UN MÉTODO ANTIGUO PERO POCO EXPLOTADO

La lombricultura no es algo nuevo. De hecho, en el antiguo Egipto ya se consideraba a la lombriz un animal muy valioso. En la antigua Grecia, Aristóteles, en su obra 'Historia Animalium', no solo trató la primera clasificación de estos seres vivos sino que enunció que estas especies eran los intestinos de la tierra y que contribuían a su productividad.

Luego fue Charles Darwin el que se centró en ellas y escribió el libro 'La producción de tierra vegetal por medio de las lombrices'. En él ya plasmaba sus estudios. Investigaciones que se han continuado haciendo con el paso del tiempo y que han dado como resultado los beneficios de este método para conseguir abono natural.

Sin embargo, en España no son muchas las empresas que se dedican a este ámbito con las lombrices como protagonistas. No superan el medio centenar de explotaciones. Según Luis Fernández Brugos hay un total de 42 y entre todas producen aproximadamente 25 millones de kilos de humus de lombriz al año.

Por su parte, en la región extremeña hay tres empresas que se dedican a ello y se estima que su producción llega a los cuatro millones de kilogramos anuales.

Brugos destaca que esas cifras aumentarán en los próximos años porque el «negocio es rentable» y los beneficios de este producto son muchos. «El humus de lombriz no sólo alimenta a la planta, también la fortalece y protege frente a plagas, heladas y enfermedades. Las cosechas se incrementan como mínimo un 50 por ciento. Además, regula el PH del suelo, lo descontamina, no huele y no aloja parásitos perjudiciales, sino millones de elementos beneficiosos para el terreno como zinc, hierro, plomo, boro, magnesio, manganeso, siete veces más de nitrógeno que el estiércol, seis más de potasio y cinco más de fósforo», concluye.

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