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Sostenibilidad y desarrollo de la economía agraria

INVERTIR en su sector primario es estratégico para un país. Son muchos los estudios que nos indican que, para conseguir alimentar a la población mundial en los próximos treinta años, se deberá incrementar la productividad de la agricultura y ganadería, y, para ello, será clave aumentar las superficies de regadío para obtener una mejora de los rendimientos.

La necesidad de seguir innovando en la producción agrícola es fundamental. Los avances conseguidos en los últimos años en países como Israel, donde a pesar de que las tierras y el clima no son tan favorables como en el nuestro, han conseguido avances espectaculares en sus sistemas de producción agrícola, convirtiéndose en toda una referencia a seguir.

No basta con producir más, hay que producir mejor. En la medida que la demanda de los próximos años se incremente, no solo deberemos cuidar la calidad, sino la optimización de recursos de producción, entre ellos perseguir el máximo rendimiento del agua. Optimizar los recursos hídricos no es solo una cuestión medioambiental, sino también una medida de eficiencia económica.

Lógicamente, la investigación, innovación e inversión agrícola necesitan de las instituciones públicas. Al igual que la mejora de las infraestructuras viales depende del gobierno, de manera similar, la inversión en obras hidráulicas por parte de la administración es clave para que la economía agraria privada se pueda desarrollar.

Sin duda, existe una relación directa entre la mejora de las infraestructuras agrarias, la optimización hídrica y la conservación de los recursos naturales. A mayor investigación y mejora en sus usos, mayor eficiencia de los recursos naturales.

Hemos de pensar, especialmente desde las entidades financieras, que las prácticas agrarias sostenibles requieren una alta inversión inicial que precisa largos periodos de amortización. La adaptación de las condiciones de financiación y la comprensión de la realidad agrícola y ganadera de cada zona, así como de los diferentes cultivos, por parte de las entidades más especializadas en el sector agrario, como la nuestra, sin duda ayudarán a un mayor desarrollo de todo el entorno rural.

A su vez, todas estos avances contribuyen de forma notable a conseguir rentas adecuadas para nuestros agricultores y ganaderos, en un entorno sostenible ambientalmente que, sumadas a mejores técnicas que faciliten el trabajo agrícola, evitan el éxodo de los núcleos rurales.

De nada sirve pensar que la agricultura es clave para un país, confiar en su futuro o creer que deben mejorarse las rentas agrarias, si dentro de treinta años no queda nadie para cultivar los campos.

Esto nos lleva al siguiente asunto: la incorporación de jóvenes agricultores. Este es uno de los aspectos que más cuida el nuevo Plan de Desarrollo Rural. Pero un mundo agro, cada vez más tecnificado, más parecido a una gran empresa que a un pequeño negocio familiar, requiere una especialización y para ello la formación de las nuevas generaciones debe ser un aspecto a cuidar.

No podemos pensar que nuestras explotaciones agrícolas van a ser mejores y más eficientes sin empresarios agrícolas y trabajadores cada vez más especializados. Ser ganadero o agricultor no es sólo un trabajo, es una forma de vida que implica sacrificios y también la satisfacción de obtener lo mejor de la naturaleza.

Conseguir que los jóvenes se interesen y crean en esta forma de vivir y trabajar, sabiendo que es una actividad con futuro y con buenas expectativas, no es sólo una forma de combatir el envejecimiento de la población activa agraria o la emigración de jóvenes a las zonas urbanas, sino de tener un entorno económico, social y rural sostenible que sea generador de riqueza, empleo, y, además, en el que se garantice el relevo generacional.

Otro aspecto relevante a considerar es la adaptación de los productos agrarios al mercado. Nuestros productos tienen unos estándares de calidad muy altos pero los mercados son muy exigentes y, progresivamente, lo van a ser más aún. No es suficiente con aumentar la cantidad de producción, el salto a la excelencia en la calidad es clave. Esto lo saben y aplican muchos de los profesionales que comercializan nuestros productos en el exterior.

Para ello hay que avanzar en la cadena de valor del producto. Existen productos agrícolas que tienen el papel de 'comodities', o lo que es lo mismo, productos indiferenciados. En estos casos, solo cabe ser el más competitivo en precio, tener los mejores canales de venta y magníficas relaciones con los clientes internacionales.

Las mejoras productivas son importantísimas, pero un aspecto vital es seguir avanzando en la mejora de la comercialización, prospección de mercados y posicionamiento de marca.

Hemos sido capaces de que nuestros productos se valoren dentro y fuera de nuestras fronteras, obteniendo un gran reconocimiento muchos de ellos. Cada vez hay mejores profesionales de la comercialización de productos frescos y elaborados de nuestra tierra. En este contexto, el acompañamiento financiero en la salida al exterior tiene cada vez más relevancia pues da seguridad al exportador garantizando el cobro y financiando las ventas, pero sobre todo transmitiendo imagen de solvencia frente al comprador internacional, lo que a su vez repercute en la imagen de nuestros productos.

Sostenibilidad, desarrollo y una forma de vivir comprometida con nuestro entorno, pero, a su vez, innovadora y con la mirada puesta en un mundo cada vez más global, hacen de Extremadura una región donde vivir es agradable. Además, nuestro presente nos hace ser optimistas y estar convencidos de un futuro prometedor donde la producción, transformación y comercialización de productos agroalimentarios sean la base del avance económico y social.