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«Se aprende más de las derrotas que de los éxitos»

«Se aprende más de las derrotas que de los éxitos»

  • El nadador Miguel Durán considera muy fructífero su paso por los Juegos de Río y promete ir a más olimpiadas

Con una estatura considerable, que ya se presagiaba cuando era casi un bebé, su madre, Manoli, decidió que lo mejor sería apuntarle a los cursos municipales de natación, cosa que ya había hecho antes con su hermana. En parte, porque ella tuvo un susto de pequeña y quería que sus hijos se supieran defender nadando.

Miguel compaginaba entonces la natación con otros deportes como el fútbol (con un físico como el suyo, podía despuntar en cualquiera), pero siempre llegaba a casa descalabrado. Así que Manoli decidió que su hijo se tenía que seguir en la piscina y frente a cualquier remilgo, ahí estaba para centrarlo.

Ahora Miguel lo recuerda y destaca cómo le inculcó valores que sin duda le han servido para llegar a lo que hoy es y a una meta futura. Fueron los valores de la constancia, del sacrificio y de que si uno quiere algo, hay que lograrlo con trabajo.

Y es que Manoli demostró tener claro que hay que luchar por lo que uno quiere en la vida, lo hizo cuando acudía a la piscina para ver a sus hijos desde la grada, cuando federó al niño con 7 años y cuando decidió, junto a su padre. que Miguel debía irse con 13 años al Centro de Tecnificación de Cáceres.

Allí el técnico Raúl Bernal le aconsejó cambiar de estilo, pasando de bracista velocista a crol y medio fondo, una transformación que le permitió ser campeón de España en categorías infantil y juvenil.

Así fue como poco a poco se fue separando del Club de Natación Almendralejo, donde despuntó Miguel Durán, para fichar con 17 años por el Club Natación Sabadell. A Cataluña se fue para desarrollarse como nadador de élite y allí fue donde tuvo la suerte de tener como entrenador al francés Fred Vergnoux, técnico también de Mireia Belmonte.

En Barcelona despuntó en la natación, pero los estudios en catalán le obligaron a cambiar de residencia y marchar a Madrid, donde el club Sabadell le puso un entrenador y pudo terminar la selectividad.

Y allí sigue y allí marchará en pocos días, para seguir su preparación con el técnico polaco Bart Kizierowski, en la residencia Joaquín Blume de Madrid y comenzar sus estudios universitarios gracias a la beca de la Universidad Católica de Murcia, que le paga sus estudios y la de muchos deportistas de élite y le permite seguir su carrera como nadador al máximo nivel.

Como muchos deportistas olímpicos con becas ADO, se siente orgullo de poder vivir, estudiar y preparándose, pero lamenta, como tantos otros, que haya poco reconocimiento social y económico para estos deportistas que no son futbolistas. «Un jugador de Tercera División puede ganar más que él», lamenta su hermana. Aunque no es el aspecto económico lo que le duele, sino el hecho de que ni siquiera tengan invitaciones para que la familia pueda ir a verle en competiciones oficiales. La última en Rusia le costó a sus padres 600 euros en cada sesión en la piscina.

Sin preguntarle si quiera, la mente se le va a su primera prueba en Río. «Me pasó una putada, no me descalificaron, pero me desconcentré, pero en 4x200 hice mi mejor marca de la temporada. Lo primero fue un batacazo, pero ha hecho que pierda motivación. Si hubiera bajado mi récord de España ya habría conseguido mi objetivo, así que ahora lo que tengo es ansia de revancha y ganas de seguir entrenando con la misma o más motivación. Se aprende más de una derrota que de una victoria», asegura tajante y con una determinación que parece impropia a sus 21 años.

Madurez

Y es que la madurez de Miguel se nota en cuanto comienza la entrevista, una madurez y una claridad de ideas que le puede hacer conseguir muchos éxitos en el deporte. Esa lucidez es la que le lleva a reconocer que de tiempo social ha sacrificado mucho. Sabe que mientras sus amigos salen a tomar algo, él debe continuar con sus siete horas diarias de entrenamiento. Pero, a pesar de ello, es consciente de que la natación le aporta mucho y que merece la pena el sacrificio.

Y si algún día considera que ya no puede competir al máximo nivel, ya se le pasa por la cabeza ir a Estados Unidos. Allí, asegura, es más fácil conseguir una beca para compaginar estudios y deporte, y también para encontrar un trabajo en el deporte, pero para eso aún queda mucho. Ahora la meta es estar en más olimpiadas.