DÉFICIT PROTEICO

En Europa hay un fuerte déficit de proteínas para piensos. Los sectores productores de cereales, oleaginosas y piensos apoyan la posición de la Comisión Europea de promover en la UE la producción de soja. Pero no es suficiente, ni siquiera si se autorizara el cultivo de soja transgénica. Algunas alternativas con altos rendimientos ya están muy avanzadas, como es el caso de las harinas proteicas a partir de insectos

ANÁLISIS AGRARIO JUAN QUINTANA

La soja es quizás la mayor commodity del mercado mundial, en constante expansión desde los años sesenta. La producción mundial se ha multiplicado por más de diez en los últimos cincuenta años. Uno de los catalizadores de este mercado ha sido el desarrollo de sojas transgénicas que han facilitado y abaratado enormemente el cultivo, lo que ha permitido su crecimiento acelerado en Estados Unidos y Sudamérica, en particular Argentina y Brasil. Casi el 100% de la soja cultivada en Argentina es transgénica, mientras que en Brasil y Estados Unidos ronda el 65% y el 90% respectivamente.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estima que en la campaña 2017-2018 se rozarán los 345 millones de toneladas de producción, una cantidad todavía pequeña en relación con las más de 2.000 millones de toneladas de trigo, maíz y arroz en su conjunto. Hay que tener en cuenta que la soja se destina en su mayor parte a consumo animal y solo en menor medida a consumo humano. Lo que sucede es que la tendencia de crecimiento es muy elevada, por encima de los cereales de mayor mercado, pudiendo en la próxima década superar la producción de estos cultivos. Esta tendencia de crecimiento proviene también del consumo alimentario, al contrario de lo sucedido hasta la fecha. En particular, China está siendo el catalizador, dado su cada vez más alto nivel de consumo, lo que está tirando fuertemente de la demanda, y por tanto, de la producción. Se estima que el gigante asiático va a contribuir de forma sustancial al aumento del consumo por encima del 4%, debido sobre todo al incremento en su producción porcina, avícola y piscícola.

Con respecto a Europa, para producir la soja que se consume anualmente en la UE es necesario sembrar alrededor de 15 millones de hectáreas. La Unión Europea (UE) importa más de 31 millones de toneladas de torta de soja, de acuerdo con los datos de la Comisión Europea sobre la campaña 2015/16. La producción es muy reducida rondando los 1,5 millones de toneladas. Una soja que proviene fundamentalmente de países como Rumanía con gran tradición productora, pero que vieron roto su mercado al entrar en la UE y someterse a la total restricción de su cultivo a partir de semilla modificada genéticamente. La prohibición de uso de semilla transgénica no permite competir con las eficientes explotaciones del conteniente americano.

La realidad es que en Europa hay un importante déficit de proteínas para pienso. Los sectores productores de cereales, oleaginosas y piensos apoyan la posición de la Comisión Europea de promover la producción de soja en la UE. Sin embargo, no es suficiente y no puede ser la única solución, ni siquiera si se autorizara el cultivo de soja modificada genéticamente.

El aumento de la población mundial y el aumento del nivel de vida de muchas economías requieren producción de proteína de forma creciente y acelerada, sobre todo por el fuerte incremento del consumo de carne. La soja como fuente principal genera una fuerte presión de los monocultivos, con significativos impactos medioambientales, además del que genera la producción ganadera. Si se parte de la base de que renunciar al consumo de carne es hoy por hoy una quimera, se hace necesario avanzar en nuevos modelos de obtención de proteína. Algunas alternativas con altos rendimientos y elevados índices de conversión ya están muy avanzadas, como es el caso de las harinas proteicas a partir de insectos.

Desde el 1 de julio pasado, este tipo de harinas están autorizadas en piensos para peces en la UE. Por ahora solo se podrá utilizar para pienso en piscicultura, pero a medio plazo probablemente se incorporará a nuestra cadena alimentaria por otros canales, como es la alimentación de otras ganaderías y, por qué no, para consumo humano.

El desarrollo de otras fuentes está todavía en fase embrionaria, pero se sigue avanzando. Es el caso de la obtención de proteína a partir de CO2 y electricidad o incluso, la fabricación directa de piezas de carne no provenientes de animales. Una realidad ficción que cada vez se ve más próxima.

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