Hoy

La llegada a casa de un campeón

vídeo

Juan Bautista Pérez abraza a su mujer al bajarse del tren. :: g. c.

  • Juan Bautista Pérez ha logrado una medalla de plata con el equipo de tenis de mesa español en las Paralimpiadas de Río

  • El medallista olímpico fue recibido por una multitud en la estación de tren

La hora no era buena, el calor, excesivo. Sin embargo, un centenar o dos (el número era lo de menos) estaban esperando el viernes al deportista paralímpico Juan Bautista Pérez a su llegada a la estación de tren.

A pesar de que se les había citado a las tres y llegó casi una hora después, las personas congregadas allí no mostraron en ningún momento mala cara, porque sabían que la espera merecía la pena.

Y es que este leonés de nacimiento, almendralejense de adopción, muy conocido y querido en la ciudad extremeña donde reside desde hace 24 años, se merecía el esfuerzo. Sobre todo, porque nada era si se tiene en cuenta el que hizo él cuando a sus cuarenta y tantos años, y obligado por las circunstancias de la vida, se tuvo que plantear el seguir jugando al tenis de mesa, pero para personas con discapacidad.

Así fue cómo decidió seguir al más alto nivel en el tenis de mesa, esa categoría de élite que no ha abandonado en la mayor parte de su vida.

Las circunstancias obligaban, una vez que la enfermedad que había contraído hace años en la India, donde había ido a competir en el Mundial con la selección, empezaba a mostrar su cara más desagradable.

Con las piernas ya afectadas, se lo planteó y lo consiguió. Así que el viernes entró como las grandes estrellas en Almendralejo, después de haber logrado, como componente del equipo de tenis de mesa paralímpico español, una medalla de plata en las Paralimpiadas de Río.

Bajo los gritos de «campeón», Juan no pudo reprimir la emoción cuando bajó del tren en la estación de Almendralejo. Sobre todo cuando vio a su mujer y a sus cuatro hijos en un andén atestado de gente conocida, de amigos, de componentes del Club de Tenis de Mesa Almendralejo, de alumnos de la escuela deportiva de tenis de mesa, concejales y ciudadanos en general, que le querían dar la enhorabuena por los logros obtenidos en Río de Janeiro.

Abrazos y besos se mezclaban con los aplausos en la estación. Pero el abrazo más sentido fue el que se dio con su amigo y compañero de batallas, Boba Marinquievich, el ucraniano con el que consiguió los mejores éxitos para el tenis de mesa de Almendralejo años atrás. Tras ir superando las duras batallas que le ha deparado la vida, este otro jugador almendralejense de adopción, no quiso perderse ese momento.

Pero no fue esa estampa, sino las palabras de su hija mayor, Ana, las que le hicieron escapar las primeras lágrimas «de alegría», como repitió varias veces, unas palabras de agradecimiento por el esfuerzo realizado por Juan en esos años de entrenamiento y preparación mental. Pero también por haber logrado separarse durante dos semanas de la familia que ha formado en Almendralejo y que le han permitido demostrar su valía como padre, además de como deportista.

Apenas pudo hablar entre esas lágrimas de alegría, pero, con interrupciones obligadas, este primer medallista paralímpico de Almendralejo pudo agradecer a toda la ciudad el haberle permitido lograr lo conseguido en la vida personal y deportiva, así como a las instituciones y a todos los que creyeron en él.

El emotivo recibimiento concluyó después con un brindis con cava y con un paseo en un descapotable blanco, que le llevó por toda la ciudad, escoltados por decenas de vehículos cargados con amigos.