Hoy

-

El maíz sigue retrocediendo; pierde hectáreas y baja el precio

fotogalería

Una cosechadora recoge maíz en la finca La Loma, en el término municipal de Medellín aunque pegada a Santa Amalia, en las Vegas Altas del Guadiana . / Brígido Fernández

    Será cosa también del año bisiesto», se lamenta Fernando Gutiérrez, de 58 años. Sin alzar la voz pero con rotunda convicción, este agricultor de Santa Amalia, en las Vegas Altas del Guadiana, se agarra a la superstición que triunfa en el imaginario popular sobre lo negativo que es para el campo un año bisiesto para explicar el agravamiento de la crisis que atraviesa un cultivo vital para Extremadura. Aunque no tenga ni el impacto social ni la presencia mediática de otros, el maíz, sus hectáreas y sus productores, son parte fundamental para explicar el buen desarrollo del regadío en la comunidad autónoma.

    Un mal año para el maíz extremeño significa un mal año para una apreciable base del PIB regional. «Y este año vamos a perder 32 millones de euros respecto a lo que sería un año normal tanto en producción como en precios», cuantifica Ignacio Huertas, secretario general de la organización agraria UPA-UCE.

    Esta campaña, al exceso de agua de primavera y las tormentas posteriores que obligaron a hacer en muchos casos una segunda siembra se le ha sumado un descenso de la superficie cultivada, unas 7.000 menos que hace un año, y una «asfixiante» -afirma Huertas- realidad de precios por cada kilo entregado.

    Menor precio, menos hectáreas y obviamente menos producción porque los rendimientos han sido inferiores dentro de una coyuntura internacional en la que este herbáceo, clave en la economía del mundo y en la alimentación, también está golpeado por indicadores muy negativos en cuanto a la demanda.

    El maíz es uno de los principales cultivos de nuestro plantea con una producción total de más de 820 millones de toneladas al año. Según las estadísticas de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), su mayor productor es Estados Unidos, seguido de cerca por China. Otros países que destacan son Brasil, México, Argentina, India e Indonesia. España ocupa el puesto 27 en el ranking de países productores a nivel mundial pero es el noveno en el ámbito de Europa.

    «Nos están pagando lo mismo que hace treinta y tres años. Y no exagero», afirma Domingo Fernández, presidente del grupo cooperativo Acopaex. «Hace cuatro años nos pagaban cuarenta pesetas por kilo (veinticuatro céntimos de euro). ¿Cómo se puede explicar eso?», cuestiona Fernández. «Estamos en un momento crucial, muy delicado de este cultivo», finaliza indignado.

    Pepe Mayoral, de 68 años y también residente en el municipio pacense de Santa Amalia, expone los datos. «Nos están pagando entre veintiocho o veintinueve pesetas por kilo (diecisiete céntimos de euros) y para que podamos hablar no de rentabilidad sino de no perder deberían pagarse treinta y cinco pesetas pesetas (veintiún céntimos)», añade el productor amaliense.

    Este cultivo es clave para regular las producciones de regadío en la región, sigue retrocediendo

    Este cultivo es clave para regular las producciones de regadío en la región, sigue retrocediendo / Brígido Fernández

    Precios

    «Además, a ese precio hay que quitar otras dos pesetas por el secadero. Así que todavía es menos lo que recibiremos», subraya indignado Fernando Gutiérrez.

    Pepe Mayoral forma parte de una familia dedicada al cultivo del maíz. Aporta unas 45 hectáreas a la explotación familiar. Mientras, Gutiérrrez tiene 88 hectáreas en explotación, «aunque 8 las he perdido por el tiempo». «La previsión es que finalmente se pague igual o incluso algo por debajo del año pasado», finaliza en tono pesimista el responsable extremeño de UPA-UCE.

    La tonelada de maíz no pasará por tanto de los 170 euros en esta campaña aunque el mínimo a recibir por parte de los agricultores, coinciden en señalar todos, debería ser al menos de 200 euros.

    Las cuentas rondan por la cabeza de Pepe Mayoral mientras una cosechadora, valorada en 260.000 euros, recoge el maíz plantado a lo largo de 21 hectáreas en la finca La Loma, en el término municipal de Medellín, aunque a poco más de dos de kilómetros de Santa Amalia. Se accede fácilmente por la carretera de Yelbes.

    «Nadie en Extremadura se puede costear una cosechadora. Casi todo el mundo la alquilamos para las dos semanas más o menos que tenemos para cosechar», especifica Mayoral.

    Maíz desgranado acumulado en un camión para ser tratado posteriormente

    Maíz desgranado acumulado en un camión para ser tratado posteriormente / Brígido Fernández

    La máquina tiene una capacidad de almacenamiento de 8.000 kilos y de forma rápida recoge el producto. Su conductor es prácticamente la única mano de obra que se necesita para este cultivo, además de las propias del agricultor y normalmente su familia para los tratamientos fitosanitarios y el abono.

    «Es cierto que no es un cultivo, como otros, que generen bastante empleo pero tiene otras virtudes. Además, los costos son importantes», aclara Domingo Fernández.

    El maíz es el cultivo alternativo, colchón o regulador, según los distintos calificativos que se les asigna. «Es lo que plantamos cuando no se puede o no se debe poner más tomate o más arroz, por ejemplo. Y es lo que nos permite tener bien la tierra para el próximo año porque se aprovecha su materia inorgánica (tallos y hojas) después de que se recoja», resume Mayoral.

    «Es el principal cultivo del regadío no solo en superficie (no hay otro que tenga tantas hectáreas aunque ahora estén bajando) sino porque es el cultivo refugio, que regula el equilibrio del resto de cultivos. Es el que permite que haya una buena rotación de cultivos y no sature otros mercados», añade el dirigente regional de UPA-UCE.

    «Este año hemos puesto maíz pero lo lógico y conveniente es que el año pasado fuera para otro cultivo», afirma Javier González, de 47 años, yerno de Mayoral. «El maíz se siembra a pesar de que no es rentable», confiesa a HOY. «Es necesario sembrar maíz para tener un poco de todo y porque es muy importante tanto por lo que significa para el consumo humano como también para el animal», agrega Fermín Suárez, agricultor de Villanueva de la Serena y responsable del sector de herbáceos de Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura.

    La cosechadora deposita el grano del maíz en un camión antes de ir al secadero

    La cosechadora deposita el grano del maíz en un camión antes de ir al secadero / Brígido Fernández

    Usos

    Los principales usos del maíz, en cuanto a alimentación humana, son los de la obtención de aceites, almidón, harinas y productos derivados. En cuanto a alimentación animal, se puede destinar en grano o harinas para piensos, tallos y granos para alimento en verde o ensilado, zuros (corazón de la mazorca después de desgranada) triturados como alimento de vacuno, engorde de cerdos y aves. Como se ha indicado antes, los tallos pueden ser triturados y agregados al suelo como materia orgánica.

    En cuanto a sus usos industriales, hay que recordar su valor para la producción energética. El Ministerio de Agricultura concreta, por ejemplo, que dos toneladas de zuros equivalen a una tonelada de carbón mineral.

    También se puede destinar para la industria papelera, la textil, para obtención de furfural (compuesto químico), bebidas alcohólicas, siropes, consumo en fresco, fabricación de cervezas y determinados tipos de whisky....

    Este herbáceo también puede ser usado como biocombustible para generar carburante, una cualidad de la que los maiceros extremeños no pueden aprovecharse en estos momentos.

    Hay una planta de bioetanol en Babilafuente (Salamanca), propiedad del grupo de Abengoa, que necesitaba miles de kilos de maíz para carburante. La demanda era altísima. «Pero la crisis del grupo ha hecho caer en picado eso. La planta está cerrada durante buena parte del año. Un palo fuerte más para el sector», relata Fernández.

    Otra demanda que también ha descendido es la de alimento para ganado, fundamentalmente para el porcino. «Era otra salida pero se ha ido cerrando en los últimos años», subraya Suárez.

    Con este panorama es fácil de entender que en este año no haya más de 50.000 hectáreas de este cultivo en la región. Cooperativas Agro-alimentarias de Extremadura habla exactamente de 49.634 hectáreas sembradas y UPA-UCE las sitúa en 49.300. En todo caso, son bastantes menos respecto a las 56.219 de la campaña pasada (12% menos que hace un año).

    Por este motivo, desde Cooperativas se estima que la producción regional será de algo más de 496.000 toneladas. En la campaña anterior se superaron las 562.000 toneladas (-11%). Extremadura sigue siendo la tercera región productora de maíz en España tras Castilla y León y Aragón. La primera es la comunidad castellanoleonesa -suele tener un 25% de la producción nacional- mientras que la extremeña y la aragonesa están prácticamente empatados en cuanto a producción. El porcentaje oscila entre un 15 y un 25%, aunque en los últimos años nuestra región presenta mejores números que Aragón.

    Se da la circunstancia de que el maíz sigue siendo un producto que tiene buena salida en el mercado exterior aunque para autoconsumo en Extremadura es deficitario. «Antes teníamos de sobra para nuestras necesidades, ya fuera para alimentación animal o, en menos medida, humana, pero esa tendencia ha cambiado desde hace tiempo», enfatiza Fermín Suárez.

    La menor producción no es solo consecuencia de menos hectáreas sembradas sino también de una tierra que, en esta ocasión, ha rendido menos por las adversidades meteorológicas de todo el año. Agua en exceso y torrencial a veces, con pedrisco incluido, y exceso de calor en septiembre.

    «Si el rendimiento por hectárea normal es de 12.000 kilos de media este año llegaremos a las 10.000 o pasaremos de ahí por poco. En el mejor de los casos se llegaría a los 11.000 kilos», comenta Pepe Mayoral.

    La cosechadora deposita el grano del maíz en un camión antes de ir al secadero

    La cosechadora deposita el grano del maíz en un camión antes de ir al secadero / Brígido Fernández

    Características

    El maíz es una planta de climas templados. Es muy sensible al frío y a las heladas. La temperatura mínima de germinación no debe ser inferior a los 10 grados. Por encima de esa cifra el proceso no es el correcto. La temperatura perfecta para su crecimiento debe situarse entre los 21 y los 30 grados. Estar por encima de los 35 grados y los vientos secos causan una polinización deficiente y la pérdida de azúcares en los granos.

    El Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (Cicytex) ha desarrollado a través a una parcela experimental un ensayo para evaluar el comportamiento de 23 nuevas variedades de maíz, destinadas fundamentalmente al consumo animal. Expertos de este centro dependiente de la Junta de Extremadura llevaron a cabo en Moraleja hace dos años ese ensayo para que los agricultores pudieran elegir de cara a la campaña siguiente.

    El centro estudia las variedades de maíz en tres zonas representativas del cultivo en Extremadura: norte de Cáceres, Vegas Bajas y Vegas Altas de Badajoz, para determinar sus caracteres agronómicos.