Extremadura, una región surcada por el agua

Más de 5.000 kilómetros de canales y acequias cruzan la región para regar sus campos

Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

Que Extremadura es el territorio con mayor cantidad de agua embalsada de España es bien sabido. Menos conocida es la kilométrica red de canales y acequias imprescindibles para que esa agua almacenada pueda ser utilizada para agricultores y ganaderos y, por tanto, ser clave para la producción de alimentos. En esa infraestructura hidráulica, a la que se añade también un entramado de caminos por los que se accede para tomas de agua y actuaciones en la red, la región también es líder; y aún acrecentará mas esa posición de privilegio los nuevos proyectos de regadíos planteados en la región.

A pesar de la abundante lluvia de esta primavera, los canales y las acequias ya han empezado a repartir agua para los comuneros, los agricultores que forman parte de las 64 comunidades de regantes que están censadas en Extremadura en el ámbito de las dos confederaciones hidrológicas.

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Un número también muy elevado aunque, en la práctica, no son más de una quincena de ellas las que realmente mantienen una actividad destacada tanto en número de hectáreas regadas como en producción generada gracias al recurso hídrico. En toda España existen 7.200 comunidades de regantes.

Los agricultores del canal de Orellana pierden un 20% del agua por el mal estado de las acequias

Unas cuantas cifras resumen el llamativo mapa de distribución del agua procedente de embalses con destino a miles de hectáreas de parcelas agrarias.

Así, la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) es responsable directa de 1.253,7 kilómetros de canales principales de riego, 1.273,6 de acequias y 2.115 kilómetros de caminos, básicamente en la provincia de Badajoz aunque también extiende su influencia a una parte reducida de la provincia cacereña.

Por su parte la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), gestiona directamente un total de 778,7 kilómetros de canales principales, 426,6 de acequias y 1.178,5 kilómetros de caminos, todos enclavados en territorio cacereño. En total, 3.700 kilómetros de canales entre ambas confederaciones.

Dos cicloturistas ingleses miran el ramal del Canal de Lobón que se encuentra a la entrada de Arroyo de San Serván, al lado de la capital de Extremadura
Dos cicloturistas ingleses miran el ramal del Canal de Lobón que se encuentra a la entrada de Arroyo de San Serván, al lado de la capital de Extremadura / BRÍGIDO

«En realidad son miles de kilómetros más los que tenemos en la región porque un buen número de ellos no están manos de las confederaciones sino que son competencia de las distintas comunidades de regantes como es el caso de la que presido», puntualiza Miguel Leal, presidente de la comunidad del Canal de Orellana.

La Confederación del Tajo ha invertido 23 millones desde 2014 en la red; la del Guadiana, 78 en diez años

Es una de las primeras que se constituyeron en la comunidad autónoma. Se inscribió en 1976. La importancia de Orellana no está en la antigüedad. Su peso específico se encuentra en el hecho de que se trata de la comunidad con mayor superficie de hectáreas regables de la región, unas 57.000. Con ellas se ganan la vida unos 8.000 agricultores asentados en su inmensa mayoría en las Vegas Altas del Guadiana.

«Empezamos en Orellana pero terminamos en Mérida. El canal y su red de distribución del agua es enorme. Solo nosotros nos encargamos de 1.200 kilómetros de acequias que nos cedió el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda)», incide el presidente del colectivo de agricultores de regadío.

Por eso, la región extremeña supera ampliamente en total los 5.000 kilómetros de canales y acequias.

Los datos oficiales aportados por la CHG muestran que el organismo hidrológico se encarga del canal principal que nace del embalse de Orellana y que tiene una longitud de 113,7 kilómetros.

También la Confederación del Guadiana asume la conservación y explotación de sus 112,9 kilómetros de canales secundarios. Mientras, las acequias principales se desarrollan por otros 417 kilómetros (con 392 de caminos para transitar junto a ellas) mientras que lo que se llama red terciaria (acequias secundarias) alcanzan los 1.658 kilómetros. El total de kilómetros de caminos del canal de Orellana que se encuentra bajo la gestión de la CHG alcanza los 937.

«Gracias a esa gran red hemos podido tener garantías de que la campaña se iba a desarrollar sin excesivos problemas antes de que empezara a llover y se fuera la sequía que estábamos padeciendo. Esa red de canales y acequias es básica para Extremadura. Solo hay que pensar dónde estaríamos sin ella desde el punto de vista de la agroindustria y del empleo que se genera gracias a ella en nuestros municipios», remata Leal.

Provincias

El problema es que muchos tramos «no se han tocado desde hace más de diez años. Hace unas semanas, sin ir más lejos, se vino abajo uno pequeño, no tendría más de treinta metros de longitud, a la altura de la población de Valdivia, que hubo que arreglarlo a toda prisa para esta campaña». La falta de eficiencia en esa red de transporte del agua es una crítica extendida dentro del sector agrario.

«Si se quejan los regantes de la provincia de Badajoz, que se den una vuelta por la mayoría de las zonas de Cáceres y verán que aquí tenemos acequias que parecen del siglo XIX y nuestra red de canales está muy abandonada», sostiene Ángel García Blanco, presidente de la organización agraria Asaja Cáceres y también de Asaja Extremadura.

«En la cuenca del Guadiana se mira mucho más a los agricultores extremeños, no aquí. La Confederación del Tajo solo parece estar pendiente, preocupada, de que la ciudad de Madrid tenga agua para beber. El resto de su territorio de gestión está abandonado de la mano de Dios», agrega García Blanco.

Juan Eloy Rodríguez Ucedo, técnico de Asaja en Coria, remarca el mensaje. «Los agricultores van cumpliendo con sus deberes pero sin tener en las mejores condiciones posibles esa red de transporte del agua no sirve para mucho. Eso es evidente», comenta. Y pone un ejemplo concreto.

En la provincia de Cáceres destacan las dos comunidades de regantes que se nutren del río Alagón, en el entorno de Coria. Entre sus dos asociaciones, la de la margen derecha y la de la izquierda, agrupan a unas 30.000 hectáreas de riego (prácticamente a partes iguales), casi la mitad de las que hay en la provincia cacereña.

«Los regantes tienen un problema grave que todavía la Confederación del Tajo no ha resuelto aunque dice que lo va a hacer, que va a sacar a licitación la obra en este año. Se trata del pésimo estado de dos acequias por las que se pierde una cantidad ingente de agua a través de agujeros que pueden tener un diámetro de hasta diez centímetros. No hablamos de filtraciones sino de agujeros. Y eso afecta a 261 hectáreas de riego, que a veces están inundadas por exceso de agua y otras veces apenas tienen agua porque no llega. Esto afecta directamente a 54 agricultores».

Rodríguez Ucedo apunta a que los regantes del Alagón tienen una concesión autorizada por parte de la CHT de 9.300 metros cúbicos por hectárea pero «la realidad es que se consumen o se gastan hasta 14.000 metros cúbicos por ese deficiente estado de conservación».

La cuenca del Guadiana permite el riego de unas 177.000 hectáreas en territorio regional. La del Tajo ocupa menos de la mitad, roza las 90.000. Tras la de Orellana, la comunidad de regantes más numerosa es la de Montijo, con unas 26.000 hectáreas. Después va la del Zújar, con 21.000 aproximadamente.

«Ahora se va a crecer con los regadíos de montaña pero la realidad es que bastantes de las comunidades de regantes que tenemos aquí o están por desarrollar o son muy pequeñas», incide el dirigente de Asaja.

Un agricultor cerca de Lobón junto a una acequia con agua
Un agricultor cerca de Lobón junto a una acequia con agua / BRÍGIDO

Inversiones

Una de ellas, dice, es la comunidad de Valdecañas. Oficialmente está compuesta por 677 comuneros, con una superficie regable actualmente de 5.215 hectáreas repartidas en los términos municipales de Almaraz, Belvis de Monroy, Casatejada, Saucedilla y Serrejón. «Podíamos sacar mucho más provecho pero la CHT no lo pone nada fácil», insiste García Blanco.

En los últimos cinco años, desde el año 2014, la Confederación Hidrográfica del Tajo ha realizado 78 actuaciones en materia de infraestructuras hidráulicas destinadas a la explotación, mantenimiento y conservación de canales y acequias en la provincia de Cáceres. En total, 23 millones en inversiones, explica el organismo a HOY.

La principal inversión acometida en este 2018 es para operaciones de conservación y mantenimiento de la zona regable del Alagón, incluidas dentro del periodo 2017-2020. Destinará 1,5 millones a lo largo de este año.

La segunda mayor inversión prevista, se explica desde la Confederación del Tajo, son también para los agricultores del Alagón: 816.000 euros en impermeabilización en diversos puntos de su trazado del canal principal de la margen derecha de los riegos del Alagón.

Las dos confederaciones gestionan directamente 2.000 kilómetros de canales y 1.700 de acequias

«Las inversiones, las escasas inversiones mejor dicho, son el principal problema para los regantes. Tenemos una red de canales muy importante, ajustada a las necesidades de los agricultores, pero necesitamos que haya más inversión. Y no para crecer sino para mantener medianamente decente lo que tenemos, que desde luego no es poco», argumenta el presidente de los regantes de Orellana.

«La propia Confederación del Guadiana admite un dato importante, clarificador de cómo están las acequias. En cada campaña de riego se produce un 20% de pérdida del agua que sale de los embalses por no presentar un estado correcto esas acequias», enfatiza Miguel Leal.

«Se comprometen a destinar más dinero porque eso sirve para un ahorro en el consumo y también se lucha mejor así contra el cambio climático pero la realidad es qué Confederación se queda muy corta y hay acequias o canales de su competencia que no se arreglan desde hace décadas».

Desde la Confederación Hidrográfica del Guadiana se defienden. En la última década, subrayan, se han destinado 41 millones en la automatización del canal de Orellana. No solo eso. Se han invertido otros 8 millones en la sustitución de elementos metálicos en las tomas de las acequias de ese canal.

De forma general, desde el organismo que preside José Martínez se indica a este periódico que se han impermeabilizado canales y acequias en distintas zonas regables por un valor estimado de 10 millones.

Del mismo modo se ha construido la red primaria para la transformación en regadío de dos sectores de la zona centro por 19 millones.

Entre las actuaciones destacadas por la Confederación del Guadiana se muestran otras dos, estas referidas a la construcción de dos nuevas presas. De un lado el embalse del Búrdalo, con su canal de interconexión con el canal de Orellana, y, otra parte, la presa de Alcollarín. El presupuesto de ambas infraestructuras supera los 80 millones de coste.

Dos tractores en una parcela de Las Vegas Bajas del Guadiana
Dos tractores en una parcela de Las Vegas Bajas del Guadiana

En Villalba

También cita la CHG en el apartado inversión la terminación de la presa de Villalba de los Barros, por 24,5 millones, pero este pantano aún no tiene usos ni agrícolas ni para consumo humano. En el primer caso, está pendiente de que sea una realidad el proyecto de regadío en Tierra de Barros. En el segundo caso, los habitantes de municipios de la comarca no pueden beber del pantano de Villalba porque el Gobierno no ha aprobado la construcción de una depuradora de aguas imprescindible para ello.

La comunidad de regantes con más superficie es la del canal de Orellana, con 57.00O hectáreas

Desde Fenacore, la federación que engloba a las comunidades de regantes en el conjunto de España, se subraya que la agricultura de regadío no sólo es la garante del abastecimiento de los productos de primera necesidad -según la FAO, en los próximos quince años la producción deberá aumentar globalmente más de un 42%- sino también una «eficaz solución» para combatir los efectos del cambio climático.

Fenacore incide también en la necesidad de alcanzar una eficiencia tanto hidráulica como energética en el regadío si se quiere conseguir un mejor uso del agua.

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