Sequía y restricciones de riego

ANÁLISIS AGRARIO

La sequía en España está siendo particularmente intensa este año. Se ha abierto el debate sobre la necesidad de restringir el agua para la agricultura y así poder garantizar el abastecimiento a la población. Pero estas restricciones deberían hacerse de forma racional. Según Apag-Asaja, en la región la sequía está provocando pérdidas que rondan los 450 millones de euros

JUAN QUINTANA

El cambio climático afecta al futuro de los recursos naturales del planeta y por lo tanto a su supervivencia. El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graciano da Silva, ha vuelto a recordar que esta perturbación de la naturaleza también arrastra a millones de personas a la inseguridad alimentaria, a la malnutrición y a la pobreza. A día de hoy queda claro que la preocupación por este grave y decisivo problema, que condiciona la propia existencia de nuestra sociedad tal como la conocemos, no se está siendo abordado de forma solidaria y no se rema en la misma dirección. De esta manera, parece un reto inalcanzable que se pueda eliminar la amenaza, o al menos paliar y retardar sus efectos. Para parte de los grandes gobernantes mundiales, prevalecen criterios de gestión política y económica en el corto y medio plazo. Un error que es posible no tenga demasiadas consecuencias para las generaciones actuales, pero quedan pocas dudas de que lo tendrá en las venideras.

También el sector agrícola contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero, en concreto una quinta parte provienen de él. Por tanto, es un error mirar para otro lado o intentar justificarlo con argumentos como su indudable contribución a la conservación de muchos espacios rurales o el propio compromiso de agricultores y ganaderos con su medio de vida. Tampoco la aplicación de útiles tecnologías va a acabar con el problema, aunque indudablemente ralentice su impacto.

Además de las crisis políticas y económicas, las grandes sequías que se extienden cada vez más, han contribuido a que, por primera vez en la última década, haya aumentado el número de población subalimentada, alcanzando la cifra de 815 millones de personas.

En España, la sequía también está siendo particularmente intensa este año. Se ha abierto el debate sobre la necesidad de restringir el agua para la agricultura y así poder garantizar el abastecimiento a la población. La realidad es que el 80% del consumo de agua proviene de la agricultura, por lo que a pesar del daño que puede representar para parte de las producciones, es razonable que esta alternativa sea considerada y, llegado a un punto, aplicada. Hay que considerar que las restricciones en el consumo humano, que sin duda se producirán si no revierte el actual régimen pluviométrico, tendrán escaso efecto global cuando la propia sequía previsiblemente empujará a los agricultores a aumentar los riegos. Sin embargo, las restricciones se deberían planificar de forma racional. Determinados cultivos como los de invernadero, con sistemas eficientes de goteo, los de frutales o los riegos de refuerzo del viñedo, solo por poner algunos ejemplos, son necesarios y no existen alternativas. Diferente situación son los casos de otros cultivos en extensivo de carácter anual, menos eficientes y con mucho más alto volumen de consumo. Además, en muchos casos y sabiendo de antemano que se pueden producir restricciones en el uso de agua de riego, se pueden buscar alternativas de cultivo, por lo general, aunque menos rentables para el agricultor.

En todo caso, la mejor solución, aunque no depende de la administración ni del administrado, es que vuelva la lluvia, y que lo haga de una forma sostenida y abundante.

En el caso de Extremadura, Apag-Asaja estima que la sequía ya está provocando pérdidas en el sector que rondan los 450 millones de euros. Los principales perjudicados son los cereales de invierno y las explotaciones ganaderas en extensivo, que no solo han perdido pastos, sino que en algunos casos, tienen limitaciones de acceso a agua potable. Otros cultivos también se ven perjudicados, como es el caso de la vid y el olivo. En el primer de ellos la producción se ha visto reducida, al igual que en el resto de España. En el caso del olivar, la cosecha, que se preveía buena, está dando frutos de pequeño calibre, por lo que también se prevé una merma en el volumen de la producción regional.

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