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La vendimia trae un 15% menos de uva pero se esperan mejores precios

La cosechadora de la cooperativa Nuestra Señora de Perales
La cosechadora de la cooperativa Nuestra Señora de Perales / J. M. Romero
  • La campaña se ha retrasado al menos veinte días y, aunque la calidad es buena,los viticultores acumulan incógnitas

A las cinco y media de la mañana, con la fresca (si es que al final aparece) es fácil encontrarse junto a cualquier carretera que pasa por Tierra de Barros o la zona de Mérida potentes focos y otras luces más minúsculas que iluminan vides. Es la nueva vendimia en Extremadura, la costumbre impuesta no hace mucho tiempo de trabajar de noche para espantar al calor. «La gente lo está asumiendo. No todo va a ser como hace treinta años», relata Miguel Ángel Muñoz Caro, viticultor de 38 años de Santa Marta de los Barros, en el extremo suroccidental de la principal comarca vinícola extremeña, que a finales de agosto empezó a vendimiar.

La otra característica apreciable es que cada vez se ven menos cuadrillas, cada vez se utiliza menos mano de obra para recolectar. El lento pero persistente proceso de mecanización, con vides en espaldera, hace protagonista cada vez más a gigantescas cosechadoras en perjuicio de esportones, «aunque todavía son bastantes y no creo que vayan a desaparecer entre otras cosas porque todavía hay mucha viña antigua y de secano. Además, tampoco todo el mundo puede disponer de una cosechadora por su precio (que puede rondar los 200.000 euros)», aclara el viticultor santamarteño.

Extremadura dispone de 80.391 hectáreas en este tipo de cultivo. Es la segunda región con mayor superficie de España. El 75% de su terreno vinícola lo copan variedades blancas y el 25%, tintas y cuenta con 16.000 explotaciones en activo, que no se corresponde con el número de viticultores porque estos rondarán la cifra de los 7.000.

Un sector en todo caso con suficiente peso social y económico y muy focalizado en la zona centro y sur de la provincia de Badajoz, aunque con presencia importante también en el entorno de Las Villuercas y Montánchez.

Hace dos años, durante la edición del Salón del Vino y la Aceituna, se aportó el dato de que el sector del vino mueve unos 130 millones de euros en Extremadura durante cada anualidad y solo en exportaciones se alcanzó la cifra de 90 millones en ingresos en 2013.

La comunidad se ha agarrado a sucesivos planes de reestructuración de viñedo desde hace dos décadas, que han cambiado en buena medida las cepas extremeñas. «Se ha trabajado bien en esa línea pero nos queda sobre todo seguir por el camino de la calidad del producto, de la diferenciación. Ahora considero que no hay una clara diferenciación del producto. También hay que ampliar la Denominación de Origen Ribera del Guadiana y hay también que potenciar las bodegas pequeñas. Son las puntas de lanza para ganar calidad», reflexiona de forma general

Nicasio Muñoz Toro, presidente de la cooperativa Santa Marta Virgen, de Santa Marta de los Barros.

Muñoz Toro es igualmente presidente del consejo rector de la denominación de origen. Ribera del Guadiana se puso en marcha en abril de 1999. Por tanto, el distintivo de calidad autóctono es relativamente joven.

Esa cooperativa y el resto de las extremeñas han abierto en esta campaña mucho más tarde de lo habitual (al menos veinte días de retraso) porque la uva ha tardado en madurar. «No sabemos realmente qué grados finalmente alcanzará pero la calidad es buena», sentencia Catalina García, responsable del sector vitivinícola de UPA-UCE.

El que la uva es de buena calidad es una de las pocas certezas que se conocen en este inicio de campaña, que arranca como es costumbre con al recolección de uva de las variedades más tempranas, las blancas macabeo y chardonnay.

El resto de cuestiones a dilucidar es una lista de incógnitas. Para empezar, las dos principales dudas estriban en saber cuánto se cosechará y cuánto se pagará por ello.

En el primer caso, casi todas las estimaciones coinciden. Hay bastante menos producto que la campaña pasada. Como poco, entre un 10 y un 15% menos. Eso significa –sostiene la organización agraria Apag Asaja– no alcanzar los 4 millones de hectólitros en Extremadura. La única voz discrepante sobre la previsible cantidad de uva en esta campaña la aporta Juan Moreno, de Coag, quien aventura que no solo habrá descenso sino que puede crecer incluso un 3,5%, aunque, eso sí, se defiende: «Veremos cómo se comporta septiembre, si llegan las lluvias, porque es seguro que habrá vendimia hasta mitad de octubre».

Sin existencias

«En todos los sitios no será igual porque habrá menos bajada en las viñas de regadío, pero es seguro que este verano tenemos menos uva en Extremadura», enfatiza Miguel Monterrey, presidente de la cooperativa Nuestra Señora de Perales de Arroyo de San Serván, al lado de Mérida, con 130 socios dedicados casi de forma compartida al viñedo y al olivar. Una hectárea de vides de secano pueden generar 2.000 o 3.000 kilos, calcula Monterrey, frente a los 30.000 kilos por hectárea que se pueden sacar con el regadío.

«El año climatológico no ha sido bueno por los excesos de agua a final de la primavera, las tormentas del verano y el calor excesivo de julio sobre todo. Y ha habido que tratar más al viñedo contra las plagas», agrega García, la única mujer, por cierto, que se sienta en el consejo regulador de la denominación de origen Ribera del Guadiana.

La prolongación de la vendimia de forma general hasta octubre en nuestro territorio genera incertidumbre en esta campaña. «Se va a juntar mucho más la vendimia con la aceituna de aderezo, que incluso viene adelantada porque hay muy poca. Eso supone más problemas para nosotros y para las cooperativas», tercia Miguel Ángel Muñoz. «Habrá que mirar más que nunca al tiempo y esperar que la ‘otoñá’ no llegue pronto», indica Nicasio Muñoz.

Con todo, el aspecto capital por definir para los productores es el del precio. Al contrario que pasa en otros cultivos, en los que incluso ya se sabe lo que se va a pagar antes de sembrar, en el caso de la uva no es así. Una mala práctica, critica Catalina García, es la de entregar la uva sin tener firmados los contratos y, por tanto, saber lo que se va a recibir por cada kilo.

«El problema no es eso solo. Lo peor es que ni siquiera el precio de la uva en Extremadura se fija genéricamente aquí. Se hace en Castilla-La Mancha. Los indicadores de allí marcan la línea a seguir», puntualiza el presidente de la cooperativa de Santa Marta, donde están apuntados unos 400 viticultores.

«Todo lo que no sea pagar 3 euros por hectogrado no sería un precio justo por la calidad de la uva y los costos que hemos soportado para lograr un gran producto», añade Monterrey, de la cooperativa arroyana, quien apuesta por una subida de precios de entre un 15 y un 20%.

A falta de concretar ese porcentaje, el sector no tiene duda de que serán mejores que los de la campaña pasada. Por varios motivos. «Por la calidad y por

que no hay excedentes ni en las bodegas ni en las cooperativas», remarca a este periódico García, de la organización agraria UPA-UCE.

El mercado vitivinícola extremeño no tendrá inquietud en ese sentido, «va a ser firme en la presente campaña debido a que el estocaje está bajo mínimos en nuestras bodegas por la buena marcha de las ventas nacionales e internacionales», explica a HOY Juan Metidieri, presidente de Apag Asaja Extremadura.

DMiguel Ángel Muñoz Caro, viticultor santamarteño

DMiguel Ángel Muñoz Caro, viticultor santamarteño / J. M. Romero

Referente explotador

Al hablar de ventas hay que mirar ineludiblemente al grupo cooperativo Viñaoliva, que controla 38.000 hectáreas de vid, casi el 50% de la producción de Extremadura, y por lo tanto un 5 % de la producción total de España (954.600 hectáreas).

El grupo agroalimentario está constituido por 25 cooperativas base, es decir, sociedades de primer grado, y agrupa 8.300 familias de agricultores que cultivan entre vid y olivar más de 78.000 hectáreas en nuestra región.

A falta de datos más exactos, el sector estima que Extremadura exporta el 90% de lo que produce y fundamentalmente a granel. Solo embotellaría el 10% de lo que recoge. Y en este apartado de vendedor de vino Viñaoliva, con 15 bodegas normales, otra experimental, envasadora de vino y un concentrador de mosto, es el referente.

El grupo con sede en Almendralejo está especializado en la exportación, comercializa los vinos de sus socios (las cooperativas base) a granel y como productos envasados de marcas blancas para grandes superficies agroalimentarias. De forma genérica, Viñaoliva acapara el 75% de lo que exportan los viticultores extremeños. El año pasado sacó fuera de España el 40% de su producción.

Según la información del grupo cooperativo, en 2015 la región llegó a exportar el 80% de su vinos a granel y, de ahí, el 50% correspondió a Viñaoliva. Este año parece que las ventas al exterior bajarán. Hay muchas cooperativas que casi no exportan, se indica desde la sociedad.

Anualmente, aunque condicionada por las ineludibles variables climatológicas y de mercado, Extremadura suele sacar fuera de las fronteras nacionles entre 3,2 y 4 millones de hectólitros de vino.

Italia, Portugal, Francia, Rusia y Alemania son los grandes destinos de la uva extremeña que se saca en el mercado a granel. Rumanía y Ucrania también son otros clientes. En cambio, el embotellado de vino regional tiene más países receptores.

Datos y reestructuración

Según la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos del Ministerio de Agricultura, con datos para 2015, la superficie de viñedo en España registra actualmente una ligera subida del 0,4%, hasta situarse en las 954.659 hectáreas. De ellas, 599.327 (62,8% del total plantado) corresponden a secano, mientras que las 355.332 restantes (37,2%), son de regadío. Sólo 3 comunidades españolas –La Rioja, Navarra y Baleares– poseen más superficie de regadío que de secano.

Se trata del quinto año consecutivo en que la superficie de uva de vinificación en España permanece por debajo del millón de hectáreas. La superficie de ahora es un 41,9% inferior a la registrada en 1980, cuando se situó en 1.642.622 hectáreas.

Por comunidades autónomas, Castilla-La Mancha posee la mayor superficie de viñedo para uva de transformación, con 473.268 hectáreas en 2015 (49,6% de la superficie total en España), que suponen un aumento de 9.356 hectáreas (+2%) respecto al año anterior.

Le siguen, más lejos, Extremadura con 80.391 hectáreas, de las que 21.720 son de regadío. Ese dato de 80.391 hectáreas supone un descenso del 3,2% respecto a 2014.

Mientras, Castilla y León ocupa el tercer puesto nacional con 63.359 hectáreas y una caída del 0,6%. Supera a la Comunidad Valenciana, quien tradicionalmente ocupaba el tercer puesto. Esta registra la mayor caída entre las comunidades (-3,7%) y se sitúa en las 62.676 hectáreas.

«Se sigue reestructurando mucho y es un cultivo con buenas perspectivas, aunque la gente del campo estamos expuestos a muchas cosas», reflexiona Miguel Monterrey. Pero el presidente de la cooperativa de Arroyo de San Serván y miembro también del consejo rector de Viñaoliva tiene claro que ese proceso de cambio de variedades y forma de cultivo en la vid debe tener sus horas contadas.

«Sinceramente no quiero que haya más planes de reestructuración aunque esto suene fuerte. Pienso así porque hemos pasado de apostar por la calidad a la cantidad. Es decir, todo lo que se está haciendo es para producir mucho más y esto último nos está haciendo daño», comenta el agricultor arroyano.

Descarga de un remolque con uva blanca en la cooperativa Santa Marta Virgen

Descarga de un remolque con uva blanca en la cooperativa Santa Marta Virgen / J. M. Romero

Peticiones

«Los agricultores estamos muy expuestos a los que deciden los gobiernos. Desde el de Europa, el que más, al de la Junta de Extremadura. Se ha cambiado mucho, y a mejor. Solo hay que darse una vuelta por las viñas y ver que cada día hay más cosechadoras para la vendimia, más riego para las cepas, nuevas variedades en las viñas. Pero lo básico de todo esto es que el productor debe recibir el precio que se merece por todo lo que hace. En esta campaña no se debería discutir que deba haber subida», añade Miguel Ángel Muñoz, de Santa Marta.

El viticultor enfatiza también que la vendimia sigue siendo un buen sistema para generar empleo, aunque la mecanización haya hecho bajar la mano de obra necesaria. En este sentido, la organización agraria COAG dice que la campaña de este año moverá unos 230.000 jornales entre propietarios y trabajadores asalariados, unos 10.000 más que el año pasado.

«A veces se dice que nos falta mejorar el sistema de comercialización por encima de todo. Creo que más que eso lo que tenemos que lograr es hacer productos diferentes y hacer que la denominación de origen vaya creciendo, y eso que en los últimos años se ha producido porque todos los que pedían ayudas para reestructuración debían inscribirse en la DO», comenta finalmente Nicasio Muñoz.