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Poniendo cerco a las aves de corral

El último foco de gripe aviar fue erradicado en España hace siete años. Ahora ha vuelto, aunque en este caso la cepa no se transmite a humanos, por lo que no existe un riesgo sanitario y el problema se restringe al ámbito veterinario. Los primeros casos se detectaron en enero en Palencia, en dos patos silvestres, y posteriormente en Cataluña, en cigüeñas y en una explotación de cría de patos, siendo este último el primer foco que ha afectado al sector ganadero. En el resto de la Unión Europea la crisis veterinaria se extiende con bastante más virulencia, con 781 casos en explotaciones de aves de corral y 972 en silvestres. La diferencia es que ahora la administración, el sector y los consumidores están mucho más preparados y no se ha producido una alarma política ni social. También es cierto que la aplicación del Plan Nacional de Vigilancia de la Influenza Aviar aporta mucha confianza en la prevención y aplicación de medidas de erradicación.

Sin embargo, el riesgo económico para el sector es real, debido a la preceptiva creación de zonas de protección alrededor de los focos y el cierre de fronteras de algunos países. En este contexto es necesario que el Gobierno negocie la regionalización de medidas preventivas con estos países; es decir, que no se apliquen para el total de las producciones, sino a los productos de las regiones afectadas, lo que limitaría mucho el impacto.

España vendió al exterior el año pasado huevos frescos por valor de 73,9 millones de euros, casi un 30% menos con respecto al año anterior, aunque fue un caso extraordinario dado que en 2015 el mercado estadounidense creció de manera excepcional por la crisis de la gripe aviar que también afectó a sus explotaciones.

En esta crisis ganadera otro factor juega un papel muy relevante: el modelo de explotación avícola. Desde el entorno político, en particular desde el Parlamento Europeo, se ha promovido el modelo de explotación al aire libre de aves de corral. Es precisamente este sistema de explotación el que dificulta el control de este tipo de crisis veterinarias, pero que podrían ser sanitarias.

Varias asociaciones para la protección de animales continúan sus campañas contra el sistema de cría en intensivo. Para ello, al igual que sucedió con el caso del porcino, acuden a vídeos de alto impacto social en los que se muestra maltrato, malas condiciones higiénicas y hacinamiento de aves. Sin duda, estos casos pueden existir y son excepciones en un sector muy regulado con estrictas normas de sanidad y bienestar animal. Por tanto, en vez de hacer campañas fundamentadas en casos aislados, lo que deberían hacer es denunciarlos a las autoridades o a los propios responsables sectoriales, que son los primeros interesados en erradicar estas prácticas. En Francia se ha dado un paso más y son algunas grandes superficies las que intentan sacar partido de esta corriente. Han anunciado que a partir de 2025 no venderán huevos de explotaciones en intensivo. Una decisión de alto riesgo ya que, por ejemplo, en España el 92% de las gallinas se crían en intensivo. Una generalización de este tipo de medidas solo podría conllevar un aumento de precios y un incremento de los riesgos para la salud de la cabaña y para la salud humana.

En el fondo, nos encontramos en medio de una difícil decisión social. ¿Apoyamos la cría en extensivo de animales para consumo, menos eficiente y de mayor riesgo sanitario, o apostamos por modelos en recinto cerrado, más intensivos, pero más seguros? Al final, lo importante no es de dónde proceda el huevo, sino que sea fresco, que la trazabilidad sea total, que el bienestar de los animales esté garantizado y que no se encarezca la cesta de la compra.