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La corteza del corcho como material de construcción

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El bornizo, la primera capa de corteza que se extrae de los alcornoques, se analiza en busca de aplicaciones rentables para los agricultores y la industria. :: j. v. arnelas / José Vicente Arnelas

  • Extremadura tiene 530.000 hectáreas de alcornocales, de las que 50.000 son repoblaciones hechas a partir de 1988 que empezarán a producir en breve

Entre 30 y 35 años tarda un alcornoque en formar su corteza. La primera capa de corcho que se extrae es el bornizo y su aprovechamiento no es económicamente rentable para los gestores de los alcornocales. A partir de ese momento, cada nueve o diez años se realizará 'la pela', como se denomina al proceso de extracción, ya con un corcho mucho más formado, de mayor grosor y con más aplicaciones en la industria.

De esta forma, un alcornoque recién plantado tardará casi medio siglo en ofrecer una producción rentable. Mucho tiempo. Por ello, la gestión de los alcornocales suele ser mixta. Es decir, normalmente las fincas con este tipo de árboles también están destinadas al ganado u otras prácticas agrarias.

Extremadura tiene unas 530.000 hectáreas de alcornocales. Aunque la densidad de los terrenos en los que están ubicados estos árboles es muy diversa. La media de las repoblaciones hechas en los últimos 30 años es de 297 por hectárea. Los bosques densos de alcornoques, aquellos que tienen cubierto el 35% de su territorio, apenas superan las 60.000 hectáreas y en ellos sí es habitual que su rentabilidad económica solo esté centrada en la extracción de corcho. También se considera como alcornocal productivo las 216.000 hectáreas que están catalogadas como de dehesa densa de alcornoques. El resto de espacio son las dehesas claras, en las que también aparecen otras especies arbóreas -la más habitual la encina-, y terrenos con pies dispersos de alcornoque.

Además hay unas 53.000 hectáreas que se plantaron en la región desde 1988. «En una primera fase, hasta 1991, se hicieron unas 3.500 hectáreas y en una segunda fase se han hecho casi 50.000 hectáreas más con financiaciones que llegaban hasta el 80% del coste a través de fondos europeos», explica Ramón Santiago, doctor ingeniero de Montes que trabaja en el Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (Cicytex).

La revalorización del terreno, que puede multiplicar por cuatro su valor, fue otro de los motivos que animó a los propietarios a apostar por los alcornoques, pese a que los ingresos de la venta del corcho llegan a largo plazo y a que el coste de plantar un árbol es elevado.

Nula rentabilidad

En 2017 ya está más cerca, en las mencionadas repoblaciones, la extracción del bornizo, cuyo principal problema a la hora de ser utilizado en la industria corchera es su irregularidad. «Tiene muchas hendiduras y en algunas zonas es muy fino», expone Mónica Murillo, doctora ingeniera Agrónoma de Cicytex.

La nula rentabilidad del bornizo se debe a que no puede ser utilizado para elaborar tapones, destino al que se dirige más del 70% de la producción de corcho, y a que su extracción es costosa. En este sentido, la normativa vigente indica que deber sacarse antes de que alcance los 70 centímetros de circunferencia. «Lo que se hace en la actualidad es molerlo y tratarlo. La materia prima que se consigue tras su tratamiento se utiliza principalmente para recubrimiento de superficies o como elemento decorativo», señala Murillo.

Ante la necesidad de buscar nuevas aplicaciones para el bornizo que sean rentables para los agricultores, los cuales se van a encontrar con una importante cantidad de este material en los próximos años a través de los árboles de las repoblaciones, desde Cicytex se ha iniciado un proyecto de investigación, denominado Neosuber, que tiene varios objetivos relacionados con los alcornocales y el corcho. El aprovechamiento del bornizo es uno de ellos, pero no el único.

Cuando acabe el estudio, a finales de 2019, se quiere poder establecer un manual de buenas prácticas en la gestión de los alcornocales que pueda servir de guía para los propietarios de estos terrenos y que les ayude a encontrar la máxima rentabilidad a sus explotaciones, independientemente de las características que estas tengan.

Por último, se pretende conocer de primera mano la situación de las repoblaciones, con el fin de anticipar lo que pueda ocurrir con sus producciones. «Si no sabemos a qué volumen de producción nos estamos enfrentando, estamos perdiendo la oportunidad de poner en marcha una estrategia de mercado a nivel regional. Si lo conocemos, podemos establecer un modelo de producción futuro del corcho en los próximos años», entiende Murillo, la coordinadora de Neosuber.

El proyecto de investigación está en una fase muy inicial, pero los responsables del mismo ya tienen en mente algunas de las posibles aplicaciones del bornizo, y una de las prioridades es eliminar los costes que se producen con el molido y el posterior tratamiento. De esta forma, una posible opción se encuentra en su utilización como material de construcción, por ejemplo para recubrimiento de fachadas. «En viviendas del ámbito rural sería una forma de integrarlas en el paisaje y serviría como aislamiento térmico y acústico, propiedades del corcho que hay que tener en cuenta», comenta Murillo, sin dejar de lado las posibilidades que ofrece en elementos decorativos o en el mobiliario doméstico, como en puertas o contraventanas. A lo que Santiago añade que es «muy posible que se encuentre alguna aplicación novedosa».

Análisis

La labor del equipo investigador se va a centrar en analizar en el laboratorio las características físico-mecánicas del bornizo, tales como la humedad, la resistencia o el grado de impermeabilidad. Además, se aplanará para observar a lo largo del tiempo su evolución en cuanto a la deformación o el cambio de color que pueda sufrir este material.

Por su parte, en el campo se tratará de verificar el estado de las repoblaciones para así poder estimar la producción de bornizo, primero, y de corcho, después, que se va a obtener. El primer paso será contabilizar el número de árboles que siguen vivos, ya que siempre se produce una leve mortandad natural. «Según los últimos estudios que hemos hecho en este sentido, las repoblaciones llevan el grado de desarrollo esperado», certifica Santiago que, en base a los datos tomados en 2013, calcula que hacia 2022 se van a producir 3.400 toneladas de bornizo a las que se debería encontrar un destino.

Cualquiera que sea la futura aplicación, en ningún caso se espera que pueda ser tan rentable como el corcho de las siguientes futuras. Aun así, serviría para hacer un poco más rentables las explotaciones de alcornocales, que en los últimos años han sufrido el descenso en los precios del corcho. «La tendencia en los últimos años es al alza moderada, aunque siempre hay oscilaciones que dependen del volumen de materia prima que salga al mercado. Ahora mismo el precio del corcho en el campo está cerca de 1,5 euros el kilo. Lejos de los más de dos euros a los que llegó al principio de la década de 2000, pero más alto de los 90 céntimos en los que se situó en 2010», comenta Santiago, que no cree que afecte al precio del corcho que las repoblaciones entren en producción, ya que lo harán de manera gradual, y la llegada de más materia prima a la industria va a servir para compensar la lenta bajada que tiene la producción de corcho en Extremadura.

Tras el proceso industrial los precios son muy dispares y dependen del producto. Lo más caro es el tapón natural, que se acerca a los 45 euros el kilo y al que solo se destina un 10% de la producción final de corcho. Desde ahí el valor se va reduciendo según se fabrique tapones de champán, de aglomerado, parqué o aglomerado de aislamiento.

Guía para agricultores

En lo que concierne al manual de buenas prácticas, lo que se pretende desde Cicytex es ofrecer una serie de consejos y recursos a los agricultores para que puedan gestionar mejor sus fincas. «La intención es que esas herramientas puedan terminar recopiladas en una guía», apunta la coordinadora del proyecto Neosuber.

En este apartado del proyecto, el primer paso es conocer las masas de alcornoques que hay en Extremadura con la finalidad de establecer unas tipologías a nivel regional en las que puedan encuadrarse aquellas que tengan características comunes. «El objetivo es aportar explicaciones útiles y aplicables a alcornocales concretos», indica Murillo.

Las variables que se tendrán en cuenta para las distintas categorías serán el clima, el suelo o la orografía, pero también otras como la densidad de alcornoques, el ecosistema, la presencia de otros árboles o el aprovechamiento del terreno, entre los que pueden estar el ganadero, la producción de corcho o de leña, la apicultura, la micología y la actividad cinegética, entre otras. «Hay tantos factores implicados en la gestión que necesitamos encontrar aquellos indicadores que sean representativos y fáciles de identificar por los propios gestores», expone Murillo.

A continuación, se harán una serie de encuestas con los agricultores para conocer qué fines se plantean con sus explotaciones. «Esto nos ayudará a caracterizarlas y a detectar sus necesidades reales, lo que nos servirá para crear una serie de modelos con las actuaciones que se deben realizar para alcanzar ese ideal», dice la investigadora.

El manual contendrá las recomendaciones de los técnicos para llegar a la explotación deseada y mantenerla en el tiempo.

Por último, y una vez concluida la guía, los responsables del proyecto quieren establecer una red de parcelas modelos -entre las que hayan puesto en práctica sus recomendaciones- para que todos los agentes implicados en el sector del corcho puedan ver de primera mano cuáles son los trabajos a realizar y el resultado de los mismos.