas de que pongan una calle a su nombre en Almendralejo, ríe y le quita importancia, porque cree que es una muestra más de cariño.

La anécdota que se le viene enseguida a la memoria, quizás describa bien el carácter, la implicación, entrega y cariño de este 'practicante' de Almendralejo. Hace años llegó a una casa a una cura, abrió la puerta un niño apuntándole con pistolas de juguete, le disparó y él se tiró al suelo. Aún le recuerda entre risas al niño, hoy un hombre maduro, que salió corriendo para avisar a la madre de que le había matado.

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