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La almendra seduce al campo

Un operario selecciona las almendras en una cinta transportadora de la empresa Pasat, en Corte de Peleas. :: Pakopí
Un operario selecciona las almendras en una cinta transportadora de la empresa Pasat, en Corte de Peleas. :: Pakopí
  • Extremadura pasa de tres mil a seis mil hectáreas de almendras porque cada vez más agricultores apuestan por un cultivo que se ha llegado a vender por nueve euros el kilo

En las instalaciones de Pasat un joven rellena las vitrinas de la entrada con bombones, turrón y mazapán, un agricultor aparca su tractor y pregunta «por el perito», un camionero espera a la sombra que se carguen los 25.000 kilos de almendra con cáscara que tiene que llevar a Málaga y los operarios ponen a punto las máquinas de repelado mientras otros convierten en harina las ya peladas.

La escena resume lo que es Pasat, una industria 'rara avis' del campo extremeño porque produce, transforma y vende todo el cultivo. Desde el almendro hasta el consumidor contradiciendo la teoría de que en Extremadura el valor añadido agrario se va fuera.

En Pasat ha iniciado ya una cosecha que terminará en octubre. En su báscula principal se pesarán más del noventa por ciento de toda la almendra que se recoja en la región. Empezaron hace 25 años con números casi anecdóticos. Entonces, la almendra se concebía más como árbol ornamental que como negocio agrícola. Sobrevivían pequeñas plantaciones de variedades poco rentables arrinconadas en fincas dedicadas mayormente a la uva y la aceituna.

Hoy, el panorama se ha revertido. Se ve como un cultivo en auge y una alternativa consolidada frente a los excedentarios. El consumo global sigue en aumento y eso se nota en el campo, donde cada vez hay más almendros. En pocos años se ha pasado de tres mil a seis mil hectáreas en Extremadura y la tendencia al alza no se ha detenido.

Antonio Pérez Amaya, director general de Pasat, habla de perspectivas a medio plazo más que interesantes.

La entidad opera como sociedad agraria de transformación, una entidad a medio camino entre la cooperativa y la mercantil, formada por 600 agricultores de almendra -más del 90% del total regional- que tienen más de 5.000 hectáreas de producción repartidas por cincuenta pueblos de Extremadura. Al tratarse de una especie mediterránea, puede sembrarse en sitios tan distintos como Ceclavín o Garrovillas.

En Pasat trabajan directamente con los socios en el campo, que reciben asesoramiento técnico para evaluar el tipo de árbol más adecuado según la zona o si optan por regadío y secano.

Los peritos mantienen un seguimiento de cada caso y también prueban en la incorporación de nuevas especies gracias a un acuerdo de colaboración con el Cicytex (Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura). El objetivo, explica el director general, pasa por hallar variedades con una floración tardía -las autóctonas florecen en enero y se hielan más- que minimicen los riesgos del riguroso invierno continental. Para estudiar la evolución cuentan con un campo de experimentación alrededor de las instalaciones. «Hemos introducido más de diez variedades distintas y toda esa información la ponemos al servicio de los agricultores para que consigan explotaciones rentables».

Gracias a la investigación y a los efectos de un mercado en alza, el campo extremeño permitirá que la región duplique su producción en tres años.

En estos momentos hay 6.000 hectáreas plantadas: 3.000 ya dan almendras y las otras 3.000 se han puesto recientemente y tendrán sus primeras cosechas en 2020.

Tratamiento de la almendra.

Tratamiento de la almendra.

Las estimaciones de los productores pasan por llegar a los seis millones de kilos de almendras cuando las seis mil hectáreas sean productivas. «Todavía estamos muy lejos de lo que puede ser este cultivo. En Granada, por ejemplo, hay más de 32.000 hectáreas», explica Antonio Pérez.

El portavoz de los productores insiste en que se trata de una apuesta muy interesante tanto desde el punto de vista de la producción como de la industrialización. En el campo, aclara, tiene un manejo fácil porque las nuevas variedades de floración tardía acumulan más días a quince grados, temperatura óptima para el fruto en el árbol y soportan mejor las plagas por las cáscaras. En la fase de mercado, la demanda global de la almendra crece en todos los mercados internacionales. El año pasado se pagó a nueve euros el kilo a cada productor. «¿Qué producto del campo se paga a ese precio?», pregunta Pérez Amaya.

No extraña, por tanto, que los agricultores, cansados de pelear en mercados excedentarios, se interesen cada vez más y cada vez haya más productores exclusivos con plantaciones de más de 50 hectáreas.

La cosecha suele empezar entre la segunda y la tercera semana de agosto y se prolonga hasta octubre, pero como no es un fruto perecedero, se puede almacenar y procesar durante todo el año. La recolección en el campo es muy similar a la aceituna.

En las fincas pequeñas se hace todo el trabajo a mano, golpeando la rama para tirar el producto a los toldos que se extienden en el suelo y en las más extensas se utilizan los mismos paraguas vibradores de los olivos.

Del campo pasa a las naves de Pasat, en Corte de Peleas, y allí se transforma y se comercializa.

La productora mantiene dos líneas de mercado -la convencional y la ecológica bajo la marca Bioterra- y más de cincuenta referencias de productos distintos elaborados con almendras que se venden tanto a mayoristas como a minoristas. Hay desde turrón, mazapanes, bombones o bolsas pequeñas de cincuenta gramos de almendras hasta aceite o harina, y se mueven en segmentos de mercados mayoritarios -grandes cadenas de supermercados- como minoritarios -un pequeño establecimiento de frutos secos-.

«Intentamos que todo el valor añadido se quede aquí y revierta en los productores». La filosofía, explica el director general, pasa por sacarle todo el rendimiento a la almendra y no renunciar a ningún mercado.

Los productos de Pasat a través de sus marcas comerciales llegan a veinte países distintos, exportan a Europa, Australia y Estados Unidos. A nivel nacional, presume, la marca Bioterra se considera una referencia en el mercado ecológico y está presente en la mayoría de los establecimientos 'eco' de España.

Una de las claves para entender el 'boom' de la almendra pasa precisamente por el aumento del consumo a nivel global.

En España ya no se concibe como un producto de temporada o de ciclo corto que solo se cotiza en la campaña del turrón o el mazapán. La almendra ha pasado de simple aperitivo a un alimento con presencia cada vez más notable en la dieta, muy apreciado por sus propiedades saludables. Al consumirse durante todo el año, ya no es un producto excedentario. En España ha crecido su uso como suplemento alimentario para deportistas y la mayoría de productores de barritas energéticas incorpora la almendra como elemento principal. El interés por este cultivo ha llegado también a las grandes empresas comercializadoras de frutos secos a anunciar la ampliación de sus plantaciones.

En el sector también creen que ha sido clave la introducción en países emergentes de Asia. Para este año, ya vaticina Pérez Amaya que no se pagarán los nueve euros por kilo del pasado -todavía no se saben las cotizaciones- porque entonces coincidieron una serie de factores extraordinarios. «Será algo más bajo, pero igualmente se pagará muy rentable». La campaña que ahora comienza será menor debido a la primavera tan fría, que heló muchos almendros cuando ya habían florecido.

En términos cuantitativos, se espera recoger un volumen de kilos similar porque la menor producción por árbol se suple con la incorporación de fincas que hasta ahora no habían dado nada porque se plantaron en los últimos años.

Otra clave a tener en cuenta pasa por la evolución de las condiciones climáticas en el estado de California, que aglutina la mayor parte de la producción mundial de frutos secos.

La repetida sequía en esta zona de Estados Unidos (en la costa oeste) es la que elevó tanto los precios el año pasado.