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Los incendios del verano se empiezan a apagar desde otoño

Ejemplo de paisaje inteligente en Las Villuercas
Ejemplo de paisaje inteligente en Las Villuercas / Aeefor
  • El diseño técnico de espacios forestales, su aprovechamiento y el cumplimiento de los planes de ordenación refuerzan la prevención

Cuando pasa la temporada de riesgo alto de incendio se suele olvidar la tan cierta como recurrente frase de que “los incendios se apagan en invierno”, que lo que realmente significa es que más vale prevenir que lamentar. La temporada alta terminó el 16 de octubre y HOY Diario de Extremadura y Aeefor (Asociación Extremeña de Empresas Forestales) se han propuesto continuar con la campaña de prevención desarrollada durante el verano, en un afán compartido por contribuir a reducir el riesgo. Por eso, durante todo el año y una vez por mes, se utilizarán las páginas de este medio de comunicación para informar sobre prevención, pero también sobre incumplimientos en materia de incendios por parte de las administraciones y los propietarios particulares o sobre la normativa que rige el sector y se abordarán, además, propuestas que se consideran favorables a la hora de contribuir a minimizar el número de incendios forestales.

Lo primero que muchos se preguntarán es que cómo es posible apagar en invierno los incendios del verano y la primera respuesta es que se puede hacer cumpliendo una ley a la que están obligados administración forestal y propietarios, que deberían contar con un buen Plan de Ordenación de los Recursos Forestales, que no se quedara en un montón de folios redactados para cumplir el expediente administrativo. Estos documentos no tienen valor si no se materializan como herramienta para diseñar montes resistentes al fuego.

¿Cómo? Fraccionando y reduciendo el combustible para facilitar la extinción, una labor que permitiría sacar la máxima rentabilidad a los coordinadores de zona del Plan Infoex, con quienes deberían colaborar también los bomberos forestales. Ellos son los que se enfrentan a las llamas y los mejor preparados para diseñar los montes en los que van a realizar su trabajo.

Otra fórmula de prevención son los trabajos de silvicultura, con los que se diseñan entornos más seguros frente a las llamas, evitando por ejemplo que haya más de 200 hectáreas de superficies contínuas de coníferas y otras especies inflamables, intercalando olivares, castañares, frutales, viñedos o especies de dehesa como encinas, alcornoques y robles que sirvan de escudo frente a las llamas.

Esos mosaicos de vegetación, impedirán los grandes incendios y para mantenerlos, nada mejor que la vuelta a la ganadería extensiva, como en el pasado.

La financiación de este trabajo de prevención podría venir del aprovechamiento de la madera y biomasa, recursos que se obtienen del propio terreno. Se impulsaría con ello la mejora de las condiciones de la población y, lo que es especialmente importante, la fijaría evitando el despoblamiento, que junto al calentamiento global son las causas principales de los grandes incendios forestales.

Cuando se quema un monte, además de la pérdida ecológica de gran valor aunque no tenga precio, está la pérdida económica por el rendimiento que se deja de obtener de todo lo que se convierte en ceniza y el gasto en medios de extinción.

Un ejemplo cercano es el incendio en La Garganta de los Infiernos de este verano, que ha costado alrededor de 3 millones de euros.