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La artesana de las casas de muñecas

La artesana de las casas de muñecas
  • Pilar Alén vive de su afición: la fabricación de todo tipo de piezas de artesanía para coleccionistas

  • Las piezas en miniatura de esta extremeña son muy apreciadas en todo el mundo

Cuando llegas al estudio de Pilar Alén, una habitación perfectamente iluminada de día por los grandes ventanales y de noche, por unas potentes lámparas, la ves trabajando concentrada, sola y feliz. No te puedes imaginar que piezas que han salido de aquí están luciendo en casas de todo el mundo.

Sorprende que la privacidad de este trabajo sea sólo disimulada, porque sus trabajos, incluso antes de salir del taller, ya vuelan por la Red y llaman la atención de aficionados de países tan remotos como China o Australia, Turquía o Japón.

Te la imaginas en la soledad de la noche, «ayer trabajé desde las cuatro de la tarde hasta las cuatro de la mañana, se me van las horas y no me doy cuenta. Me gusta mucho lo que hago y me relaja». Pero enseguida esas piezas toman vida propia y, aún más, dan vida a pequeños hogares en distintas culturas.

Titulada en Topografía por la Universidad de Extremadura, nunca pensó que acabaría ganándose la vida con lo que se ha convertido en su afición, la fabricación de elementos en miniatura para casas de muñecas.

Por casualidad

Pilar Alén reconoce que todo empezó por casualidad, cuando su hermano le regaló una de esas casas de muñecas que se venden por fascículos. Comenzó a llenarla de objetos, pero de la misma forma su mente creativa empezó a llenarse de ideas. Mirando en Internet allá por el año 2009, descubrió un mundo aún sin explotar. «Entonces empezaban las redes sociales, porque lo que se estilaba eran los blog y los foros. Así que en ellos comencé a compartir mis trabajos y a ampliar mi círculo de amistades y contactos. Además, las redes te permiten absorber influencias de otras culturas».

Se dio cuenta de que la tradición de países como Reino Unido y, después, Estados Unidos comenzaba a llegar a España. El tema del coleccionismo en relación a las casas de muñecas también estaba mucho más evolucionado en Europa, como en los países nórdicos, teniendo en cuenta las bajas temperaturas y las pocas horas de luz, que obligan a buscar aficiones en el hogar.

Empezó trabajando el papel, porque nadie lo tocaba, no había gente que hiciera cajas de papel para decorar, por ejemplo.

«Ten en cuenta que el coleccionista lo que quiere es que cuando se vea su casa, desde cualquier prisma, desde cualquier ventana, que no sepa si es de verdad o es de muñecas, así que buscan hasta el mínimo detalle, una bolsa de papel, una caja sombrerera, todo lo que sea de cartonaje y papelería que tú puedas tener en tu casa».

Sus conocimientos en Topografía le permitieron trabajar con escalas y fabricar cualquier objeto adaptado a las dimensiones minúsculas de una casa de muñecas.

«Piensa que cualquier tela tiene los dibujos diseñados para una medida real, no de escala 1:22, no para miniaturas». Así que desde hace un tiempo ya diseña sus propias telas, que manda fabricar; igual que diseña los dibujos de sus papeles, que después de pasar por sus manos precisas se convierten en objeto de deseo para los coleccionistas.

Todo lo fabrica ella. Sólo algunos muebles los compra de madera virgen y luego los decora con tela, incluidos los cajones, les coloca los de adornos, etc.

Precios

Aunque presume de un amplio catálogo de productos para casas de muñecas, con precios que van desde los 5 euros, lo cierto es que reconoce que ha llegado a vender pequeños armarios, que caben en la palma de la mano, o una cuna antigua, que fue su pieza vendida más cara, por más de 100 euros. Y es que esta afición exige un desembolso, que para aficionados de países con mayor poder adquisitivo y con mayor tradición no resulta nada gravoso. «Aquí en España todavía no está muy extendida esta afición».

Sus precios, incluso, resultan muy competitivos en otros países como Estados Unidos, que están dispuestos a pagar casi lo mismo por el porte que por la pieza. «Aún así les sale más barato». Pero no es por el precio por el que escogen las piezas de Pilar Alén, es por su delicadeza y estilo y también por la singularidad. «No hay dos piezas iguales, piensa que son todas hechas a mano», dice.

A pesar de que sus ventas se están multiplicando cada mes, reconoce que no da abastos para fabricar, porque exige mucho tiempo y lo hace todo ella, y que tampoco resulta tan rentable. «Hoy ya me puedo ganar un sueldo, pero hay que estar constantemente haciendo inversiones».

Porque la exclusividad de las piezas exige diseños propios y compras personales. Durante su último viaje a Italia se ha venido cargada de cordones de seda, flecos para alfombras y otros elementos que no se encuentran en casi ningún sitio.

La meticulosidad con la que trabaja y la calidad de sus acabados ha llamado la atención de expertos en coleccionismo y después de haber participado en las ferias internacionales de Milán, donde vendió casi todas las piezas que expuso, o París, ha sido la artista invitada a la Feria de Chicago, la más importante del mundo en este sector.

Mucho trabajo

Sin embargo, sabe que no va a poder ir, puesto que el desembolso es grande y todo corre por cuenta del artesano. Además, piensa que tardo entre siete y ocho horas en montar un expositor en una feria, porque son todo miniaturas. Pero cuando se logra un expositor de más de 800 piezas en miniatura, el resultado salta a la vista», asegura.

Para ella es fundamental vender a través de su página web, que ella misma diseña y actualiza. Sin embargo, detrás hay un gran trabajo de innovación, estudio y hasta de aprender idiomas para vender en el extranjero.