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Bosques como el cerdo ibérico, cien por cien aprovechables

Ramas, copas, cortezas, restos de matorral y de arbustos forman la biomasa, el recurso de menos valor que se obtiene cuando se realizan trabajos de prevención. Sin embargo, es un material al que se le puede sacar un alto rendimiento porque se puede utilizar para alimentar calderas que proporcionen calefacción, agua caliente y aire acondicionado tanto a edificios de servicio público como a los vecinos que quieran usar la energía que procede de sus montes.

El beneficio obtenido vuelve al espacio forestal en forma de inversión en prevención, evitando que se queme, al mismo tiempo que se genera además empleo estable y de calidad, con la contratación de operarios para el trabajo de campo, transporte y transformación de biomasa o mantenimiento de los centros de calor.

Pellets de alto valor

La madera, el recurso de más valor procedente de la prevención, se puede reutilizar para fabricar pellets y briquetas, que alcanzan alto precio en el mercado.

«Nuestros bosques pueden ser como el cerdo ibérico, del que se aprovecha todo. Usaremos lo que tiene un precio más bajo para producir energía en nuestros pueblos y venderemos fuera lo que mayor precio alcanza, como siempre se ha hecho en la economía rural, usando las plusvalías para financiar nuestros trabajos», indica Francisco Castañares, presidente de Aeefor.

De lo quemado no se obtiene rendimiento y si se suma el alto coste de la extinción, las pérdidas son cuantiosas. Los datos de Aeefor indican que con el dinero que ha supuesto el incendio de la Garganta de los Infiernos «se podrían haber financiado 30 años los trabajos de prevención, a 100.000 euros anuales para gestionar y disminuir combustible, crear puntos fijos de agua en las cumbres y mejorar las infraestructuras terrestres de acceso, entre otras actuaciones necesarias».