El surco y la ubre en agosto

Agricultor trabajando.
Agricultor trabajando. / HOY
LA DESBROZADORA

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Desde que escribo en los periódicos, cada vez que he hecho un reportaje sobre un agricultor o un ganadero, he escuchado esta frase tan recurrente como cierta: «Ya sabe usted que en el campo no hay vacaciones ni días de fiesta». Qué gran verdad sobre todo en verano, cuando las labores del huerto o la finca y el cuidado del rebaño, la manada o la piara exigen más dedicación.

Este mes de agosto, mientras media Extremadura se va a la playa, la garganta o la piscina, al tiempo que quien más quien menos se hace una escapadita, el agricultor y el ganadero son más esclavos que nunca porque es tiempo de cosecha y de cuidados intensivos del ganado por aquello de la falta de agua, la necesidad de pienso y otras particularidades provocadas por el estío. Cuando un agricultor o un ganadero veranean es porque hay alguien que le hace el trabajo y lo sustituye ordeñando, alimentando, pastoreando, regando... A la vuelta, el veraneante hará lo propio con el colega para facilitarle unos días de descanso.

Hay pocos trabajos que esclavicen tanto como el campo, donde ni el surco ni la ubre entienden de domingos ni estaciones. Se dice que agosto es un mal mes para enfermar o hacer gestiones porque los hospitales, las oficinas y casi todo funcionan al ralentí por los turnos de vacaciones. En el campo, no saben qué es funcionar al ralentí y quien hace turnos y sustituye al amigo, ha de trabajar exactamente el doble.

Fotos

Vídeos