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Olivos a pleno rendimiento

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Una máquina cosechadora pasa sobre los arbustos recogiendo el fruto / Lucio Poves

  • Las explotaciones superintensivas harán cambiar el mapa del cultivo de la región

Las explotaciones superintensivas de olivos están suponiendo una verdadera revolución dentro del sector olivarero extremeño, que ve en ellas un gran potencial de rentabilidad. Las producciones (entre 10.000 y 12.000 kilos por hectárea) se logran en un corto plazo y las recolecciones se hacen con cosechadora.

Para conseguir producciones de este tipo hay que partir de variedades menos vigorosas, que genéticamente van a crecer poco, no producen demasiada leña y se pueden mantener con una poda adecuada como si fuesen setos (como la arbequina koroneiki o arbosana).

En una plantación superintensiva se colocan entre 1.500 y 2.000 árboles por hectárea, de manera que la planta pueda ser cabalgada por la máquina cosechadora. En realidad, lo que nace es una sucesión de olivos que forman un auténtico seto. Con el adecuado riego por goteo estas plantas, en dos años y medio, es posible tener su primera cosecha.

Miguel Ángel Llerena Galera es ingeniero técnico agrícola y director de Viveros El Castillo de Los Santos de Maimona, que es una empresa dedicada a la producción de plantones para olivares por la técnica de nebulización desde 1994. Ha sido pionera en España en este terreno y actualmente es una de las más importantes del país, ya que además goza de la certificación por parte de la Junta de Extremadura de sus 'plantas o pies madres', de manera que no solo las utiliza para el propio vivero, sino que vende a otros viveros del país.

«La forma de plantar olivos ha cambiado de manera radical», señala Miguel Ángel Llerena. «Antiguamente los agricultores cortaban una rama leñosa de un olivo y la colocaban en el sitio elegido esperando a que se enraizase y creciese, cosa que llevaba mucho tiempo; nosotros partimos de esquejes del tamaño de un palillo que conseguimos de nuestras 'plantas o pies madres', los enraizamos en macetas de papel -que están sustituyendo a las de plástico para contaminar menos- y al agricultor se los entregamos listos para plantarlos. Disponemos incluso de máquinas plantadoras guiadas por GPS para colocar cada olivo en su sitio. Las variedades de que disponemos se pueden utilizar para plantaciones tradicionales -100 plantas por hectárea-, intensivos -entre 200 y 300 por hectárea-, o superintensivos o en seto -1.500 a 2.000 plantas por hectárea»-, añade.

Variedades como la morisca o basta -tan extendida en la zona de Los Santos- es la que menos sale del vivero y eso lleva a la conclusión de que en un futuro no muy lejano la imagen del olivar habrá cambiado radicalmente en muchos puntos de Extremadura porque se habrá apostado por plantaciones intensivas o superintensivas. En los regadíos del Plan Badajoz ya se están poniendo olivares de este último tipo.

Tradicionales

En cualquier caso, en este tipo de viveros, la variedad morisca se sigue ofertando junto a otras variedades autóctonas, como la carrasqueña o manzanilla, verdial, pico limón, manzanilla cacereña y otras foráneas como la arbequina, koroneiki, frantoio.

Las macetas ya enraizadas son colocadas en otras mayores

Las macetas ya enraizadas son colocadas en otras mayores / Lucio Poves

«En nuestros viveros tenemos 'plantas madres' certificadas por la Junta de Extremadura -que mantiene una vigilancia constante- de unas 20 variedades utilizadas para sacar los esquejes que en principio plantamos en una turba especialmente preparada para ello, en pequeñas macetas de papel y las colocamos en un vivero muy especial, digamos el nido donde enraízan tras un tratamiento hormonal y antifúngico. Las bandejas de enraizamiento se colocan sobre un suelo radiante y se riegan por el sistema de nebulización -desde el techo del vivero se crea la nube de agua- de manera que las condiciones de calor, luz y humedad sean las idóneas para que la plantita no se muera y enraíce mínimamente; una vez logrado esto las llevamos a otras zonas de nuestros viveros, donde las seguiremos regando y abonando para hacerlas crecer; y más tarde procederemos a replantarlas en macetas más grandes listas para la venta una vez hechas las correspondientes operaciones de poda».

Últimamente se está huyendo de las macetas de plástico, que son más contaminantes, y se están cambiando por las de un papel especial que permite un mejor enraizamiento y es más manejable para el agricultor. En cuanto al éxito del enraizamiento de los esquejes, es de una media del 50 por ciento.

«No todos los que colocamos en nuestras bandejas de nacimiento prenden, y por eso siempre hay que contar con un porcentaje que no progresa», concluye Llerena.

Los plantones de olivos obtenidos por el sistema de nebulización en los Viveros El Castillo de Los Santos se venden en toda España y Portugal (en este país el 50 por ciento) pero también han salido partidas para países tan alejados como Afganistán, Uganda, Irak, y otros más cercanos como Francia o Marruecos.

En una extensión de 8 hectáreas divididas en dos ubicaciones distintas: zona del castillo y zona de Lamparilla -de las cuales 30.000 metros cuadrados son invernaderos- Viveros El Castillo consigue el 'milagro' de producir olivos enraizados a bases de esquejes del tamaño de un palillo. En la parcela del Castillo se encuentra el vivero 'nido' -que se calienta desde una caldera alimentada con huesos de aceitunas como combustible- y las plantas madres -al aire libre- que solo se cubren si las inclemencias del tiempo son desfavorables.

En lamparilla están los viveros de crecimiento, en donde la luz y el calor se regulan con parasoles y el sistema de riego sigue haciéndose desde el techo.