Menos venta de fertilizantes en Extremadura

Análisis agrario

El mercado de los fertilizantes inorgánicos creció en 2017. En Extremadura, la tendencia con respecto a la media nacional ha sido inversa, ya que la venta de nitrogenados ha caído

JUAN QUINTANA

En 2017 el mercado de los fertilizantes inorgánicos aumentó un 5,2% con respecto a la anterior campaña, alcanzando un volumen de ventas ligeramente superior a los 5 millones de euros, de acuerdo con los datos elaborados por la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes, y hechos públicos por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. En la última década esta cifra solo ha sido superada en 2007, 2014 y 2015, en una cantidad poco significativa.

El volumen más alto de ventas a nivel nacional fue de nitrogenados simples, con 2,6 millones de toneladas, 1,9 millones de toneladas de fertilizantes complejos, 322.380 los potásicos simples y 184.160 toneladas de fosfatados simples. Por comunidades autónomas, destacan Andalucía y Castilla y León.

En el caso de Extremadura fueron 44.600 toneladas de nitrogenados (el 4,1% del total nacional), 19.300 toneladas de fosfatados (un 4,4%) y 32.400 toneladas de potásicos (el 8,8%). Sin embargo, la tendencia con respecto a la media nacional ha sido inversa, ya que con carácter general la venta de nitrogenados ha caído en esta región con respecto a 2016, en particular el 8,4% en nitrogenados y el 15,6% en fosfatados. Solo en el caso de los abonos potásico se ha experimentado un incremento del 7,2%. El aumento de la demanda a nivel global, entre otros factores, ha presionado al alza a los precios. Los agricultores han manifestado su preocupación por este repunte, que ha situado el precio de los abonos nitrogenados un 10% por encima que en 2017, pagando en el momento actual 220 euros por tonelada, 20 euros más que el pasado año. Según los cálculos de Asaja, supone para una agricultor con 200 hectáreas de secano un sobre coste de 1.200 euros anuales. El problema es importante, ya que los fertilizantes minerales suponen para un agricultor de secano un porcentaje medio del 40-50% de sus costes de explotación.

Las organizaciones agrarias europeas, a través del Copa-Cogeca, reclaman la supresión de unos aranceles implantados hace 23 años para proteger a la industria europea, pero que de forma clara perjudican al agricultor que, sin embargo, vende sus producciones a precios de mercado internacional.

Por otro lado, en paralelo se está debatiendo la propuesta de reglamento de la Comisión Europea sobre comercialización de los productos fertilizantes. La industria ha manifestado que tal como se ha planteado dificultaría el uso directo como fertilizante de algunos subproductos industriales, así como su utilización en la fabricación de nuevos abonos, tal como se hace hasta la fecha. Un ejemplo es el sulfato amónico obtenido en el proceso de fabricación de un precursor del nylon (la caprolactama), que necesitaría una nueva certificación. Ello supondría un nuevo coste y más tiempo de gestión administrativa.

Uno de los argumentos esgrimidos por la industria de fertilizantes es que en caso de aprobarse dificultaría la valorización de los subproductos industriales y por tanto iría en contra de la estrategia europea de economía circular. Una explicación cogida con pinzas, ya que los fundamentos de economía circular nunca pueden menoscabar la seguridad medioambiental y sanitaria, que debe mantener los más altos estándares de exigencia. Sin embargo es importante de cara a la simplificación y al mejor funcionamiento del mercado, que la imposición de nuevos procedimientos se fundamente en argumentos científicos, evitando una sobre regulación ideológica. Es ahí donde la industria debería actuar, acreditando su demanda con las posiciones científicas de los diferentes organismos competentes.

Por otro lado, no se puede olvidar que cualquier incremento de costes en la industria puede ser repercutido en el valor del producto, lo que volvería a recaer en los agricultores.

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