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El cereal no arraiga por la brusca caída de la producción y los bajos precios

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Una máquina empacadora expulsa un fardo de forraje en una finca del término municipal de La Morera, en la comarca de Zafra. :: BRÍGIDO

  • Un pésimo mes de abril meteorológico agranda la crisis de un cultivo que no arraiga en la región por la gran caída de la producción y el escaso rendimiento

A quí nos hemos acostumbrado desde hace muchos años a sobrevivir pero lo de este año es ya demasiado. Hay que aguantar el chaparrón», dice a bote pronto Fermín Suárez, de 55 años y agricultor de Villanueva de la Serena. «Perdón, quita lo de chaparrón porque ya hubiéramos querido que se hubiera producido alguno en abril. Si no, no estaríamos hablando así», añade este productor «para tener más alternativas». Su queja se centra en el subsector agrario de los cereales.

Este cultivo está sufriendo especialmente en Extremadura por una primavera seca y con altas temperaturas. A ese doble hándicap meteorológico se le ha unido un tercero: la presencia constante de vientos solanos (del este), especialmente dañinos para los campos de la región. Esta triple circunstancia hará que un buen número de agricultores desechen este año alquilar cosechadoras para recoger su diezmada producción y se dediquen a cereal para heno, para alimentación de ganado. Es lo que se está produciendo en estas fechas en el campo extremeño, con la presencia de máquinas segadoras, rastrillos y empacadoras.

«Ha pasado todo lo malo que podía pasar. Ha sido un mes de abril desgraciado», sostiene Emilio Nieto, agricultor y ganadero de La Morera, municipio de la comarca de Zafra. El agua postrera caída en los dos últimos días del mes pasado ya no ha tenido ningún tipo de influencia positiva para la resurrección de los cereales. «Al contrario, para los que ya están en la campaña de recolección ha sido mala. No llovió cuando tenía que hacerlo», añade Nieto, de 70 años.

«El año pasado tuvimos plaga de enfermedades y aunque se arregló algo en mayo por el agua nos pagaron precios de miseria. Este año ni producción ni precios ni agua», clama Cándido Méndez Cabezas, llerenense de 53 años y miembro de una familia productora de cereal desde hace generaciones. Hasta ahora porque «he tenido que meter algo de ganado en las explotaciones para ir tirando».

80 millones de valor

Extremadura, al contrario que en buena parte del sector agroganadero español, no es una potencia en este cultivo. Pero el peso que tienen los cereales no es para despreciarlos.

Para empezar, por el impacto económico que tiene, unos 80 millones de euros al año por su producción, cifra que fluctúa como es obvio en función de la bonanza o no que presente la campaña. En segundo lugar, por ser utilizado como complemento de otros cultivos para una gran parte de agricultores y ganaderos extremeños con el objetivo de asegurar mejores rentas.

Según datos de Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura, la superficie cultivada en la región en 2016 fue de 312.099 hectáreas (trigo blando y duro, cebada, maíz, avena, centeno y triticale) el año pasado. De ellas, casi 89.000 hectáreas fueron de avena, 73.000 de trigo blando y 56.500 de cebada. De triticale se sembraron 32.700 hectáreas. El triticale es un cruce entre trigo y centeno. Es una variedad en aumento en los últimos años por su gran valor como alimentación en forma de pienso para los animales y sus grandes producciones.

Los rendimientos de los distintos cultivos en Extremadura fueron de 2,80 toneladas por hectárea en trigo blando; idéntico número por hectárea en trigo duro; 3,50 toneladas por hectárea en cebada; 2,70 toneladas por hectárea en avena.

Demasiada especulación

Los datos oficiales señalan también que la producción total de cereal en Extremadura ascendió a 1.268.105 toneladas, un 20% más que la campaña anterior.

Esas casi 1,3 millones de toneladas supusieron el 5,32% de la producción nacional (23,8 millones de toneladas). Un año antes, el porcentaje alcanzó el 5,52%. Ahora, las perspectivas apuntan a que habrá como poco un descenso de la producción de cereal que ronde el 50% en el contexto regional.

«A las zonas cerealistas puras en Extremadura, sobre todo la Campiña Sur, le hace más daño que a nadie una pésima campaña como esta», dice Juan Metidieri, presidente de Apag Asaja Extremadura. Y pone como ejemplo de esta afirmación que si la cosecha media de trigo el año pasado alcanzó los 3.500 kilos por hectárea, en esta ocasión hay pérdidas confirmadas de hasta 2.500 kilos en superficies de Llerena.

«Las pérdidas en esta campaña van a ser muy importantes y, encima, se unen a la de bastantes años atrás», concluye contrariado el presidente de la organización agraria.

«Solo hace falta darse una vuelta para ver que esto está como si fuera ya el mes de junio», confirma Méndez, con parcelas para cereal entre Llerena y Casa de Reina. El llerenense dedica cada año entre 110 y 120 hectáreas a sembrar trigo, cebada y avena. Es el presidente de la cooperativa Agrollerena y Comarca.

«Estamos en el mercado de la especulación por excelencia. Esta práctica es tremenda en la industria cerealista y, además, existe una clara influencia de los mercados exteriores. Dos problemas añadidos más a los productores de cereal extremeño», subraya Ignacio Huertas, secretario general de UPA-UCE.

Cuenta Huertas que los precios «ruinosos» del cereal no es cosa de esta campaña sino que desgraciadamente es una dinámica consolidada y, lo peor, no hay perspectiva de cambio. Quizás para este año se intuya un repunte al alza de lo que van a cobrar los agricultores pero, matiza, será levemente.

«Nadie puede decir que el libre mercado funciona cuando cae drásticamente la producción y los precios siguen bajos. Eso no tiene explicación ni justificación. Algunos mercados de materias primas tan importantes para la alimentación como el cerealístico deberían estar claramente regulados por los poderes públicos», sentencia.

Menor índice

El villanovense Fermín Suárez introduce en el debate otro apunte más: el de los bajos rendimientos adjudicados a la Campiña Sur, referencia cerealística de Extremadura. «Tras un cambio normativo le rebajaron el índice de rendimiento comarcal que sirve para calcular después las ayudas o subvenciones de la PAC a las que se tienen derecho por producir. Eso fue un golpe más a una situación que ya era complicada», reflexiona el también responsable de la Sectorial de Cultivos Herbáceos de Cooperativas Agro-alimentarias.

Sumando toda esta realidad, indican desde el sector productor de cereal, se está certificando una tendencia cada vez más consolidada. Cada vez hay menos agricultores dedicados exclusivamente a la producción de cereal. Este cultivo es utilizado más como complemento de renta agraria que como única renta agraria con la que ganarse la vida.

«Aquí tenemos 40 o 50 pueblos que dependen del cereal y no van a poder seguir existiendo si se deja de cultivar. No sé si algunos todavía no se han enterado y se han puesto los medios para evitarlo», finaliza Cándido Méndez.