LA GUARDIA CIVIL DEL CAMPO

Uno piensa en el Seprona y se imagina a dos guardias civiles en moto recorriendo las dehesas en busca de animales muertos o construcciones ilegales

J. R. ALONSO DE LA TORRE

Uno piensa en el Seprona y se imagina a dos guardias civiles en moto recorriendo las dehesas en busca de animales muertos o construcciones ilegales, pero nunca se imaginaría a una pareja de guardias entrando en un sex shop para controlar la venta de sucedáneos ilegales de Viagra. Hasta hace unos meses, el Seprona controlaba los medicamentos humanos, ahora solo controla los medicamentos veterinarios y ya no veremos a sus agentes en un sex shop, pero no se imaginan la de funciones de control que realiza lo que conocemos como la Guardia Civil del campo.

El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) es una especialidad de la Guardia Civil creada en 1998 y reorganizada en el año 2000. Su misión es velar por la conservación de la naturaleza, evitar las agresiones al medioambiente y preservar las especies protegidas. Pero estas misiones abarcan un campo tan amplio que provoca admiración. Investigan las causas de los incendios forestales y persiguen a los incendiarios, denuncian el maltrato de animales, los usos de venenos, los daños en el patrimonio histórico, vigilan las canteras y los vertidos, el transporte de mercancías peligrosas o cómo se reciclan los residuos contaminantes de las tiendas de limpieza en seco. Su trabajo abarca desde las denominaciones de origen protegidas hasta los residuos electrónicos de frigoríficos y televisores, las plagas, las talas, el turismo activo, el furtivismo, las obras en el Camino de Santiago, etcétera. No, el Seprona no es solo una pareja de guardias en moto por la dehesa.

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