Hoy

«No entiendo que la cabra tenga menos ayudas que la oveja»

Ignacio Plaza Mariscal, en su finca con sus ovejas y su perro. :: JSP
Ignacio Plaza Mariscal, en su finca con sus ovejas y su perro. :: JSP
  • Ignacio Plaza | Ganadero y quesero

  • Además de ganado ovino y caprino, este profesional de Aldeacentenera cría cerdos en determinadas épocas

L a jornada laboral ha comenzado temprano. Antes de atender a HOYAgro a primera hora de la mañana, ha tenido que ver unos animales. Cuando finalice la entrevista a pie de campo, le esperan otros asuntos que hacer en su cabaña ganadera. No para. Persona inquieta y comprometida con el mundo del campo, con facilidad de palabra y entusiasta por lo que hace. Así es Ignacio Plaza Mariscal, ganadero y quesero. Vive en su propia explotación, a unos kilómetros de la población cacereña de Aldeacentenera (630 habitantes), a pie de la comarca de Villuercas.

Cuenta con todo lo necesario para vivir. A pesar de la ajetreada vida laboral, cada día disfruta de la belleza que el campo regala en cada estación del año. Uno de los inconvenientes que vive es la falta de cobertura de Internet. Para conectarse, hay que hacer auténticas peripecias como subirse a lo más alto del cerro para mandar un simple email. Ante esta circunstancia, para cualquier trámite, se desplaza a Trujillo, a algo más de media hora en coche.

Ignacio (o Nacho, como se le conoce en el sector), cuenta con una gran variedad de especies en su explotación. Posee sobre todo cabras para obtener leche, con la que elabora su queso artesanal incluido en la denominación de origen protegida (DOP) Queso Ibores. Algunos de sus cabritos son también para carne, igual que su ganado ovino de la raza merina. Hace algunos años tenía una producción de cerdos para aprovechar la montanera. Incluso llegó a pertenecer a la DO Dehesa de Extremadura. Ahora, solo compra primales para tenerlos sueltos desde octubre hasta finales de febrero. Engordan con la bellota y luego los vende.

Plaza recuerda que inició su propia explotación a finales de los años 80, cuando su padre ya se estaba haciendo mayor (ahora tiene 100 años). Su familia frabricaba el tradicional queso fresco que no necesitaba registro sanitario y que se vendía en el mercadillo de Trujillo los jueves. Sin embargo, con las nuevas normativas se prohibió esa actividad. A partir de ahí, decidió poner en marcha una quesería artesanal, con todo tipo de requisitos sanitarios, ya que disponían de la materia prima, como era las cabras y su leche. De este modo, «aquí se hace todo y se queda el valor añadido». A principios de los 90, se obtuvieron todos los permisos y se pudo sacar el producto a la venta.

Han pasado más de 25 años de esos inicios y continúa con todas las actividades de ganadero y quesero. Reconoce que supone mucha dedicación y horas de trabajo. Además, su ganado está en extensivo. Por tanto, significa un plus de esfuerzo. Prueba de ello es que, como las cabras se ordeñan todos los días, mañana y tarde, primero hay que irlas a buscar. Ignacio Plaza cuenta con una persona para ayudarle con el ganado. También dispone de una trabajadora en la quesería. «Luego estoy yo, para hacer un poco de todo», añade.

Uno de los aspectos que destaca de su labor es que no hay días iguales. Tampoco existe un patrón que debe seguir. «El campo no es rutinario». Lo ejemplifica diciendo que en verano hay que atender más a las ovejas por posibles enfermedades de insectos. También hay que tener en cuenta la época de parideras de las cabras. Si es la época de tener los cerdos, aunque estén sueltos igualmente hay que dar una vuelta para saber si tienen mucha o poca bellota. «El ganado es imprevisible, puedes pensar que vas a realizar una cosa un día y te sale otra y tienes que cambiar los planes rápidamente». Lo que sí es rutinario es la elaboración del queso. Siempre se siguen los mismos pasos.

Con tanto trabajo, surge la pregunta de si no ha pensado dedicarse solo a unos animales y dejar otros. Plaza también responde con facilidad y de forma rápida. «No vale siempre lo mismo el ganado. De esta forma, se compensan unos con otros». Explica que si solo se tuviese cabras u ovejas, cuando bajasen de precio «sería un mal negocio». Con una explotación diversificada, se puede tener mejores resultados económicos.

También existe una segunda razón. Se trata de un mejor aprovechamiento de la finca. Insiste en que su ganado está en extensivo. De este modo, los animales están por toda la finca para aprovechar la propia alimentación del terreno. Este hecho provoca que no haya que gastar en suplementos de piensos. No tiene dudas de que con este sistema la leche de sus cabras tiene mucho más calidad que la de un ganado en intensivo. También cree que la carne del cerdo alimentado con bellota y suelto en el campo es mejor que el de un cerdo criado con pienso en una nave. Reconoce que tiene asimismo desventajas. Una de ellas es que la producción de las cabras estabuladas es mucho mayor, ya que esas razas están hechas para este tipo de actividad.

Este trabajo también influye en la quesería, situada en la misma explotación. Apunta que tanto la alimentación como los cuidados sanitarios están muy controlados. Con esta labor, se consigue una leche de calidad. «Utilizo solo mi leche, sé cómo es y si hay una cabra enferma y tratada con antibióticos, esa cabra se ordeña a parte y se tira la leche. Está todo controlado, conozco el proceso. Todo ello hace que se produzca un queso artesanal de calidad». Es Capribor, un alimento tradicional de la zona. Ya está muy extendido por la geografía española.

Implicado en el sector

A pesar de no parar cada día con su trabajo en la explotación, todavía le queda algo de tiempo para formar parte de distintas organizaciones ganaderas. Tiene claro que para defender el sector hay que estar dentro de él. De este modo, ha pertenecido de forma activa a entidades en defensa de cabra. «Lo he repetido muchas veces y se lo he dicho a los políticos. Gracias a nuestras cabras, que están en extensivo, no hay tanto matorral y por tanto, se evita los incendios en verano», asevera. Por ello, reivindica un mayor apoyo de las administraciones. En este sentido, se queja de que el sector caprino siempre se lo ha considerado el hermano pobre del ovino. «No entiendo por qué tiene menos ayudas la cabra que la oveja, cuando es un ganado más delicado y da mucho trabajo, además de que beneficia más al campo», explica casi resignado este productor.

En la actualidad, Plaza el presidente de la DOP Queso Ibores. Defiende que los productos de una denominación de origen son de calidad, que han tenido que pasar muchos controles. Por este motivo, apunta que hay que apostar por ellos. Aunque reconoce que las Administraciones apoyan a las denominaciones de origen, considera que esa ayuda debería ser mayor. Recuerda que esas marcas de calidad tiene una gran importancia y llevan el nombre de Extremadura a otras zonas.

Otra de las reivindicaciones es la mejora de los caminos, otro problema para muchos cabreros.