Abonos extremeños para recuperar suelos yermos

Un agricultor cosecha un campo con cultivo de patata abonado por la empresa 'Abona Global'. :: hoy/
Un agricultor cosecha un campo con cultivo de patata abonado por la empresa 'Abona Global'. :: hoy

Gracias a su trabajo de I+D Abona Global, de Miajadas, elabora productos específicos para cada suelo tras un análisis holístico del terreno

JAVIER SÁNCHEZ

Suelos más eficientes, mejora del medio ambiente y, sobre todo, se consiguen productos más nutritivos. Eso es lo que dicen los estudios llevados a cabo tras la aplicación de unos abonos especiales, diseñados específicamente para cada suelo. Se trata del proyecto de la empresa Abona Global, situada en Miajadas, centrada en I+D, para poder ejecutar esta ambiciosa iniciativa.

Dos de sus responsables, Juan José Juárez y Maribel Pizarro, insisten en que los resultados son palpables en cultivos diversos. De hecho, aseguran que han conseguido recuperar, con sus productos, terrenos que no eran fértiles desde hacía décadas.

Más información

Explican que esta idea empresarial surgió para dar respuesta a problemas del sector agroalimentario. A lo largo de los años, la productividad de muchos cultivos se ha ido perdiendo. Tienen claro que el agua, al menos en Extremadura, no es el problema. Por ello, tras distintos análisis, consideran que uno de los escollos de esta cuestión es el manejo de los cultivos y del propio suelo, con la utilización, por ejemplo, de abonos salinos.

Con estas premisas, esta entidad comenzó a investigar y a desarrollar una tecnología de nutrición basada, principalmente, en minerales primarios, partiendo de materias primas en función del suelo a tratar.

Juárez, ingeniero agrónomo, hace hincapié en que la base de este trabajo está en la realización de un análisis holístico, donde se tienen en cuenta todos los componentes que pueden influir en la pérdida de productividad o de fertilidad, causada por la pérdida de la estructura del suelo. Insiste en que este problema puede venir por la suma de distintos factores, como la mecanización, la utilización de químicos y el manejo del propio agricultor.

«Nuestra acción se fundamenta en la mejora de la estructura del suelo», explica. Una de las novedades que se aporta es la captación de información con sistemas analíticos mediante iones libres (Sistemas MMI).

Así, se utilizan ácidos para la extracción de los minerales que semejan lo que está pasando en el suelo, señala. «Reportan datos más fiables que otros sistemas». Además, no determinan cuatro o cinco elementos, sino un barrido de la tabla periódica.

Con esos datos, se formula a medida la solución para poner en producción ese suelo y generar fertilidad. Se trata de abonos diseñados con el material mineral, material orgánico y la microbiología. Juárez recuerda que los resultados no se dan a largo plazo. «Hemos partido de suelos estériles de más de 20 años y hemos conseguido revertir la situación en un año», sostiene.

Un aspecto destacable para la entidad es que cada suelo tiene su 'personalidad' y así hay que tratarlo. También consideran que se formulan abonos con más de 80 y 90 minerales, con lo que consiguen un nivel nutricional importante.

«Lo que hacemos es imitar la naturaleza, entender el suelo como un ente vivo, donde se dan los procesos bioquímicos para que la planta disponga de cada uno de los nutrientes que necesita», explica el ingeniero agrónomo. Con este tipo de tratamiento se consigue, además, que las plantas sean más resistentes a enfermedades y a condiciones atmosféricas.

Esta metodología también favorece al medio ambiente, ya que se mejora la huella hídrica, explica Juárez. Dicho de otro modo, se consigue una mayor eficiencia en el uso del agua. También se reduce la huella del carbono, por lo que se necesita menos energía para producir. Todo ello se une a que, con el abonado propuesto, se obtienen productos más nutritivos.

Ante esta situación se está trabajando con el Instituto Tecnológico Agroalimentario de Extremadura para demostrar este hecho. Ejemplo de ello se tiene con el cultivo de la patata. Según los responsables, cuando una saca suele pesar unos 1.000 o 1.050 kilos, con la parcela abonada por esta entidad, pueden llegar los 1.300 kilos. «Quiere decir que tiene una carga de minerales más fuerte y hace que los productos sean más nutritivos».

Estos responsables también señalan que junto a los abonos tienen biofertilizantes.

La mejor manera de mostrar estos resultados a los agricultores es con la realización de jornadas de campo, donde se muestran cultivos que han sido tratados con estos abonos especiales. Ahí se les explica el proceso. Por tanto, es el propio agricultor quien transmite y valida este trabajo, añaden.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos