La colmena del trashumante

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando circulo por La Serena o por los Llanos de Cáceres y contemplo esas llanuras inmensas sin la miserable sombra de una encina, me reafirmo en la idea de que los extremeños hemos sido históricamente tontos. ¿Cómo es posible que permitiéramos deforestar miles de hectáreas para que pastaran los rebaños trashumantes de la Mesta? Traer el ganado en invierno a Extremadura era sencillo porque el alquiler de las dehesas era barato y porque se podía hacer con la tierra lo que se quisiera, incluido talar miles de árboles para tener más terreno para pastos. Sin embargo, cuando a los extremeños nos ha tocado convertirnos en trashumantes, nos han puesto todas las trabas posibles para favorecer a los nativos. Ahí está el caso reciente de la trashumancia de nuestras colmenas. Quienes las llevaban, entre junio y octubre, a la provincia de Ávila, donde el clima veraniego es más suave, se encontraban con que algunos municipios abulenses cobraban 3 euros por colmena que se instalara en su término a los colmeneros extremeños y 0.35 euros a los colmeneros del lugar. Es más, si un extremeño tenía sus colmenas en una finca desde, por ejemplo, hacía 30 años y un nativo quería colocar allí las suyas, el extremeño tenia que irse. Afortunadamente, los tribunales han dictado sentencia contra estos abusos y los derechos de nuestros trashumantes serán respetados: pagarán por colmena como los de Ávila y no tendrán que trasladar las suyas si uno del pueblo quiere ocupar el sitio. Es lo justo por derecho y por historia.

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