La superficie de higueras crece un 14% en un año gracias al regadío

Higueras en intensivo en una parcela situada en el término municipal de Guareña, en las Vegas del Guadiana / BRÍGIDO

Los buenos precios por la alta demanda animan a la expansión de este frutal en Extremadura, primera productora del país

Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

El cultivo de la higuera vuelve a resurgir en Extremadura. A finales de la década de los noventa este frutal entró en declive en la región. A partir de 2013 se ha empezado a ver una recuperación que singularmente se puede constatar a partir de 2015. Sube el número de hectáreas y se consolidan los buenos precios pagados a sus productores. El dato más significativo para ese diagnóstico de crecimiento se resume en que 2017 acabó con 715 hectáreas más sembradas respecto a la cifra oficial del 2016. Se ha pasado de 5.109 hectáreas en nuestro territorio a 5.824 (un crecimiento del 13,99%). Mientras, el total nacional de hectáreas de higueras se situó en 13.564 (12.613 en 2016) según información de la Consejería de Medio Ambiente y Políticas Agrarias. Ese apreciable aumento se explica básicamente en que cada vez son más los agricultores que plantan higueras en superficies de regadío reservadas antes a otros cultivos.

Extremadura copa el 43% del cultivo de higo en España. Es la primera productora del considerado como frutal más antiguo del mundo. Andalucía y Baleares están prácticamente igualadas en el segundo puesto pero a muy larga distancia: 19%. De otra parte, España es el mayor productor de higos del territorio de la Unión Europea. Su gran competidor fuera del ámbito comunitario es Turquía.

«Sea en sistema intensivo en zonas tradicionales de regadío como las Vegas del Guadiana, en superintensivo o con goteo en parcelas de secano donde hay higueras desde hace muchos años, el cambio es evidente. Cada vez se están plantando más este tipo de frutal aunque, hay también hay que decirlo, de forma moderada», explica Alfonso Cruz, administrador único de la empresa hortofrutícola del mismo nombre.

El 43% del higo producido en España es extremeño y nuestro país es el referente productor de la UE

Ubicada en el municipio pacense de Villar de Rena, en las Vegas Altas, la sociedad Alfonso Cruz SL se dedica a la elaboración y comercialización de higos secos y derivados bajo la marca Villacruz desde 1986. Hasta hace poco tiempo se centraba en comprar higos a los agricultores para después elaborarlos, pero acaba de sembrar 200 hectáreas en Zorita (a unos 28 kilómetros, ya en la provincia de Cáceres) para conseguir producción propia. Contará con sus frutos en un par de años.

Se conocen más de 600 especies diferentes de higo pero la que domina ampliamente en Extremadura, en higo seco, es la calabacita, que se cosecha a partir de agosto. En cuanto a las variedades de higo fresco, entre junio y julio, destacan las de San Antonio, cuello dama negro o tiberio.

En abril la Junta presentó la marca 'Higo de Tiberia Barcarrota' como primera marca de garantía de Extremadura para incentivar la calidad del frutal en este municipio pacense. Engloba a las variedades más significativas de Barcarrota, la tiberio (lampaga) y San Antonio.

Rendimiento

En los últimos tiempos la tendencia, aunque de forma modestísima, es intentar producir más higo fresco. El mercado lo reclama y, como ocurre con el higo seco, se paga bien por él a los agricultores, aunque lo que le cuesta al consumidor en una tienda o en un supermercado por este producto es más del doble de lo que percibe el agricultor.

«El problema del higo fresco es que es especialmente perecedero, apenas puede estar unos días sin consumir. Lo ideal es se coja del árbol y se consuma en uno o dos días. No se ha establecido un sistema que permita esa refrigeración de forma general y que se coloque rápidamente el producto en el mercado. Por eso sigue siendo muy mayoritario el higo seco», remata Cruz.

Los datos dicen que la región produce 20 millones de kilos al año, pero los agricultores reducen la cifra

«Tener agua es la clave. Yo las he tenido (higueras) toda la vida pero eran pocas. Me centraba en el tomate. Eso ha cambiado desde hace algunos años. Me incliné por poner higueras en intensivo, en tierras de regadío, por las buenas perspectivas. Hasta ahora esas buenas previsiones se están cumpliendo», indica José Pérez Salguero, de 47 años. José es un agricultor de Guareña, uno a los que vende higos a la central radicada en Villar de Rena.

Cuenta con 34 hectáreas de higueras en intensivo, una cifra bastante importante para un subsector frutícola en el que no abundan las grandes superficies de cultivo por agricultor y mucho menos cuando se trata de hacerlo en regadío.

Unas 800 plantas por hectárea calcula Pérez que le permite desarrollar el sistema de riego intensivo instalado en su finca guareñesa de Las Rozas, próxima a la carretera que conduce a Don Benito.

Un sistema de riego que al tercer año de plantar el árbol empieza a dar fruto. «Con el regadío se incrementa mucho la cantidad de kilos. Si no hay cosas raras del tiempo, en condiciones normales se pueden conseguir entre 5.000 y 6.000 kilos por hectárea, más del doble que una de secano. Sin riego no eres competitivo», sentencia.

Nuevo higueral con gomas de goteo y junto a un pozo en la salida de Guareña
Nuevo higueral con gomas de goteo y junto a un pozo en la salida de Guareña / BRÍGIDO

Con las 5.824 hectáreas del año pasado en Extremadura se ha rondado la cifra de los diez millones de kilos, casi en su totalidad de producto seco, en nuestro territorio. Se trata de una cantidad bastante superior a la media de los últimos años, que era de unos seis o siete millones de kilos. Agricultores y empresas transformadoras no se creen el dato de la Administración, tanto de la Junta como del Ministerio de Agricultura, de que la campaña de 2017 cerró con 18 millones de kilos de higos, sumando seco y fresco, en la región. «Lo dirá la estadística oficial pero no me lo creo a pesar de que hay más superficie. Hay más hectáreas, sí, pero muchas por nuevas plantaciones que no pueden dar una gran cosecha de forma inmediata», justifica Alfonso Cruz.

A pesar de esta discrepancia sobre datos finales de producción, la realidad innegable es que está aumentando y de forma más repartida este frutal por la región. Antes, además del entorno de Barcarrota y La Vera, el gran núcleo estaba en el cacereño municipio de Almoharín. A través de la cooperativa Regadhigos se producen unos 800.000 kilos de higos secos anuales. Ahora se ha ampliado a más municipios.

«Yo no tengo más de cuatro hectáreas en secano y el año pasado me pagaron 1,50 euros el kilo. Es un muy buen precio. Pero si tuviéramos agua podríamos aumentar mucho las producciones y seguramente también la calidad, y eso que el higo calabacita que hacemos ya la tiene», añade Miguel Bastida, agricultor de Torre de Miguel Sesmero.

«Hay demanda. Cada vez se consume más higo seco y también fresco por las buenas características del frutal. Notamos no solo que la demanda es exterior sino también cada vez es más alta dentro del mercado nacional. Eso abre unas grandes perspectivas pero tenemos que seguir haciendo lo que hasta ahora. Poner en hectáreas con riego, en intensivo, y no volverse loco en cuanto a mucha superficie», incide Cruz.

«Algunos piensan que puede pasar como con el almendro, que se ha sembrado muchísimo en los dos o tres últimos años en Extremadura porque se pagaban unos precios extraordinarios. Pero en la pasada campaña ya se notó un descenso gordo de lo que se ha pagado al agricultor por la almendra. Los productores de higo no estamos así. Y no me veo a la gente sembrando higueras de forma exagerada», comenta José Pérez.

«Sembrar higueras es sembrar un frutal más. Y se busca lo mismo. Más calidad y más producción. Es un cultivo más resistente, no necesita tantos tratamientos y cuidados y, sobre todo, es un complemento perfecto a otras producciones, no un cultivo principal en la inmensa mayoría de las explotaciones de los agricultores», dice Alfonso Cruz.

Como cualquier otro frutal genera mucha mano de obra por su recolección, algo positivo para los municipios. «Es un cultivo muy social», concluye Fernando Trejo, alcalde de Torre de Miguel Sesmero.

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