Fresas de Huelva con pasaporte extremeño

Fila de trabajadores en la nave de Tornavacas haciendo manojos de plantas de fresas. :: DAVID PALMA/
Fila de trabajadores en la nave de Tornavacas haciendo manojos de plantas de fresas. :: DAVID PALMA
HOYAGro

Durante la campaña de otoño, por el norte de la región pasan cada año unos 18 millones de plantas que se seleccionan y empaquetan con dirección a Andalucía y Marruecos

José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

Una etiqueta en las cajas de madera certifica que los manojos han pasado por Extremadura, especificando si lo han hecho por el centro de procesamiento de Jerte o por el de Tornavacas, antes de llegar a su destino final, que suele ser Huelva. Cada otoño, unos 18 millones de plantas de fresas salen de estas localidades del norte de la región para ser plantadas en terrenos cálidos donde dan sus dulces frutos.

Se trata de una campaña de trabajo corta, entre 18 y 22 días, en lo que a Extremadura ser refiere. Esto se debe a que aquí solo se realiza la labor de selección y no hay trabajo en el campo. Las plantas llegan de zonas frías y se manipulan hasta dejarlas listas para ser colocadas en las zonas de cultivo.

El proceso que se realiza en las instalaciones del Valle del Jerte consiste en desechar las plantas que no sirven y limpiar las que son válidas para retirarle todos los elementos externos y las hojas. Se deben dejar las raíces y una pequeña parte del tallo. «Cada planta debe tener diez raíces radiculares y el grosor del cuello no ser inferior al de un cigarrillo», explica Miguel Ángel Rodríguez, responsable de los centros extremeños, que dependen de la empresa Viveros California.

«La gente del Valle del Jerte está acostumbrada al trabajo con las manos por las cerezas y son muy eficaces en esta tarea»

«La gente del Valle del Jerte está acostumbrada al trabajo con las manos por las cerezas y son muy eficaces en esta tarea» Miguel Ángel Rodríguez, Responsable de los centros

En estos lugares trabajan entre 145 y 150 empleados durante las tras semanas que se prolonga la campaña. El trabajo es duro y los peladores, como se denomina a los encargados de las labores de selección, están a destajo, lo que significa que cobran dependiendo de su productividad. Cada uno de ellos, unos 105 en total, dispone de un espacio dotado con una cuchilla fija en una mesa larga ubicada en una nave.

Su tarea consiste en hacer manojos de diez plantas, todas con las características mencionadas, e introducirlos en las cajas de madera que tienen a su lado. Al mismo tiempo van retirando todo lo que no es válido para el mercado. «La planta debe tener fortaleza, por eso hay algunas que no sirven para la venta aunque terminarían dando fruto, pero sería en más tiempo o de menor calidad», detalla Rodríguez. La explicación de una selección tan escrupulosa es sencilla: los agricultores demandan variedades tempranas, ya que las primeras frutas son las que alcanzan un mayor precio en los comercios, y una mata más fuerte tendrá producción más pronto.

Manojo de plantas de fresas antes de introducirse en las cajas:: D.PALMA
Manojo de plantas de fresas antes de introducirse en las cajas:: D.PALMA

Con 50 manojos se completan las cajas y a cada pelador se le exige un mínimo de ocho al finalizar la jornada. Si bien, a los que carecen de experiencia se les facilita un periodo de adaptación para que se acostumbren y vayan mejorando sus números y, a la vez, su remuneración. Sin embargo, la media es muy superior y se sitúa entre 16 y 18 cajas. O lo que es lo mismo, entre 8.000 y 9.000 plantas diarias. Los salarios son muy variables. Para alcanzar los 90 euros diarios los trabajadores deben hacer 20 cajas por jornada. Una trabajadora con una tableta digital va apuntado en tiempo real los envases que completan los peladores y hace una primera revisión de los mismos para comprobar que los manojos están bien hechos.

Es una labor que requiere mucha rapidez y precisión en el trabajo con las manos y ese es uno de los motivos por los que los centros de procesamiento están en el Valle del Jerte, aunque Viveros California tiene otros diez en diferentes provincias. «A la empresa le interesa tener estas naves aquí porque la gente de la zona está muy acostumbrada a las tareas manuales gracias a las cerezas y a que, como la mayoría son explotaciones familiares, se han iniciado en ello desde pequeños», dice el responsable de las instalaciones en Extremadura.

La afirmación de Rodríguez se apoya también en el importante volumen de personas de la comarca que encuentra trabajo en esta campaña. En la provincia de Ávila hay otra empresa que se dedica a las plantas de fresas y todas las mañanas desde el Valle del Jerte salen autobuses, que regresan a última hora de la tarde, hasta la localidad de Niharra para efectuar esta labor en unos centros similares a los que hay en nuestra región.

El resto de trabajadores en Jerte y Tornavacas -en torno a 45- sí está a jornal, tienen un salario fijo, y su función es dotar de plantas las mesas, retirar todo el residuo, controlar el número de cajas que completa cada pelador o llevar éstas a la zona de recogida y empaquetarlas. Todos, jornaleros y trabajadores a destajo, son temporeros y sus contratos solo se extienden durante el tiempo que dura la campaña.

El proceso en las instalaciones extremeñas comienza con la recepción de las plantas, que llegan en camiones frigoríficos y dentro de grandes contenedores desde Castilla y León, donde la empresa tiene sus tierras de cultivo. Allí, el terreno se prepara en febrero y las fresas se siembran en marzo. Tras la fase de crecimiento, que dura más de medio año, se arrancan a últimos de septiembre o primeros de octubre, momento en el que se trasladan a los centros de procesamiento. «Las matas necesitan unas determinadas horas de frío para tener unos buenos condicionantes y reaccionar bien en su destino», responde Rodríguez, ante la pregunta de la procedencia.

Al llegar a las naves, se almacenan en cámaras refrigeradas y a lo largo del día se van seleccionando y preparando para volver a iniciar el viaje. Antes, de dirigirse a la zona de embarque, las cajas se someten a otra revisión. Además, como el sistema de control establecido permite saber qué trabajador ha manipulado esas plantas es relativamente sencillo corregir errores y mejorar el proceso.

En las cajas se pone el etiquetado -«un pasaporte fitosanitario, que nos da la Junta de Extremadura», según el encargado- y se vuelven a cargar en los camiones para dirigirse al destino en el que se plantarán y donde producirán las fresas. «El 90 por ciento van a Huelva y el 10 por ciento restante, a Marruecos», añade Rodríguez.

En la provincia andaluza hay 6.355 hectáreas dedicadas al cultivo de fresas en la temporada 2016/2017, lo que significa una producción cercana a las 350.000 toneladas, según datos de la asociación Freshuelva.

La media de plantas por hectárea fluctúa en función de la variedad y del sistema utilizado, pero se puede cifrar entre 50.000 y 70.000, siguiendo los números que maneja la Junta de Andalucía. Como todos los años se arrancan matas y se plantan nuevas, la demanda de éstas es constante.

Variedades

A lo largo de las tres semanas de trabajo, por las instalaciones extremeñas pasan diferentes tipos de plantas de fresas y fresones. Esa decisión depende de la empresa y de las necesidades que detecte en el mercado. «Hay más de cien variedades y nosotros, en función del año, hacemos cinco, diez o quince, las que nos manden», relata el responsable de los centros del norte de Cáceres.

En la presente campaña comenzaron con la variedad Marisol, un fresón que es de recolección semiprecoz y que está en auge en la actualidad dado que es una fruta resistente a largos viajes y es muy buena para la exportación. «Nosotros estamos encantados con ella, porque es muy buena planta y avanzamos mucho», detallan los trabajadores.

San Andreas y Camarosa son dos variedades de fresas que en este otoño han pasado por las manos de los trabajadores extremeños. También son tempranas y logran una buena productividad, lo que las hace muy apetecibles para los productores. De hecho la San Andreas representa un 7 por ciento del total de la producción en Huelva.

En invierno

Los trabajos de este periodo comienzan en diciembre, ya que las plantas se arrancan a primeros de ese mes, y duran unos 45 días. Solo el centro de procesamiento de Tornavacas está activo en estas fechas y son 72 los empleados que desarrollan las tareas, en las mismas condiciones que en otoño.

Ambas campañas son muy importantes para la comarca y generan riqueza en Extremadura. «Las cajas para las fresas vienen de un negocio de Hervás, se alquilan naves para trabajar, la empresa de transporte es extremeña... Es un buen dinero para la región», concluye Rodríguez.

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