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Frutos rojos, una alternativa a los cultivos del norte extremeño

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José Herrero, en el invernadero, plantando una de las frambuesas recién llegadas del laboratorio. / D. Palma

  • Estas variedades se adaptan bien al norte cacereño porque la mayoría de las zonas presentan suelos bastante ácidos, principalmente en el Jerte y Gata

Los olivares, las plantaciones de tabaco y de pimiento y los cerezos predominan en el sector agrario del norte de Extremadura.

Los tres últimos cultivos están muy arraigados en las comarcas del Valle del Jerte y de La Vera, zonas donde los frutos rojos son minoritarios, al igual que en el resto de la región. Sin embargo, las características del terreno, la orografía y la climatología de estos territorios se ajustan a las necesidades de los arándanos, las frambuesas o las moras. «Los frutos rojos necesitan suelos que drenen bien, con un alto nivel de materia orgánica y un pH cercano al seis para la frambuesa y más ácido para el arándano», afirma María Ramos, investigadora del Centro de Agricultura Ecológica y de Montaña (CAEM).

Estos cultivos son muy sensibles a determinados hongos del suelo y al encharcamiento, pese a requerir mucha agua. «Además, son plantas que quieren altitud y fresco, antes que el calor», afirma José Herrero, un productor de la zona de La Vera.

Con estas particularidades, los frutos rojos se adaptan bien al norte de la provincia de Cáceres, porque la mayoría de las zonas presentan suelos bastante ácidos -con un pH entre 4,5 y 5- principalmente en las zonas del Jerte y Gata, mientras que en La Vera hay más diversidad.

Pese a ello, los datos que manejan en el CAEM es que hay unos 300 productores de 'berries' (término que hace referencia al conjunto de los frutos rojos) en la zona. Un número que se redujo notablemente, ya que estos cultivos tuvieron gran pujanza coincidiendo con el conflicto bélico de los Balcanes en la década de los 90. Tienen una importante presencia en los territorios que ocupaba la antigua Yugoslavia y durante los años de la guerra, el norte de Cáceres vio beneficiadas sus exportaciones al reducirse la producción mundial.

En el descenso de productores extremeños pudo influir que las variedades que todavía siguen usando los agricultores son las mismas desde hace muchos años y que ninguna de ellas se ha desarrollado en el territorio en el que se están utilizando. Esto fue lo que detectaron los investigadores del Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (Cicytex), del que forma parte el CAEM, que también observaron un considerable aumento de la demanda de frutos rojos en el mercado. «Tienen muchos compuestos antioxidantes y beneficiosos para la salud. Su consumo se identifica con un estilo de vida sana», expone Margarita López, coordinadora del proyecto que pretende mejorar las variedades de frambuesa y evaluar las comerciales existentes de arándano y mora para poder recomendar a los agricultores aquellas que sean más rentables para sus explotaciones.

La exclusividad supone un problema para los productores, en lo que al acceso a las variedades comerciales se refiere, al estar restringido el uso de muchas de ellas para determinadas empresas. En este sentido, la investigación pretende «renovar las variedades que se estaban cultivando en la zona en los últimos años, sobre todo de frambuesa, y proporcionar a los agricultores algunas accesibles y ofrezcan unos buenos rendimientos», señala Ramos.

Las características que demanda el mercado, comunes a todos los 'berries', están relacionadas con la calidad del fruto y el momento de producción. Son las mismas que se buscan en las diferentes variedades que se están analizando en el proyecto. «El color, el tamaño y la firmeza son las principales, pero también es importante una buena postcosecha porque son frutos muy perecederos», indica López, que añade que el 80 por ciento de la producción se destina a la exportación, por lo que adquiere mucha relevancia la conservación de los frutos una vez que se han recolectado para que lleguen en el mejor estado posible a los mercados exteriores.

Frambuesa

El programa de mejora de la frambuesa se inició en el año 2015 con la realización de cruzamientos de diferentes variedades que ya había en la zona y que se estudiaron para conocer sus características. «Unas eran idóneas y otras no, por lo que se seleccionaron los parentales», detalla López.

De los distintos cruzamientos se establecieron 1.800 plantas, que fueron evaluadas con la colaboración de la Agrupación de Cooperativas Valle del Jerte, socia del proyecto y que «agrupa al 90% de los productores de 'berries' de la zona, porcentaje que crece hasta el 99 en el caso de la frambuesa», según la investigadora del CAEM. Así, se eligieron 64 posibles nuevas variedades, que en este 2017 están dispuestas para hacer un examen más exhaustivo.

Para realizar los cruzamientos hay que esperar a que la planta tenga los botones en estado avanzado, a punto de que las flores se abran. En ese momento, se eliminan los estambres -la parte masculina- y se embolsan las flores para evitar la polinización por los insectos. Se lleva al laboratorio para extraer el polen, que se deja secar, se cuela y se guarda en una nevera. «Después nos volvemos a trasladar al campo y, mediante pinceles, polinizamos las flores embolsadas», detalla la coordinadora del proyecto.

Con el cruce ya realizado, llega el momento de esperar a que salga el fruto. Cuando madura, se recogen las frambuesas y vuelven al laboratorio donde se limpian hasta dejar solo semillas, que serán conservadas en frío durante tres o cuatro meses para simular los meses de invierno. Esto es necesario para que luego germinen. «En marzo las plantas se trasladan al invernadero experimental, con unos 20 o 25 centímetros», apostilla López, incidiendo en que solo el 25% del cultivo de frambuesa se hace al aire libre, mientras que esta opción sí es mayoritaria para arándanos y moras.

Una vez que estas plantas den sus frutos, se analizan para ver sus características. Con las que sean acordes a lo que se está buscando, según la calidad y momento de producción, se iniciará su registro como variedad comercial. La época de recolección y el número de cosechas al año son parámetros a tener muy en cuenta. «Valoramos positivamente que sean remontantes -que tengan dos cosechas anuales- porque es bueno para los productores al acoplarse mejor al cultivo del resto de frutales que hay en la zona. Interesa una frambuesa temprana, luego la cereza y la higuera y, cuando ya han acabado con todo, vuelven a tener una producción de frambuesa», insiste Ramos.

Evaluación

En lo que se refiere a las moras y los arándanos, las variedades con las que se está realizando el estudio se han obtenido en lugares como Escocia, Francia, Italia o Estados Unidos, según las investigadoras. Son territorios con unas condiciones de clima y suelo diferentes a las del norte de Cáceres, por lo que se trata de saber cuáles se adaptan mejor a La Vera y al Valle del Jerte. «Son frutos muy sensibles a cambios climáticos y hemos tenido casos de variaciones bruscas de temperatura con las que perdimos toda la producción», puntualiza Ramos, que está muy satisfecha con los resultados obtenidos hasta la fecha.

La investigación avanza y ya hay una serie de variedades que están funcionando bastante bien, tanto en frambuesa como en arándano y mora. «Una de las que tenemos en ensayo ya la han pedido y se está plantando. Hemos tenido unos resultados relativamente inmediatos, principalmente en mora, en la que una variedad se comporta de manera especialmente buena», comenta la investigadora del CAEM.

Los agricultores son los principales beneficiarios del desarrollo de este proyecto, ya que podrán utilizar en sus explotaciones variedades cuyo comportamiento agronómico ha sido contrastado para las condiciones de la zona y se han demostrado más rentables que otras.

De esta forma, se pretende favorecer unos cultivos que tienen unos elevados costes de producción, sobre todo en mano de obra para la recolección, pero también en riego y en productos fitosanitarios. Igualmente se quiere aprovechar para aumentar el número de explotaciones y diversificar la producción de las comarcas del norte de la región en un momento en el que hay un mayor consumo de 'berries', que se han convertido en parte fundamental en la dieta de los deportistas y son cada vez más recomendados para el tratamiento y prevención de algunas enfermedades.