Más rigor y garantías para los productores ecológicos

El 1 de enero de 2021 entrará en vigor el nuevo reglamento europeo sobre la producción ecológica y su etiquetado

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

Los más de 2930 operadores ecológicos de Extremadura llevan muchos años pendientes y preocupados por la revisión de la norma de producción ecológica y su etiquetado. Por fin ha llegado, y será a partir del 1 de enero de 2021 cuando entre en vigor el nuevo reglamento, que ha sido aprobado definitivamente por los Estados miembros.

El camino ha sido largo y tortuoso. Han sido más de seis años en los que el sector de la producción ecológica ha peleado para evitar un excesivo encorsetamiento de su modelo productivo, que temía pudiera llegar a hacer inviables muchas explotaciones. Hay que recordar que esta revisión regulatoria no surge por una demanda del sector productor, que se sentía cómodo. Fue la propia Comisión Europea, consciente de la existencia de lagunas en el modelo anterior que no permitían garantizar la trazabilidad de todos los productos y, por tanto, asegurar al consumidor el carácter ecológico de cualquier alimento que adquiría con este marchamo. Es por tanto una norma que con carácter general, nace para proteger al consumidor, obligando al productor.

Por otra parte, el continuo crecimiento de la producción ecológica y de su consumo hacía todavía más necesaria esta revisión. De hecho, algunas grandes empresas de distribución del centro y norte de Europa ya han anunciado en los últimos meses que en los próximos años la mitad de los productos frescos ofertados en sus lineales serán ecológicos, lo que es sin duda un síntoma de hacía donde se dirige el consumo.

Son dos años y medio para adaptarse a los nuevos requisitos, para algunos de los cuales será poco; por ejemplo, la supresión de fitosanitarios de síntesis utilizados en la actualidad en el sector ecológico, como son los compuesto derivados del cobre. Es el caso de fungicidas, como el oxicloruro de cobre o el popular sulfato de cobre, también llamado caldo bordelés. La búsqueda de alternativas y su posterior aprobación no va a ser un proceso sencillo ni corto.

La limitada disponibilidad de semillas ecológicas ha supuesto un importante escollo para la óptima trazabilidad del alimento ecológico. Se aprobaban con demasiada frecuencia autorizaciones excepcionales para el uso como ecológica de semilla convencional. Esta situación supone un problema principalmente para los productores hortícolas, al ser grandes exportadores a los exigentes mercados europeos y no poder garantizar, hasta la fecha, el uso permanente de semilla ecológica. Ahora se va a exigir que toda sea ecológica, aunque con un largo plazo para su completa aplicación, hasta 2035. Por otro lado, con esta nueva norma se va a poder utilizar y comercializar el llamado material heterogéneo (semillas locales), con requisitos menos estrictos, pero suficientemente razonables como para no perder el control de la producción y alterar el mercado de la obtención vegetal. En todo caso, requisitos que todavía deberán ser establecidos y regulados.

Un cuestión que ha sido resuelta para los pequeños agricultores ecológicos es el poder solicitar una certificación grupal, lo que permite el ahorro de tiempo y dinero. También han podido evitar la supresión de las explotaciones mixtas, aquellas que tienen producción ecológica y convencional a la vez. Esta hipotética prohibición podría haber generado importantes dificultades en aquellas explotaciones que también disponen de ganado de ocio. Esta decisión mantiene una situación de conflicto que podría favorecer la picaresca e incluso el fraude, ya que camuflar la contaminación dentro de la propia explotación es más fácil que entre diferentes. El problema nos son las distancias de seguridad entre cultivos, que son fáciles de controlar, sino el riesgo de contaminación en almacén o en maquinaria de tratamiento agrícola.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos