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El vacuno extremeño gana músculo

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Vacas comiendo en la finca Las Torrecillas, situada en el término municipal de San Pedro de Mérida:: / Brígido Fernández

  • El número de cabezas aumenta cada año en la región del mismo modo que crecen las exportaciones. Solo la tuberculosis ensombrece el panorama

Los dientes de sierra, tan frecuentes en otros sectores agroganaderos, no son asunto del vacuno. No es mal cosa. «Aquí nadie gana mucho dinero durante tres años o se hunde en otros tres», resume Enrique de Muslera, presidente de la asociación Ganaderos del Reino, que está integrada en la organización Apag Asaja, y también de Ternera de Extremadura, el organismo que certifica la calidad de nuestras reses y se ha convertido en el referente de distinción de las carnes del vacuno autóctono. «La estabilidad viene dada en buena medida por el colchón de las ayudas de la PAC y porque tenemos realmente un producto de calidad que tiene salida, aunque nos faltaría potenciar la integración cooperativa para dar un salto mucho más alto», añade Julián Monforte, ganadero de Coria con una explotación familiar de 120 vacas reproductoras.

Con cerca de 900.000 cabezas según los datos de la Junta de Extremadura, de las que 410.000 son madres (260.000 en la provincia cacereña y 150.000 en la pacense), el vacuno va acumulando una mayor relevancia dentro del sector ganadero regional. El último censo que maneja la Consejería de Medio Ambiente y Rural habla, en este mismo 2017, de 887. 102 ejemplares de vacuno en Extremadura, 572.529 en la provincia de Cáceres y 314. 573 en la de Badajoz.

Son bastantes más de los que había al principio de la década de 1990 y también más que al principio de esta década porque el sector, tras descensos a partir de 2007, ha ido incrementando de forma gradual su presencia.

En 1992, por ejemplo, el censo autonómico reflejaba 517.490 cabezas en total (320.567 en Cáceres, 196.693 en Badajoz). Más cercano en el tiempo, en 2012, el número de ejemplares vacunos en Extremadura era de 764.919 (488.830 en la provincia cacereña, 276.539 en territorio pacense).

Se trata de un vacuno para producir carne casi exclusivamente porque el de leche es apenas visible en Extremadura salvo en el oasis ubicado en el municipio de Casar de Cáceres que lidera la cooperativa Cooprado. En el vacuno regional predominan las reses cruzadas de varias razas autóctonas cuyos animales son vendidos fuera de la región tras el destete de la madre. Esto es, a los seis o siete meses. Apenas se ceban animales en Extremadura (fase de alimentación antes de ir al sacrificio) y tampoco se matan muchos animales.

El matadero instado en Almaraz, de propiedad privada (de la empresa El Encinar de Humienta), ha abierto un nuevo horizonte en este sentido. En 2015, en esas instalaciones se sacrificaron 100.000 animales y espera llegar a los 130.000 en 2018. Es la empresa clave para las explotaciones acogidas a la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Ternera de Extremadura porque el 80% del ganado extremeño se mata en esa localidad del norte cacereño.

Esta es, en general, la radiografía de un sector en auge en la comunidad autónoma a pesar del lastre de la tuberculosis bovina, el principal enemigo que atisban los ganaderos en medio de un panorama ciertamente esperanzador.

A esa inquietud por la enfermedad se le une otra, aunque esta más coyuntural. Se trata de la ausencia de lluvias en este invierno y las fuertes heladas. Una combinación que ha dejado apenas sin pastos a las explotaciones y que hace incrementar el dinero destinado a la alimentación de los animales. Los ganaderos reclaman lluvia generosa de forma inmediata para encarar bien el año.

«Tenemos un potencial tremendo porque contamos con explotaciones en dehesa o sistemas adehesados y en esos somos líderes indiscutibles. También nos faltaría apostar más también por los cebaderos comunitarios. Eso, claro, y que haya más movimiento cooperativo. Y no harían falta muchas cooperativas para hacerlo bien. En cualquier caso, se puede decir que el vacuno está bien en Extremadura», relata Antonio Prieto, responsable del sector ganadero de UPA-UCE.

«El vacuno va cogiendo cada vez más el hueco del ovino. Es decir, paulatinamente se van pasando al vacuno más ganaderos que tenían ovejas y esa tendencia va a seguir así. Se explica por la estabilidad que ofrece», añade Ángel García Blanco, presidente de Asaja Cáceres.

Solo 5.000 lecheras

El vacuno de carne alcanzó, según datos del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, un valor económico de más de 2.600 millones de euros en 2015 en España. El valor estimado de las producciones en nuestra región supera claramente los 200 millones de euros.

Este producto representó aproximadamente el 6% de la producción de la rama agraria en nuestro país hace dos años. Dentro de las producciones ganaderas en España, incide la estadística del Ministerio de Agricultura, es la cuarta en importancia tras los sectores porcino, avícola y lácteo.

En Extremadura, como se ha reseñado antes, el subsector lácteo es poco significativo. Apenas hay 5.000 vacas lecheras sobre un censo total de 410.000 hembras.

El vacuno de carne copa en nuestro territorio todo el protagonismo. «Nos movemos dentro de una estabilidad de precios desde hace varios años y con un censo que va subiendo poco a poco. Eso, visto lo que ocurre en otros sectores, debe interpretarse como algo bueno aunque es evidente que siempre queremos que se nos pague más por un producto elaborado en un ecosistema único como es la dehesa», reflexiona Enrique de Muslera.

«El vacuno extremeño está equilibrado en estos momentos y seguimos ganando terreno con presencia además en grandes superficies en Madrid y firmando acuerdos importantes como el de suministrador de la carne de vacuno de McDonalds. Más de la mitad de la carne de ternera que utiliza esa empresa procede de Extremadura», añade el ganadero, con animales en el término municipal de Olivenza.

«Este sector apenas realiza la fase de cebo aquí. Eso se hace normalmente en instalaciones de Castilla-La Mancha y Cataluña. Sería muy importante que diéramos ese paso en Extremadura para a su vez crecer en otro espacio que nos supondría ganar muchísimo, el de la comercialización. Se trata no solo de hacer un buen vacuno, que ya lo hacemos, y de contar con un territorio extraordinario para ello como la dehesa sino de venderlo mejor», señala Julián Monforte.

El ganadero cauriense pone voz a una opinión extendida en el sector. «No es fácil propiciar la integración de ganaderos, el cooperativismo, la unión. En el sector agrario, en regadío sobre todo, es mucho más fácil pero aquí es mucho más complicado. Es una cuestión no solo de mentalidades sino de que, a mi juicio, en el vacuno sigue habiendo muchos corredores, demasiados mediadores entre el ganadero y la industria», finaliza Monforte.

Con todo, la tendencia nacional es a la concentración y especialización de la producción, desapareciendo las unidades productivas (explotaciones) más pequeñas, algo prácticamente calcado a lo que está ocurriendo en otros subsectores ganaderos como el del porcino.

Poco cooperativismo

«Aquí casi todos vendemos al destete y casi todos tenemos ganado de razas cruzadas. El ganado puro no tiene salida comercial», explica el presidente de Ganaderos del Reino. De Muslera detalla así las dos características claves para entender la realidad de la ternera extremeña y su evolución en los últimos tiempos. La estadística de la Junta indica que, de los 887.700 ejemplares de vacuno contabilizados ahora, 612.651 son procedentes de razas cruzadas; 123.104 de limusín exclusivamente; 29.700 de retinta y 28.205 de charolés. Las razas cruzadas surgen fundamentalmente de charolés y limusín con vaca retinta.

«El macho cruzado al destete se vende entre 600 y 650 euros ahora. Estamos hablando de cuando pesa 200 kilos aproximadamente. Por la hembra se pagan unos 180 euros menos. No son malos precios. Ni tampoco hay oscilaciones en los últimos tiempos», explica García Blanco.

El dirigente agrario considera, dentro de su análisis, que el vacuno de carne tiene un exceso de producción dentro del conjunto nacional pero que la alta demanda del exterior «nos está salvando». Una demanda, asegura, que llega de países árabes y de otros países de nuestro entorno comunitario.

Con las exportaciones tirando básicamente del carro del vacuno, la región, recalca el dirigente agrario, debe asomarse definitivamente al desarrollo cooperativo. Existe una cooperativa de segundo grado (esto es, integradas por sociedades cooperativas de base) llamada Bovies (Bovinos de España).

En este grupo cooperativo están entre otros Copreca, de Trujillo, Ibercom, con sede en Zafra, o Cooperativa Ganadera Sierra de San Pedro, de Alburquerque. «Poco a poco va ganando terreno pero necesitaríamos más», expresa.

Del mismo modo, lamenta Ángel García que se cebe poco ternero en Extremadura por una costumbre extendida desde hace años. Sin embargo, el cebo del ternero se ha ido incrementado en la región aunque no por convencimiento propio de que mejora el balance final de la cuenta de resultados sino por imperativo legal. «Se ceba más porque te inmovilizan la explotación por la tuberculosis y otras enfermedades», concreta.

Cebaderos

Se refiere a que la aparición de la lengua azul y, sobre todo, de la tuberculosis bovina, con especial incidencia desde 2013, han motivado que se impongan restricciones sanitarias para los movimientos de ganado. De un lado, eso ha propiciado que se haya dificultado el abastecimiento de los cebaderos intensivos.

Por otra parte ha obligado a los ganaderos productores de Extremadura a cebar los animales en sus fincas ante la caída de precios en vivo y los serios impedimentos de la Administración veterinaria para vender en vivo los terneros a otras regiones. En este sentido el Gobierno regional ha puesto en marcha una línea de ayudas para incentivar este tipo de instalaciones.

«Se han ido poniendo más, sí, pero apenas tenemos de las grandes, de las que presentan una mayor capacidad. Ojalá se siga incrementando aunque no sea por una cuestión tan negativa como por la incidencia de la tuberculosis», dice el representante de Ganaderos del Reino.

«Esa enfermedad es realmente el elemento más amenazador que tenemos para aumentar el censo y para mejorar nuestro sector. Los últimos indicadores hablan de una menor incidencia de la tuberculosis pero sigue siendo especialmente dañina en algunas comarcas de la región», concluye.

El desarrollo de la IGP Ternera de Extremadura ha dotado también de un nuevo valor al ternero regional. S e trata de una indicación geográfica protegida joven y que arrancó de forma muy modesta.

Los ganaderos señalan el apoyo prestado a los productores e industriales de la carne de vacuno a través del desarrollo y crecimiento de la actividad de certificación de origen y calidad a través de la indicación geográfica. Su sello ha contribuido a revalorizar e incentivar la cantidad de cebo y sacrificio en Extremadura, apoyada también desde la Administración regional, comenta De Muslera.

Ternera de Extremadura, determina su presidente, garantiza un modo de producción extensiva y de calidad, a partir de razas autóctonas, con cebaderos abiertos al aire libre y un estricto control de la alimentación y crianza del animal.