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MALAS PREVISIONES EN EL MERCADO RUSO

DESDE que en 2014 Rusia cerrara sus fronteras a una gran cantidad de productos agroalimentarios europeos, muchos sectores rusos y españoles se han tenido que adaptar al nuevo escenario. Los primeros, buscando aumentar la producción, aprovechando la caída radical de importaciones y, con mucha probabilidad, con el apoyo de su Gobierno, necesitado de evitar el desabastecimiento. Algo que en este año también están compensando mediante la firma de acuerdos comerciales con otros países. Al sector agroalimentario español no le ha quedado otra que diversificar los mercados, algo que por cierto, ha sabido hacer con nota. La caída de las exportaciones españolas a este país ha sido muy significativa, sobre todo en frutas y hortalizas, en carnes y en embutidos.

Haciendo un poco de historia hay que recordar la importancia que adquirió el mercado ruso para las exportaciones españolas desde 1991, tras la disolución de la antigua Unión Soviética. En 2014, tras la crisis política de la invasión de Crimea y otras zonas de Ucrania, la Unión Europea impuso sanciones económicas a Rusia que obtuvieron rápida respuesta con el cierre de sus fronteras. Un caso particular fue el porcino y sus derivados, al que el Gobierno ruso ya había cerrado el paso aduciendo razones sanitarias. Esto le permitió anticipar esta situación, que de hecho vivió de forma similar en años precedentes.

Las perspectivas de apertura son inciertas y numerosos analistas y exportadores tienen sus esperanzas puestas en su resolución. El aumento de las producciones rusas podría hacer pensar que, una vez reabierto este mercado, las producciones españolas y de otros países europeos no tendrían cabida, al estar el mercado cubierto por producto local. Sin embargo, en este análisis pesimista se olvida que el sector ruso se ha desarrollado sin competencia, por lo que no hay garantías de que vayan a ser ser competitivos en un hipotético mercado abierto, frente por ejemplo, a las eficientes producciones españolas. Lo que sí parece más que probable es que el Gobierno ruso continúe con su protección a su industria agroalimentaria, por lo que será difícil que plantee una apertura rápida.

Además, la tendencia en la balanza comercial de Rusia tampoco auspicia un cambio de estrategia. Desde 2009 hasta 2014 su saldo positivo ha estado en continuo crecimiento. En 2015 cambió la tendencia debido a la reducción de las exportaciones y el incremento de sus importaciones. En este cambio tuvo mucha importancia la caída en un 43% de las exportaciones europeas. A pesar de esta bajada, su tasa de cobertura ha crecido hasta el 175%, debido al aumento del peso en el PIB, que alcanzó el 11%

El sector de las frutas y hortalizas se ha visto afectado mucho más de lo que muestran las cifras oficiales, ya que a las exportaciones directas desde España hay que añadir las que realizan operadores de otros países que reexportan el producto comprado en nuestro país, una práctica habitual en Holanda, Francia, etc. De hecho era el primer mercado exterior de los exportadores hortofrutícolas españoles.

Entre tanto la Comisión Europea sigue apoyando al sector y propone aumentar un 10% las ayudas para paliar el impacto del veto ruso. Se prevé que entre en vigor el 1 de enero de 2017, lo que también muestra las escasas esperanzas que tienen nuestros representantes europeos en la solución política del problema. En todo caso no son ayudas directas sino a la retirada de producto, para cantidades muy inferiores al volumen perdido de exportaciones.