El olivar ya es el segundo cultivo con más hectáreas en regadío

Olivos en riego en las proximidades de Mérida. :: BRÍGIDO/
Olivos en riego en las proximidades de Mérida. :: BRÍGIDO

Ni el arroz, ni el tomate, ni los frutales. Solo un cultivo está por debajo del maíz en cuanto a superficie sembrada en regadío. Y se trata de un cultivo tradicionalmente de secano pero que en el último lustro ha experimentado un crecimiento espectacular ya sea en intensivo o superintensivo. Hablamos del olivar.

Los últimos datos estadísticos completos, referidos al cierre del año 2016, indican que en Extremadura el olivar con riego ocupaba ya el 18% de la superficie total. Es lo que aparece en la encuesta sobre superficies y rendimientos de cultivos del Ministerio de Agricultura. En número de hectáreas, ese 18% se traduce en 48.651 hectáreas repartidas por toda la región. El maíz es el primer cultivo en regadío toda vez que ocupa el 21% de la superficie, 54.783 hectáreas.

Tras maíz y olivar, aparece la superficie destinadas a praderas (11%, 28.200 hectáreas); el viñedo (9%, 24.965 has.); el tomate (8%, 22.726 has.); el arroz (8%, 22.518 has.); o los frutales no cítricos, esto es, ciruela, nectarina, melocotón... (7%, 18.861 hectáreas). El total de hectáreas en regadío en Extremadura, sumando todos los cultivos, ascendió a 267.423 en 2016.

El incremento del olivar en intensivo o superintensivo tiene varios motivos. Según valora Ignacio Huertas, secretario general de la organización agraria UPA-UCE, el auge de precios en los últimos años de la aceituna para almazara o para mesa del olivar de regadío «ha ido muy en paralelo a los costes, es decir, se han pagado unos precios más que razonables para hacer frente a los costes. La producción mundial ha sufrido bajadas y eso ha motivado que se haya optado por sembrar bastante olivar de regadío en la región para hacer frente a esa demanda».

Del mismo modo, Huertas incide que el olivar intensivo y superintensivo plantea una más que interesante rentabilidad, «aunque se haya reducido un poco en los últimos meses», y también conlleva una estabilidad «porque es tan competitivo que ya quisieran para sí otros cultivos de regadío que viven altibajos tremendos como pueda ser el arroz, el maíz o los propios frutales. La estabilidad es algo que se valora muchísimo en el campo y eso ahora lo aporta en buena medida el olivar de regadío».

Para los productores de aceitunas o aceite a través del sistema intensivo o superintensivo les beneficia igualmente que sea un cultivo muy mecanizado, en el que, al ahorro de costes en personal, se le suma otra ventaja. «Con este tipo de cultivo no hay problemas a la hora de encontrar mano de obra para recoger el producto y eso es un alivio tremendo para el agricultor», remacha el dirigente agrario.

La superficie del olivar en regadío va a seguir ganando terreno a la del olivar de secano, que sigue siendo aún mayoritario en Extremadura y, además, tiene importancia estratégica en zonas como Las Hurdes o la Siena de Gata. Proyectos generales como el regadío de Monterrubio de la Serena, cuyas obras comenzarán el próximo año según la previsión de la Junta, tienen buena culpa de ello. En Monterrubio, una de las grandes zonas de producción de aceite de la región, se van a invertir 17 millones (el 75% de ese dinero lo pone la Junta) para poner en riego a 1.200 hectáreas.

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