Escribir de Rionalo o Nuñomoral

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Escribir sobre la España rural vacía, despoblada y de nadie está de moda. Se publican ensayos y reportajes sobre el tema, se producen programas de televisión, aparecen novelas con títulos tan significativos como 'Los últimos' de Francisco Cerdá y se preparan libros de viajes como uno muy prometedor sobre La Siberia. Se trata en todos los casos de obras literarias de gran belleza, muy sugerentes y emocionantes. Las páginas que describen la odisea de la media docena de habitantes de una aldea o la soledad de una alquería abandonada tienen más intensidad y más lírica que las que recogen propuestas de reforma o de mejora del medio rural. Es mucho más emocionante e inspirador darse una vuelta en estos días de invierno y soledad por Riomalo de Arriba que por Nuñomoral. En el primer caso, el escritor dibujará el vacío, la soledad y el abandono con frases cargadas de poesía y desazón; en el segundo caso, el escritor deberá dibujar los problemas y aportar las soluciones para que los agricultores, los ganaderos, los apicultores, los hosteleros y los pequeños empresarios (escayolistas, electricistas, alicatadores) puedan mantener su actividad en el pueblo y con ello, el dinamismo rural. Hay economistas, sociólogos y agrónomos que manifiestan su estupor cuando la literatura del abandono propugna mantener viva una estructura medieval e irracional de aldeas vacías. Estos profesionales proponen centrarse en el mundo rural con posibilidades reales de desarrollo en lugar de gastar esfuerzos inútiles en territorios condenados al despoblamiento. He ahí un tema de debate.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos