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Vaquero en las instalaciones del Camping Alardos . :: j. t.
Vaquero en las instalaciones del Camping Alardos . :: j. t.

«La Junta debería incentivar más a los emprendedores»

  • Tras décadas dedicada a la agricultura, Azucena Vaquero cambió los jornales por la hostelería, pero sigue sufriendo los problemas del campo

Azucena Vaquero afirma que el abandono de las explotaciones agrícolas se deja sentir en la economía local, señalando que Madrigal de la Vera ha perdido cerca de 400 habitantes en los últimos años.

Comenzó muy pronto a trabajar en el campo...

Sí, cuando tenía 12 años de edad. No quise estudiar y me fui con mi padre a trabajar. Poníamos tabaco y pimiento aquí, en Madrigal, en varias parcelas. Eso es lo que hacía en casa, y luego aprovechaba también para ir al jornal, a lo que iba saliendo, porque antes era así. Si no estudiabas te ponías a trabajar, aunque fueras muy joven.

¿Qué otras labores hacía?

Al jornal he ido también a coger espárragos blancos. Concretamente a la finca de Paco Camino, que fueron los primeros espárragos blancos que se produjeron por esta zona. También he ido al repele (recolección del tabaco Virginia), a coger bolas, etcétera.

Sin embargo, con el tiempo dejó las labores del campo...

Sí. Después me casé con un hostelero, así que me dediqué a esto [ríe].

¿Prefiere trabajar en la hostelería o las labores agrícolas?

La verdad es que prefiero la hostelería, porque ya me he acostumbrado. Aunque como de lo que se trata es de trabajar... pues al final haces lo que sea.

Actualmente regenta el Camping Alardos, uno de los más antiguos de la región...

Sí. El camping lo abrieron mis suegros hace ya unos 40 años aproximadamente. El primero que se abrió fue el de Aldeanueva de la Vera, y después este. Mi marido y yo llevábamos antes una casa rural, y desde hace seis años estamos al frente del camping.

Aunque viven del turismo... ¿Notan en su negocio los problemas por los que atraviesa la agricultura en general, concretamente el cultivo del tabaco?

Sí, claro que se nota, a nosotros también nos afecta. Antes venía más gente del Campo Arañuelo, de los pueblos nuevos y demás, y siempre se dejaban algo. Ahora que hay tantas y tantas explotaciones abandonadas...

¿Tantas parcelas se están abandonando?

Muchas, la mayoría. En Madrigal, por ejemplo, tan solo queda una explotación, mientras que hace años casi toda la gente vivía de los cultivos del tabaco y el pimiento. Sin embargo, es difícil mantener los cultivos en Madrigal con los nuevos sistemas de explotación, porque precisan parcelas muy grandes y aquí son todas bastante pequeñas. Así que, claro, la gente no lo puede cultivar y al final quedan abandonadas. Algunas las usan los dueños, en su mayoría ya jubilados, para poner un huerto para consumo propio, para hacerse una casa de campo o una finca de recreo. Y ya está, porque hay muchas fincas que del abandono que sufren se han convertido en verdaderos bosques. La verdad es que es una pena cómo ha cambiado todo en unos años, vuelven los jubilados y los jóvenes tienen que emigrar de nuevo. De hecho este cambio se nota en la población, que en unos pocos años ha bajado de 2.000 a unos 1.600 habitantes. Si no hay trabajo la gente se va. Aunque por suerte tenemos las comunicaciones, por lo que hay gente que trabaja en Madrid pero sigue teniendo su residencia aquí, que si no...

¿Cree que hay alguna alternativa factible para estas fincas?

Para cultivar algo es difícil, porque son pequeñas. Hay gente que sí está intentando hacer cosas para aprovechar esas instalaciones, por ejemplo una quesería. Pero en este caso, que lo conozco, llevan dos años de papeleos y todo son trabas y problemas, les está costando sudor y lágrimas poder abrirla. En este caso creo que la Junta de Extremadura debería dar más facilidades a la gente emprendedora, ayudar de alguna forma a esta gente que quiere emplear en algo esas fincas. Más ayuda, que incentiven a la gente de otra manera en lugar de pedir tantos requisitos, porque si no al final el pueblo se va a quedar vacío.