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Cepas centenarias para vinos unicos

Anders Vinding-Diers afirma que el vino absorbe toda la vida de la tierra, el clima y la viña centenaria que produce la uva. :: Andy Solé
Anders Vinding-Diers afirma que el vino absorbe toda la vida de la tierra, el clima y la viña centenaria que produce la uva. :: Andy Solé
  • El bodeguero danés Anders Vinding-Diers, que elabora un vino con cepas centenarias de uva garnacha de Montánchez, advierte de la necesidad de conservar ese patrimonio natural autóctono

Las primeras tierras que vio al nacer estaban llenas de viñedos, era Sudáfrica, pero el trabajo y la pasión de su padre, un prestigioso bodeguero danés, le llevaron a residir también en zonas vinícolas como Burdeos, donde estuvo veinte años. Tras la región francesa le esperarían otros territorios vinícolas como Italia, la Patagonia chilena y Argentina, hasta donde se iba mudando con una familia encabezada por un padre obsesionado por elaborar el mejor vino.

Su destino estaba ligado a España, no sólo porque su mujer es española, sino también por las zonas vinícolas por excelencia como la Ribera de Duero, donde su primo fue el creador del 'Pingus', uno de los más afamados tintos de España.

Desde la Toscana

Después de haber conocido de cerca los mejores viñedos del mundo y de haber elaborado sus propios caldos en países como Italia, Anders Vinding-Diers recaló en Extremadura donde reside junto a su esposa en Pago de San Clemente, cerca de Trujillo. Aquí es donde alcanzó su meta, tras recorrer y buscar incansablemente zonas donde elaborar su propio vino de calidad y personalidad. Se enamoró de esta tierra genuina y lo hizo atraído porque supo traducir su potencial.

Este danés, hijo, hermano y primo de enólogos y productores de prestigio internacional, elabora desde 2006 en Bodegas Mirabel un vino extremeño que se caracteriza por sintetizar como pocos lo que los franceses denominan 'terroir', además de contar con el reconocimiento de guías como la Peñin.

El sintentizar en el sabor del vino características de la tierra como el microclima, la características del suelo, las horas de sol, precipitaciones, viento o altitud es su obsesión, una combinación perfecta que ha logrado con viñas centenarias. «Este vino te habla en boca».

Ciento cincuenta años

El objetivo se cumplíó tras adquririr un viñedo de 150 años de vida en una zona de Montánchez, ubicadas a una altitud de 124 metros y orientada al norte. Ese viñedo, en una de las zonas más altas de Extremadura, permite obtener un vino con muchas peculiaridades y que en cada sorbo se plasme toda la esencia de la tierra extremeña.

La elección de Extremadura para asentarse tenían que ver con el clima, con unos suelos muy ricos en minerales «Extremadura tiene un enorme potencial, pero sobre todo fue la posibilidad de producir vino de viñas centenarias».

«Descubrí esas viñas paseando por el campo, rastreando. Así es cómo vi esas viñas de uva garnacha», características por su hoja, pero también por un tronco peludo, reflejo de los veranos que ha padecido la viña y de los acontecimientos de los que ha sido testigo.

Esa altura hace que la planta no tenga estrés, asegura Anders, que riega sólo una vez o dos al año la viña. Deja que crezca la hierba, «dejo trabajar al suelo, respeto la tierra y la viña siente todo eso».

El resultado, «la viña apenas tiene enfermedades», y cuando las tiene, sólo las trata con productos basados en minerales de la tierra, como el azufre, o las rocía con una tisana de plantas como las ortigas, que además le aportan energía a la planta.

También la variedad autóctona garnacha, de uva tinta, garantiza que la planta está más que acostumbrada al clima de la zona. Una variedad que este heredero de la estirpe Vinding-Diers alaba y añora, porque sabe que la reestructuración impulsada por Europa la ha discriminado hasta convertirla en una rara avis de la producción vinícola.

Con ese puñado de hectáreas, Anders elabora un vino de producción limitada, 'Pagos de Mirabel', cien por cien garnacha, que vende en su mayoría a países como Alemania, Dinamarca, Japón o Inglaterra, a más de 100 euros la botella.

Ahora confía en ampliarla después de haberse hecho con otro viñedo en la zona, éste de 200 años de antigüedad. «Son joyas», exclama eufórico este experto elaborador, que confiesa estar muy preocupado por la amenaza de que esos viñedos centenarios desaparezcan en toda España, con un Ministerio de Agricultura mirando para otro lado y unas comunidades más preocupadas en la rentabilidad de las producciones vinícolas a base de vender cantidad en vez de calidad.

«Ésto forma parte del patrimonio natural, es historia, son únicas», alerta el vinatero, que ha logrado producir levaduras naturales a raíz de esas propias viñas centenarias. «Es fundamental que se preserven».

Defensor de la vinicultura tradicional, a pesar de de las modas, cree que Extremadura tiene un gran potencial para hacer un buen vino, aunque éso pasa por una apuesta por hacer vinos con personalidad, diferentes y de gran calidad.

Vinos biodinámicos

Anders Vinding-Diers es también precursor en Extremadura de los vinos biodinámicos, al igual que lo es su hermano en la Patagonia chilena, donde elabora los que están considerados por los expertos los mejores vinos de América. Son vinos elaborados con métodos tradicionales, basados en lo que dicta la naturaleza, sin aditivos y aprovechando «el carácter selvático» que le aporta la madre tierra, destaca el danés. Asegura que el vino refleja todos esos elementos y los transmite al hombre con su sorbo.

Mientras enseña un libro con los pasos a seguir bajo la filosofía de de la biodinámica, explica que hay que podar cuando lo marca la luna, que también da señales de cuándo es aconsejable la vendimia.

Esa autenticidad la remata, además, con una fermentación en tinajas de barro, que redondea después en las barricas.

Se podrían llamar vinos ecológicos o biológicos, aunque esta terminología esconde un cajón de sastre. Se trata, más bien, de una filosofía que los grandes consumidores de vino han sabido captar y que cada vez se demandan más.