Hoy

LA DESBROZADORA

Un lujo llamado pisto

Con los calabacines pasa como con las personas: llega la ola de frío y suben los precios de las hortalizas; estalla la crisis económica y bajan los salarios; pero cuando desaparece la ola de frío, los precios de las verduras no bajan en el supermercado y cuando empezamos a salir de la crisis, los salarios no suben. Todo se aprovecha para hacernos más complicada la existencia, ya sea una helada, ya sea una burbuja inmobiliaria. Cuando, a mediados de enero, Europa fue castigada con temperaturas bajo cero en latitudes meridionales donde el frío es raro, la producción de hortalizas se resintió, el calabacín se puso a cuatro euros y la berenjena y el pimiento verde se vendían en el supermercado a tres euros y medio.

Pero eso fue a mediados de enero. Un mes después, la climatología había vuelto por donde solía, la producción de tomates, pepinos, pimientos, lechugas, calabacines y berenjenas en el sur de Europa repuntaba y todo parecía indicar que volveríamos a los precios de siempre. Y sí, efectivamente, el calabacín volvió a pagarse a 1.15 euros y la berenjena a 1.70, pero en origen, es decir, al agricultor. Sin embargo, el consumidor no ha disfrutado de la bajada de precios en la huerta y ha seguido pagando en el supermercado y en las frutería cuatro euros por un kilo de calabacines y tres euros y medio por el kilo de berenjenas. Están engañando al agricultor y al consumidor porque no hay razones objetivas para convertir el pisto en un artículo de lujo.