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El riego ya alimenta al campo extremeño

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Maximino Riola saca el agua de la goma antes de iniciar el riego por goteo en su parcela de frutales situada en Arroyo de San Serván, cerca de Mérida. :: BRÍGIDO

  • La superficie de regadío crece un 27% en una década gracias al goteo

El secano va perdiendo terreno en la región. Las producciones agrarias se apuntan al riego. Cada año hay más hectáreas regables, y no por un aumento de los cultivos de regadío que en abril han comenzado a recibir el agua a través de canales y acequias. La subida llega de la mano de dos subsectores de enorme peso como el del olivar y el del viñedo que han empezado a introducir el goteo en sus explotaciones gracias a pozos o conducciones hidráulicas. Se trata de producir más, de ser más competitivos y con menor coste de personal, aunque la inversión inicial sea considerable.

«Hay que ir por la vía de la cantidad que propicia el riego, sí, pero también por la calidad. Es positivo que crezcan las superficies agrarias que cuentan con agua pero que nunca se haga sin tener en consideración la viabilidad económica de la explotación», resume Juan Metidieri, presidente de Apag Asaja.

La estadística no engaña. En la comunidad existían en 2015, último dato conocido, casi 260.000 hectáreas de regadíos (259.831 para ser exactos, la mayor parte, 179.855, en la provincia pacense). Diez años atrás, en 2005, eran 205.008 según el Ministerio de Agricultura. El crecimiento es del 26,7% durante este periodo.

«El mercado del aceite de oliva no ha alcanzado su techo. Tiende a crecer. Vamos ganando consumidores. Por eso muchos agricultores han pasado del olivar tradicional de secano al de regadío, sea intensivo o superintensivo», expresa Ignacio Huertas, secretario general de UPA-UCE.

Los números confirman el incremento notable de superficie de olivar que ha pasado a ser de riego. El cultivo con más presencia en el regadío extremeño es el del maíz, con 68.231 hectáreas, pero detrás se encuentra ya el del olivar con 44.600.

Son bastante más que, por ejemplo, las de cultivos clásicos de regadío como el arroz (contaba hace dos años con 24.548 hectáreas) o el tomate (20.905 has). Otro que va asociado en muchas ocasiones al del olivo, el de la vid, también ha apostado por incrementar su superficie con riego. Eran 21.720 hectáreas hace dos años. En Extremadura existen 22 comunidades de regantes. Están en ellas unos 50.000 agricultores.

Maximino Riola, de 67 años, es uno de ellos. Y como muchos hombres de campo es un jubilado activo porque no quiere dejar su actividad profesional agraria. En este principio de abril ha empezado a regar sus parcelas de frutales (nectarina, melocotón, paraguaya y peras) en Arroyo de San Serván, al lado de Mérida.

«Hay que empezar a regar ya porque el agua es buena y sobre todo porque hay que introducir al árbol el fertilizante», incide. En una primera fase riega por goteo tres horas al día para pasar a acabar (mayo-junio), a ocho horas. «El agua lo es todo. Hay que saber aprovechar este recurso, la tierra y el sol que tenemos. Si fuera realmente así podríamos tener más producciones en los mercados durante más tiempo a lo largo del año», sentencia.

«Los cultivos de regadío no han crecido en superficie. Se suelen rotar cada año en función de diversas variables pero es cierto que ahora se está poniendo mucho olivo, vid y almendro en ellos», comenta Félix Liviano, agricultor de Don Benito y presidente de la Sectorial de Arroz de Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura.

Liviano introduce otro factor a tener en cuenta: el precio de la tierra. Está estabilizado. «El precio de una hectárea depende de factores como la distancia al casco urbano o las comunicaciones (no es lo mismo estar bien conectada la parcela con una carretera o estar perdida en un camino poco transitable)», relata. Su precio ha bajado con la crisis.

El boom de la construcción hizo que dinero de gente que no estaba dedicada a la agricultura se destinara a comprar tierras y «eso disparó el precio del regadío. Infló el mercado. Ahora se ha normalizado. La tierra no está barata pero tampoco cara», agrega. «Para la rentabilidad que se saca después creo que las tierras de regadío todavía están por encima de su precio real», replica Huertas.

De forma genérica, una hectárea puede costar entre 21.000 y 25.000 euros como mínimo pero puede llegar a rondar los 36.000 euros», expresa Liviano. «Para que alguien pueda vivir mínimamente del campo debe tener como poco entre 25 y 30 hectáreas», añade, a la vez que recuerda que casi todos los agricultores de regadío tienen tierras arrendadas. «No más de un 40% las tendrán en propiedad», concluye.

El sector incide en que el consumo de agua se está reduciendo aunque hay capacidad de más ahorro. La campaña que ahora empieza será normal, dice la Confederación del Guadiana. Cada año se necesitan entre 1.000 y 1.200 hectómetros cúbicos de agua en la provincia pacense. Ahora hay embalsados 4.800 hm3.