El guardián de la dehesa

El toro bravo protege 1,4 millones de hectáreas de la dehesa extremeña

El guardián de la dehesa
Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

Sin el toro no estaría tan bien conservada la dehesa. Y habría menos». La afirmación es de Borja Domecq Noguera, de 44 años. Su empresa agroganadera se denomina Agrícola Borja Domecq SL aunque sin duda se le reconoce más por ser el representante de unas de las ganaderías con más lustre del país, la de Jandilla. «El toro es el guardián de la dehesa», remata su reflexión mientras enumera los beneficios que tiene la a cría de ganado bravo para el sistema adehesado y, en general, el medio ambiente.

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«Con ellos se quita la posibilidad de una dehesa asalvajada», remarca Cipriano Píriz, de 69 años, miembro de una ganadería oliventina de más de 50 años de existencia. Ganadero desde los 16 años, Píriz sostiene que el toro mantiene la dehesa «intacta, en su estado natural» y que todo aquél que se decide ganarse la vida con ganado bravo «está loco».

Lo argumenta Píriz en el alto coste que supone para un ganadero el toro bravo, más aún cuando se han enlazado una crisis económica general con una sequía devastadora en Extremadura en el último trienio que ha encarecido la alimentación de este ganado.

Las reses corren 3,5 kilómetros dos o tres veces a la semana y comen cereales para ser fuertes

Kiko Terrón, de 36 años, natural de Badajoz y sobrino del ya fallecido Luis Terrón, ganadero de Higuera de Vargas que da nombre a su ganadería, pone cifra concreta a ese coste. «En mi caso entre 2.500 y 3.000 euros desde que nace hasta que se envía a una plaza de toros una res de casi cinco años. Desde luego ganas mucho más si te dedicas al ganado manso. Pero los que nos dedicamos al toro de lidia lo hacemos en buena medida por romanticismo porque si se pensara solo con la cabeza y no con el corazón....», dice.

«Desde el año 2007 hasta ahora han caído a la mitad los festejos taurinos en España. Es decir, hay bastantes menos oportunidades de sacar tu ganado», expresa Terrón.

La producción de la raza de lidia se extiende por España, Portugal, sur de Francia, México, Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela. Y la crianza del toro se extiende por 540.000 hectáreas de dehesa en la Península Ibérica, definidas por la UE como espacios de alto valor natural. Esto es, como garante de preservación de un ecosistema único y un ejemplo de biodiversidad.

En los últimos años ha descendido el número de ganaderías y de reses al igual que los festejos

El ganado bravo forma parte de una sistema de crianza extensivo y respetuoso con el medio ambiente. Dispone de mayor extensificación que otras razas bovinas (cerca de dos hectáreas por cabeza en el caso de las ganaderías que conforman la Unión de Criadores de Toros de Lidia) y tiene menos impacto sobre su hábitat que otras especies como el cerdo o la oveja, se subraya desde esa asociación.

En Extremadura, según datos de la Junta, hay 1,4 millones de hectáreas de superficie adehesada. La comarca agraria con mayor número de hectáreas es la de Cáceres, con 155.000, seguida de la de Jerez de los Caballeros, con 132.000 y la de Navalmoral de la Mata, con 108.000.

En cualquiera de las 23 comarcas agrarias extremeñas, apunta la Consejería de Políticas Agrarias, hay hectáreas de dehesa. La que tiene menor presencia es la de Don Benito, con 15.500 hectáreas.

Alimentación y ejercicio

«¡Qué sería de la dehesa sin los toros!. Me cuesta pensar alguien que la cuide no igual sino mejor que los ganaderos de toro bravo. Las ganaderías de lidia son una barrera frente a los incendios por la limpieza del matorral o por la constante vigilancia del ganado. Esto es incalculable», enfatiza Borja Domecq, con dos fincas en suelo extremeño. Una, de 700 hectáreas en el término municipal de Mérida, a 8 kilómetros del casco urbano. Se llama Don Tello. La otra se denomina Los Quintos y está en Llerena, en el sureste regional.

En la finca emeritense, Ángel Pérez Trinidad, su mayoral, realiza día tras día un ritual para cada una de las 450 reses que se crían en Don Tello. Las hay de todas las edades: añojos (becerros de uno a dos años); erales (novillos de entre dos y tres años); utreros (que ha cumplido los tres años) y cuatreños (toros de cuatro años). Lo normal es que con dos años y medio las hembras se lleven a la tienta donde se evaluará si cuentan con la bravura requerida.

Toros de la ganadería de Jandilla en la finca de Don Tello, en Mérida.
Toros de la ganadería de Jandilla en la finca de Don Tello, en Mérida. / Brígido

«Todos los días hago un repaso visual, vemos si están enfermos o no, se le echa comida, bebida, se le hace el obligado saneamiento ganadero. Todo eso y algo más», empieza a relatar al equipo de HOY este trabajador que acumula dieciocho años seguidos de experiencia profesional con el ganado bravo.

Cada animal, calcula, necesita unos 30 litros de agua de media (cantidad que se dispara obviamente en verano) y unos 7 kilos de pienso/cereales, porque «la hierba de una finca nunca es suficiente, ni siquiera cuando hay mucha, para la alimentación. Un toro bravo necesita comer cereales para que sea fuerte», agrega Pérez, de 49 años, mientras enseña los ejemplares que participarán en un festejo para las Fallas en Valencia, el 11 de marzo, o los que irán a San Isidro de Madrid en mayo.

Son animales a los que se les entrena al trote y galope para que tengan fondo físico y resistencia. «Dos o tres veces a la semana corren 3,5 kilómetros al día. Estos animales hacen ejercicio, no se pasan el día solo comiendo como otros», esboza el mayoral con una amplia sonrisa.

Recalca Pérez que la producción de toro de lidia es la más costosa que existe por su largo ciclo productivo superior a los cuatro años. «El sistema de explotación de la dehesa para el toro bravo es muy distinto al del manso. Este requiere menos gastos de personal, y normalmente está en peores fincas», agrega Píriz, quien ya ha dejado de criar toros de lidia para centrarse en reses para festejos populares como novilladas sin picadores o vaquillas y, además, en la cría y comercialización de porcino.

Vacunación de una res, una de las tareas habituales.
Vacunación de una res, una de las tareas habituales. / Brígido

«En los últimos años han desaparecido bastantes ganaderías, muchas de ellas de toda la vida. También se han mandado muchos toros al matadero, básicamente de gente que se había metido en el toro de lidia pero que no era del sector. Gente como constructores , con dinero antes de la crisis y que, como sucedió con los cochinos, también pusieron dinero en la cría de toros. Ahora ya no están», indica Kiko Terrón.

«Es increíble lo que está pasando en los dos últimos años con la sequía. Escasez de pastos, de forraje. Les hemos tenido que echar mucho heno, maíz, avena.... Pero tengo claro que solo la crisis o la sequía no explica por qué muchas ganaderías de toro de lidia han desaparecido. Una parte lo puede explicar pero hay otros factores», apostilla Cipriano Píriz.

«Al ganadero de toda la vida se le han juntado los inconvenientes y han ido jugándosela. El ganadero grande se ha ido comiendo al chico», especifica el oliventino, que sentencia: el ganadero de toro bravo que cierra una explotación no vuelve a abrirla. «Eso está clarísimo», subraya.

Otros aprovechamientos

«El ataque furibundo a todo lo que se vincula al toro también explica que haya menos ganadería y reses», tercia el ganadero de Jandilla, quien insiste en que para tener ganado bravo «hay que tener entre otras cosas vocación, porque muy pocos valoran nuestro esfuerzo para el mantenimiento de una raza y de un ecosistema tan importante como es la dehesa», sostiene Domecq.

En medio de este complicado contexto, los ganaderos de reses bravas intentan compatibilizar sus explotaciones con otras producciones. «Tengo también cochinos como casi todos los ganaderos de reses bravas. Es un buen complemento», avanza Terrón. El pacense muestra otros caminos para intentar sacarle rentabilidad a una explotación de toros.

De un lado, potenciando el valor gastronómico de sus carnes. La carne de lidia se presenta como muy sana y saludable por su bajo contenido en grasa. Además de un enriquecimiento en los ácidos grasos poliinsaturados muestra un elevado contenido en ácido oleico.

Ejemplares que se lidiarán este año en San Isidro.
Ejemplares que se lidiarán este año en San Isidro. / Brígido

De otra parte está la vertiente hostelera o turística de los negocios de reses bravas. Es el caso de Terrón. Su empresa organiza bodas y otras celebraciones en su finca Los Fresnos. «Es otra faceta más. Supone una ayuda más para la empresa pero no la principal», puntualiza.

El turismo de ganaderías o taurino «está bien y parece que cada vez más se consolida pero es complementario a nuestro trabajo principal, que desde luego es más complicado que organizar bodas en fincas u organizar rutas taurinas», concluye el ganadero pacense.

«Nuestra actividad es la ganadera. Y una actividad que pone en valor y protege como pocas un ecosistema excepcional como la dehesa. Eso en Extremadura se entiende de manera general, quizás no en otros sitios de España. También tengo claro que las dehesas solo las vamos a cuidar los ganaderos y los cazadores porque nuestra actividad está en ellas. No se cuida en una dehesa dejándola a la mano de Dios y yendo los fines de semana a dar un paseo por ellas», rubrica Borja Domecq.

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